Concierto
La Bien Querida: "Se nos han ido de las manos; da igual la música o si llevas autotune, solo importa el espectáculo"
Presenta su disco homónimo, LBQ (2025) en València el próximo 29 de noviembre en la Sala Moon. Asegura que mantiene la misma esencia que cuando empezó, con su guitarra y su voz, con la que compuso temas como 'Los jardines de marzo', canción ya integrada en el imaginario colectivo de la música en español. En su nuevo trabajo, producido por ella misma, otras canciones son firmes candidatas en convertirse en nuevos himnos, con esa mezcla de realidad y ficción, de refugio emocional, que representa su música.

La Bien Querida presenta en València su nuevos disco en la Sala Moon. / L-EMV

Toca en València mañana, 29 de noviembre. ¿Cómo presenta este nuevo disco?
Los trabajos que sacamos las personas creativas son el reflejo de nuestro momento vital. Este disco es una muestra de cómo me siento ahora.
¿Qué ha cambiado respecto a los anteriores?
En la vida vamos cambiando, poquito a poco, cada año. Hay cosas que cambian para mejor y otras para peor, pero así es y se acepta lo mejor que se puede. Me siento bien, con ganas. Vamos con toda la banda, y presentar los discos así me hace mucha ilusión.
¿Se acaba acostumbrando una a mostrar su trabajo al público?
Sí, y es muy bonito. Después de ocho discos, emociona ver cómo los fans siguen contigo, cómo nos hemos hecho mayores juntos y juntas, es emocionante.
¿Nota también que llega público nuevo, más joven? ¿Es fácil conectar con la generación Z?
No sé si es fácil o difícil, pero no es mi objetivo. Eso ocurre o no ocurre. Creo que debe ser algo natural y orgánico. Sí que hay gente joven, niños y niñas que han llegado a mis canciones. La música es así.
En sus conciertos mezcla temas nuevos como 'Ni bien ni mal' o 'Noche de bodas' con canciones ya icónicas como 'Los jardines de marzo' o 'El momento abril'. ¿Qué siente al cantarlas después de tantos años?
No me canso de cantarlas. Cuando las interpreto, me transporto al momento en que las compuse. No me resulta tedioso, me gusta. Además, cada concierto es distinto. La comunión con el público hace que las canciones se sientan diferentes cada vez.

