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Rovira, el hombre que no fue conseller de Cultura

Reemplazó a Barrera en el verano de 2024 y su relación directa con el sector ha sido prácticamente nulo

Rovira deja Educación y Cultura para ser el responsable de Economía

Rovira deja Educación y Cultura para ser el responsable de Economía / Levante-EMV

Voro Contreras

Voro Contreras

València

Implicación, compromiso, dedicación, entrega, motivación. Ninguna de estas palabras encaja fácilmente con la labor desarrollada por José Antonio Rovira al frente de la conselleria de Cultura de la Generalitat. Rovira fue la opción elegida por Carlos Mazón en el verano de 2024 para sustituir a Vicente Barrera, que abandonó el cargo por orden del líder nacional de Vox, Santiago Abascal. Desde entonces, numerosos gestores públicos y privados -muchos de ellos en las antípodas ideológicas del exvicepresident y extorero- han acabado echando de menos la actitud de Barrera en comparación con la mostrada por su sucesor.

Desde el principio quedó claro que el político popular no se sentía especialmente entusiasmado con la responsabilidad cultural que el entonces president le sumó a las ya extensas competencias que tenía en Educación, Trabajo y Universidades. Quizá la cartera le pesaba mucho. Dos meses después de su nombramiento, en su primera comparecencia en Les Corts para presentar sus líneas estratégicas para la cultura valenciana, subrayó que sus “ejes” serían la “conservación del patrimonio”, el impulso de la colaboración público-privada y la defensa de la difusa “cultura abierta”, un concepto lo bastante impreciso como para evitar exigencias o reproches.

Más que incumplimientos, lo que el sector cultural valenciano reprocha al ya exconseller es, directamente, no haber ejercido como tal, al menos públicamente. “Aunque quizá si hubiera estado más activo habría sido peor”, bromea un veterano gestor cultural. En València apenas se le ha visto pisar el IVAM, el Palau de les Arts, el Centre del Carme, el Museo de Bellas Artes o el Teatro Principal. Y tampoco frecuentaba los espacios culturales alicantinos cuando pasaba los fines de semana en esa provincia para estar con su familia.

Rovira tampoco ha estado presente en las reuniones que, con mayor o menor tensión, han mantenido asociaciones y profesionales del sector con la conselleria. Su distancia respecto a las preocupaciones del ámbito cultural quedó patente esta misma semana, cuando, en la comisión del Congreso sobre la dana, admitió no saber qué era la asociación de empresarios teatrales valencianos Avetid, una de las varias entidades culturales con las que la conselleria ha quemado puentes en los últimos tiempos.

Los daños que la dana provocó en auditorios, librerías, talleres y estudios privados tampoco lograron activar mínimamente su compromiso público con el sector. Incluso la luz de proyecto tan mediático como la futura exhibición de los Sorolla de la Hispanic Society en el Palacio de las Comunicaciones consiguió atraerle, ni siquiera para aparecer en las fotos.

¿Ha estado, entonces, paralizada la conselleria de Cultura? No exactamente. A nivel institucional -y previsiblemente también de gestión- la secretaria autonómica, Pilar Tébar ha ejercido una especie de conselleria en funciones, apoyándose en directores generales y cargos intermedios.

Inversiones polémicas

Durante la etapa de Rovira, la conselleria ha mantenido vetos y recortes a actividades y entidades consideradas “catalanistas”, empezando por la Acadèmia Valenciana de la Llengua, y también ha mantenido algunas inversiones polémicas como las ayudas a la Fundación Toro de Lidia ya impulsadas por Barrera. También ha continuado con los recortes presupuestarios aplicados al IVAM, el Consorci de Museus o el Institut Valencià de Cultura, aunque este año contaba con la “coartada” de las inversiones destinadas a paliar los efectos de la dana.

Lo que sí ha resuelto la conselleria bajo la titularidad de Rovira es la falta de dirección en el IVAM y el Consorci de Museus heredados de su antecesor, y ha completado el organigrama del IVC. Pero en este último caso, la desconexión entre la institución y los profesionales del sector parece ya muy difícil de recomponer.

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