Presenta 'La Frontera'
Miki Esparbé, actor: "No, aún no hay suficientes películas de la Guerra Civil ni la posguerra"
El actor presenta 'La Frontera', la última película de Judith Colell sobre un pasaje poco conocido de la historia: la convergencia entre la posguerra y la II Guerra Mundial y cómo un pueblo pirenaico salvó a miles de judíos franceses del genocidio nazi. Un gesto pequeño con una trascendencia enorme, como el largometraje, que aporta una pieza más al puzle de la memoria histórica a golpe de detalles y sutilezas, desde la emoción contenida y un realismo palpable hasta en el uso de las lenguas propias.

Miki Esparbé en los Cines Kinépolis de València donde presentó el jueves 'La Frontera', dirigida por Judith Colell. / Germán Caballero

En mitad de una vorágine de contenido cinematográfico grandilocuente, llega 'La Frontera' y cuenta algo grande desde lo pequeño. Un pasaje de la posguerra poco conocido. ¿Son necesarias las historias pequeñas entre tanto ruido?
Sí, las necesitamos muchísimo. Primero, porque hablan de episodios históricos que desconocíamos 80 años después. Se repite mucho eso de “hay demasiadas películas sobre la Guerra Civil y la posguerra”, pero yo creo que no hay suficientes. Hay una herida inmensa relacionada con la Guerra Civil, con gente que siente que no se ha hecho justicia con sus familiares. Y, segundo, porque es muy fuerte que no sepamos que entre 1943 y 1945 pasaron más de 80.000 personas por la frontera franco-catalana. Es una aberración que esto no se conozca. Creo que el secreto para llegar al público es ir de lo particular a lo universal. Si te quedas en lo superficial, intentando ser grandilocuente, es muy difícil llegar al corazón.
Inevitablemente, es una película que interpela a nuestro presente.
Sí, estamos acostumbrados a consumir injusticias: hace nada, Gaza estaba en nuestro móvil constantemente, y ahora casi no vemos imágenes del conflicto. Recuerdo esa sensación de tener el móvil hirviendo y sentir impotencia, parálisis. La película invita a accionar, cada uno desde donde pueda. Piensas, “joder, vaya mundo”. Pero el mensaje de la película es precioso: habla de empatía, solidaridad, esperanza. De pensar que el mundo es un poco mejor gracias a gente como la de ese pueblo.
Además, se aborda la confluencia entre la posguerra y la II Guerra Mundial, que parece que nos fue ajena. ¿Cómo fue explorar esa etapa?
Muy interesante. Normalmente, se habla de una posguerra ya avanzada. Esta es una posguerra inmediata. Judith [Colell] y yo hablábamos mucho de tener presente ese peso: gente que venía de perder a seres queridos, de ver sangre, dolor. Hablábamos de referentes como Fernán Gómez en El espíritu de la colmena: la mirada caída, el agotamiento. Y luego, lo que comentas: siempre hemos visto esa frontera desde España hacia Francia. Aquí es al revés: gente huyendo del horror nazi hacia España. Esos caminos siguen activos hoy, en Irún por ejemplo.
Se refleja el final de la Guerra Civil armada, pero esa guerra continúa en secuelas invisibles, dentro de las personas, en la parte emocional, con dolor y desconfianza.
Es que la clave son esas heridas emocionales. Y también que esta pareja, la de Manel y Mercè, son perdedores de la guerra. Más allá de los roles de género, aunque fueran de izquierdas, lo que pesa en la pareja es que uno actúa sin contárselo al otro. El gran giro emocional es ese “me sabe mal que no hayas contado conmigo”. Es muy fácil empatizar con eso. Es fascinante pensar en esas decisiones reales: miles de personas desertaron al final de la guerra para proteger a los suyos. Y de repente, nada más acabar, se ven obligados a reconsiderar esa postura. No hay otro contexto donde pase eso. Han decidido no arriesgar más, no poner en peligro a sus hijos, pero no pueden ir contra su naturaleza. Sus valores pesan más.
De hecho se visibiliza en una escena, cuando él invita a ella a que lleve las medicinas a los refugiados.
Totalmente. Lo teníamos muy presente. Es una escena pequeña, pero clave. Y conecta con los roles de género y con algo importantísimo: que la directora sea Judith. Hay un punto de vista femenino detrás de la cámara. Si esta película la dirige un hombre, muchas situaciones habrían pivotado sobre nosotros, sobre los hombres, por inercia.
"Hay algo distinto en la sensibilidad cuando una mujer dirige una película; hay puntos de vista como los cuidados, la carga emocional o la frustración que tienen luz propia"
Es un buen momento para la mirada femenina en el cine, con grandes directoras como Judith Colell. ¿Nota la diferencia como actor?
Hay algo distinto en la sensibilidad. Es muy interesante que esta película, que por cliché “tendría que dirigir un hombre”, la dirija una mujer. Es cine bélico, thriller histórico, posguerra… y, aun así, lo dirige Judith. Y con un presupuesto decente para una película en catalán. Eso permite que los puntos de vista de las mujeres, como los cuidados, la carga emocional o la frustración, tengan luz propia.