La Bien Querida. / L-EMV
¿Por la energía de cada ciudad, no?
Totalmente. Cambia mucho. El público es diferente y eso se nota también justo en esa energía, en función de cada territorio de España.
Este es su octavo disco. Si tuviera que explicar tu trayectoria desde el primero, ¿cómo describiría ese viaje musical?
Diría que ha sido una evolución natural, sin buscarla. Una cambia su forma de pensar, sus gustos, y de repente se da cuenta de que ha cambiado. En cada disco intento no aburrirme. El anterior tenía sonidos más latinos; en este vuelvo un poco al indie, por así decirlo. Pero no pienso tanto en el público, pienso en gustarme a mí. Si a ti no te gusta lo que haces, luego es difícil transmitirlo.
¿Se siente cómoda en todos esos géneros que ha explorado?
Sí, porque la esencia son las canciones que compongo con guitarra. Eso no ha cambiado, siempre está ahí. Mi forma de componer es bastante clásica: estrofa, estribillo, puente. Quizá me gustaría hacerlo de otra forma, pero me resulta complicado.
Empezó subiendo tus temas a MySpace. Con la proliferación de redes y plataformas, ¿cree que ahora es más fácil o más difícil hacerse un hueco?
No lo sé. Influye mucho el factor suerte y la estrategia creativa. Si tienes una multinacional detrás, es más fácil, porque hay un equipo pensando contigo para hacer actos creativos e impactantes. Pero hacerlo de forma independiente, pico y pala, es más complicado porque, como dices, hay mucha competencia y gente haciendo cosas chulas. Lo difícil es mantenerse, porque vivimos en una sociedad de usar y tirar, donde queremos consumir cosas nuevas todo el rato.
Su carrera también refleja cómo ha cambiado el mercado musical desde entonces hasta hoy.
Sí. Tengo público joven, pero mi público crece conmigo. Pensaba el otro día en el acto de Rosalía en Gran Vía y Callao porque si lo hicieran Ana Belén, Luz Casal o Mecano, que son todas grandes de nuestro país, no tendría esa acogida porque la gente no va detrás de ellas. Es un fenómeno ligado a la juventud; por supuesto que hay fans adultos, más mayores, pero en general es diferente.
Empezó en la música a partir de los 30 años. ¿Cómo lo ve ahora al mirar atrás?
Creo que fui valiente, sí. No es lo habitual, pero se puede hacer... Claro que se puede.
Su música es para muchos un refugio emocional. ¿Se inspira en su propia vida?
Sí. Siempre hay una parte de realidad y otra de fantasía, y hay algunas que tienen más de una y otras de ficción. Luego es verdad que todos queremos ser únicos y especiales, pero te das cuenta de que nos parecemos más de lo que creemos: compartimos los mismos deseos, complejos y emociones, nos late el corazón por lo mismo.
Su música tiene un tono muy intimista. ¿Cómo encaja eso con la tendencia actual de convertir los conciertos en espectáculos?
Es complicado. Ahora parece que hay que montar un espectáculo tipo Circo del Sol para que te tengan en cuenta o para poder subir el caché, ya no vale salir y tocar, y eso genera muchísima presión, sobre todo en las mujeres. Hay hombres que no hacen nada y no pasa nada, pero nosotras sentimos más presión. Es agotador.
Y con tanta oferta…
Exacto. Es de locos, creo que se nos ha ido un poco de las manos, la verdad, porque ya da igual la música, da igual si llevas autotune, si hay músicos... a la gente le da igual, van a un espectáculo. Los conciertos en el Movistar Arena no suenan bien, no es un lugar para escuchar música, pero la gente va como a un acto social; te haces la foto y ya está. Es raro, las cosas han cambiado y te gusten más o menos, es así.
En sus conciertos, sin embargo, mantiene un formato más clásico, más íntimo.
Sí, claro. Quizá soy de otra generación y tampoco ningún promotor me ha propuesto montar algo más grande. Si llegara el caso, igual me liaría, pero de momento intento defender mi música de la manera más digna posible.
¿Y cómo se siente en los festivales?
Me gustan, pero noto que hay muchos grupos que ya nacen con ese espíritu de hacer canciones pensadas para festivales: estribillos potentes, baterías medidas... Está todo muy calculado.
"La perfección no me gusta, no me eriza la piel. Me emociona lo orgánico, manual, especial, y siento que se ha perdido porque ahora todo el mundo es muy profesional y tocan genial"
Hoy el 'mainstream' ha absorbido a la música independiente. ¿Qué les queda a los grupos más underground?
Las salas y algún festival más pequeño, más orgánico. Cuando nació el indie, lo bonito era ser especial, no cantar perfecto. Me emocionaba realmente ir a un concierto y ver que era algo especial, no el 'mainstream' de los 40 Principales, con todo procesado, voces perfectas... la perfección no me gusta, no me eriza la piel. Me emociona con algo orgánico, manual, especial, y siento que se ha perdido porque ahora todo el mundo es muy profesional y tocan genial. Se ha perdido eso de ser especial, con sonidos especiales y diferentes.
Este año, además, ha surgido la polémica de los festivales con financiación israelí y la cancelación de artistas. ¿Qué opina de renunciar a actuar por principios?
Lo que no me parece bien que se nos eche la culpa a los músicos. Por ejemplo, cuando se cayeron grupos del FIB me llamaron para sustituirlos y dije que no, porque no me parecía ético; si me hubieran llamado desde el principio quizá habría aceptado: vivimos de esto, es nuestro trabajo. No se puede culpar a los artistas; hay gente muy poderosa que podría hacer más. Está bien el gesto, pero el problema es mucho más profundo. Si empezamos a rascar, todo está contaminado: los bancos, las marcas… el mundo lo mueven cinco personas.
También hay un punto de privilegio en poder rechazar una actuación.
Exacto. Mis músicos lo decían: ellos necesitan ese dinero para pagar el alquiler. Es un esfuerzo grande decir que no a un festival. No se nos puede culpar por eso.
En pro de esa independencia, ha producido usted misma este disco.
Sí, lo he producido y costeado yo, y es agotador, es muchísimo trabajo. No se puede competir con un artista que tiene detrás una compañía y un equipo creativo. Es difícil, lleva mucho esfuerzo, dinero y dedicación.
En su último sencillo colabora con María Rodés. Parece que vivimos una nueva era de mujeres músicas: Amaia, Judeline, Gracie Abrams… mujeres que componen, tocan y producen. ¿Es una nueva era?
Sí, muchísimo. Hay más mujeres cantando, tocando, produciendo, conduciendo furgonetas o trabajando en la industria. Es un cambio bestial desde que empecé en 2009, hay mucho talento. Lo que me cansa un poco es el tema de las colaboraciones; acepté hacerlo con María porque era ella, pero en este disco no tengo ninguna. Me cansan esas colaboraciones metidas con calzador, hechas de forma masiva y comercial para que Spotify te preste más atención. Se ha perdido la esencia, el artisteo de verdad, todo se ha vuelto muy capitalista. En general, pensamos demasiado en el dinero, y eso es una pena, pero es así.
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