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Cultura

Concierto de Luxe

Pablo Barragán, clarinete, Noa Wildschut, violín y Amadeu Wiesensee.

Pablo Barragán, clarinete, Noa Wildschut, violín y Amadeu Wiesensee. / Levante-EMV

José Doménech Part

José Doménech Part

València

Si sobre el papel se auguraba una sesión de alto nivel, la seguridad, templanza y equilibrio demostrado a lo largo del exigente programa, Pablo Barragán, (Marchena, 1987), Noa Wildschut (Hilversum, 2001) y Amadeus Wiesensee (Múnich, 1993), confirmaron los logros de sus dilatadas biografías. Romper el hielo del concierto con la exquisita maraña musical de los Contrastes (1938), del húngaro Bela Bartok, fue ya suficiente tarjeta de visita y una total declaración de principios. Dedicada nada menos que a Benny Goodman y a Joseph Szigeti y escrita en plena madurez, es una partitura que gira alrededor de ritmos y melodías de estructura libre y de marcado origen folklórico, donde el autor acomoda los tempi "irregularmente": desde el 4/4 inicial para desembocar en un intrincado juego de 3/2 y 4/4 donde los tres solistas compiten a pecho descubierto. Desde la dificultad máxima de Verbunkos al sosegado Pihenö cuya estructura demanda un cambio constante de medida 6/4, 3/2, 5/4, 3/4, creando una sensación de placentera angustia que necesita de unos interpretes serios y capacitados tanto en la técnica y como en lo musical. En el ultimo movimiento Sebes, Bartok impone un velocidad de vértigo, donde, además, obliga al clarinetista a cambiar de instrumento de La a Si b y viceversa, en razón de la atmósfera de su melodía.

Tanto el cristalino violín de Wildschut como el elegante clarinete de Barragán cobraron brillante protagonismo con Brahms. Ella con el Adagio, de la Sonata op. 78, consiguió el minuto de oro de toda la noche mientras que él, con la Sonata 0p 120, nº 2 recreó ese mundo post romántico donde el piano de Wiesensee enriqueció la textura con la serie de arpegios. Ambos verdaderamente sublimes.

Pero lo mejor estaba por llegar. Poco conocida entre nosotros, la obra del norteamericano Paul Schoenfield se escucha con inconfundibles influencias de la tradición judía pero trabajadas con talento y oficio. Utiliza formaciones poco usuales como un violín amplificado, sintetizador, batería, saxofón, piccolo, etc, con especial querencia por el clarinete, la flauta, el violín o el piano. Los cuatro movimientos de su Trío para violín, clarinete y piano son piezas de una riqueza sonora solo comparable a la dificultad de su escritura. Desde el Freylakh inicial hasta del Kozatske final, el autor imprime una mágica energía que de inmediato atrapa al público y lo hace cómplice de los músicos. No menos magnéticas fueron Nigún y March donde los tres intérpretes se volcaron sin reserva alguna. Aplaudidos y ovacionados, Wildschut y Barragán sorprendieron al pianista en su día de aniversario con unos compases del Cumpleaños Feliz. Para finalizar un vals de L'invitation au chateau, de Poulenc, compuesta para una obra de Jean Anouilh. Un lujo de concierto.

Sociedad Filarmónica de Valencia. Palau de la Música. Sala Rodrigo

Pablo Barragán, clarinete, Noa Wildschut, violín y Amadeu Wiesensee. Obras de Bela Bartolo, Johannes Brahms y Paul Schoenfield.

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