Miki Esparbé en los Cines Kinépolis de València donde presentó el jueves 'La Frontera', dirigida por Judith Colell. / Germán Caballero
Hablaba de la solidaridad entre pueblos. ¿Cree que habría sido posible sin la empatía de venir de vivir una guerra igual?
Buena gente hay en todas partes. Sí creo que aquí la solidaridad nace desde la austeridad, desde la humanidad más pura. No lo hacen para colgarse medallas. Lo hacen porque es lo que hay que hacer. Es importante hablar de humanidad porque vivimos un momento de deshumanización. Cada vez estamos más inmunizados ante el horror. La empatía aquí es clave. Creo que hay algo de redención: “Tenemos la oportunidad de hacer el bien otra vez”. Han perdido tanto que si no ayudan ahora, no se lo perdonarían nunca.
Otra de las claves es el uso del catalán, el castellano, el pallarés y el francés. ¿Cómo se ha sentido rodando en tu lengua materna?
Muy feliz. Este año he estrenado dos películas en catalán, 'Wolfgang' y esta. Es una maravilla, especialmente ahora, cuando la lengua sigue siendo un elemento perseguido. La película retrata un pueblo interior del Pallars, justo después de la guerra, con represión, censura y libertades coartadas, también lingüísticas. Y usar el catalán le da identidad, verdad, coherencia histórica.
Acaba de estrenar 'Anatomía de un instante', donde interpreta al rey Juan Carlos. ¿Es más fácil interpretar a un personaje histórico o a alguien que le puede dar forma usted mismo?
No te sabría decir qué es más fácil o más difícil. Las dos creaciones tienen sus dificultades. Con el Rey, de pronto vas a interpretar al personaje más parodiado de la historia de España. Entonces, puede ser un caramelo envenenado. Además, lo más difícil fue vencer mi prejuicio sobre su figura. Lo logré gracias a fijarme en pequeñas cosas, en lo concreto. Me empapé de todos los materiales que encontré, incluso inéditos, me fijé en la ambición, la estrategia, su poder. Y luego me mentalicé de hacer una aproximación. En el caso de Manel, la creación es distinta. El personaje se basa en un hombre de Alicante, Miguel Giner, pero no tiene nada que ver con él. Para mí es un orgullo enorme contribuir a sumar un episodio más en esta memoria histórica perseguida.
La serie se estrenó casi al tiempo que se publicaron sus memorias. ¿Las ha leído?
No, ni tengo interés de hacerlo, la verdad. [Ríe]
Sin embargo, no se deja de cuestionar en estas últimas semanas su papel en la Transición. En esa documentación que ha hecho, ¿ha encontrado nuevos puntos de vista?
Después de leerme el libro de Cercas y los guiones, me parece aberrante que en 2025 estemos todavía con documentos clasificados en torno a ese momento, ¿no? Cercas siempre dice que es un golpe de Estado sin documentos. Tenemos derecho a saber exactamente qué es lo que sucedió y de qué manera para que cada uno saquemos nuestras conclusiones.
Con 'La Frontera' y 'Anatomía de un instante' cuenta el inicio y el final de la dictadura, ha representado 40 años de represión. ¿Cree que España empieza a hacer terapia?
Ojalá. Estamos en un momento muy delicado y como mi generación, y las de antes, había planes de estudio que pasaban de puntillas por la Guerra Civil y la Transición. Hay un limbo extraño que la extrema derecha ha aprovechado muy bien. Se blanquea y romantiza un periodo delicado, muy oscuro, de censura, y está bien ponerlo encima de la mesa y de ahí el placer de contribuir a esto, con una película, con una serie o lo que sea. Es importante que los jóvenes tengan acceso y se nutran de estas historias. Ojalá se hablara más abiertamente de la Guerra Civil, pero creo que se tapa, y así no se puede reparar absolutamente nada.
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