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Rotondas y obras frustradas

La Comunitat Valenciana, el laboratorio del urbanismo maximalista, del despilfarro y del "Pormishuevismo"

El artista y creador de contenido Erik Harley analiza las obras públicas más bizarras y horteras de la geografía española, donde la Comunitat Valenciana tiene un papel destacado en una época donde mandaba el ego político, lo hortera y el gasto público

La Torre Miramar y la rotonda con la escultura 'Dama Ibérica' en València, ejemplos del libro 'Pormishuevismo'

La Torre Miramar y la rotonda con la escultura 'Dama Ibérica' en València, ejemplos del libro 'Pormishuevismo' / Levante-EMV

Amparo Soria

Amparo Soria

València

Para los crecidos entre los 80 y 90 que viajaban en la parte trasera de un coche familiar, sin más entretenimiento que mirar por la ventanilla sin un móvil que los distrajera, los estímulos contra el aburrimiento llegaban desde las carreteras y pueblos de una España en crecimiento y expansión, boyante económica y emocionalmente. Un país que se desperezaba y dejaba libre la imaginación gracias a una autonomía financiera que permitía a cada alcalde y alcaldesa decorar su pueblo y sus accesos como quisieran. En un país no educado en el buen gusto, el resultado fue -todavía es- una suerte de yincana entre esculturas de autopista, toros de Osborne, monumentos en rotondas y rotondas en sí mismas. Esos recuerdos siguen vivos en la memoria: las cabras blancas y negras de la A-7 en Puçol, poco después del arcoíris de metal que atravesaban los coches o el gran jamón que anunciaba la llegada a Calamocha. El artista y divulgador Erik Harley ha cerrado todavía más el foco en su nuevo libro, 'Pormishuevismo: Rotondas y marmotretos', editado por Anaya, donde se recopilan estos estímulos viarios, urbanísticos y las mayores aberraciones del ladrillo español.

"Es una cartografía emocional de un país que ha construido tanto y tan rápido que ha olvidado por qué lo hacía. Un país que ha confundido monumentalidad con autoestima, estética con gasto, visibilidad con sentido", dice Harley en el prólogo de este nuevo libro que presentó el miércoles en el Colegio de Arquitectos de València. Un viaje por glorietas imposibles, esculturas delirantes y obras públicas que dicen más sobre quiénes somos que muchos boletines oficiales a través de un mapa político y emocional.

Harley, experto en estudios urbanos y graduado en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona, se consagró como creador de contenido gracias a la serie 'Pormishuevismo' que subía a redes con gran éxito y viralidad. Aquel proyecto ha terminado por convertirse en el trabajo de Harley, gracias a una labor divulgativa, pedagógica y crítica con la corrupción económica, la especulación y el despilfarro de dinero público, visible y patente en buena parte de los ejemplos recopilados en este libro.

Erik Harley.

Erik Harley. / Anaya

Tanto es así que actualmente dirige Oficina Periferia, donde organiza rutas por todo el territorio español mostrando en directo estas grandes obras de "arte". De hecho, Harley parafrasea en su libro al filósofo Fernando Castro Flórez, "que acuñó con precisión quirúrgica el término 'rotondismo' para describir este fenómeno que mezcla arte público, identidad local y un punto de desvarío".

La Comunitat Valenciana, laboratorio excéntrico

Durante la presentación, el autor se centró en la Comunitat Valenciana, pero a lo largo de todo el libro se repasa exhaustivamente toda la geografía española. En el caso de València, lo situó como un laboratorio del exceso, el lugar donde se ensayó un modelo urbano basado en los monumentos a cualquier precio. El capítulo valenciano reúne cuatro ejemplos fundamentales, comenzando por la rotonda presidida por la Dama Ibérica de Manolo Valdés, instalada en la entrada de València. Para Harley reúne las tres características fundamentales de este libro: "Visible, monumental y polémica desde el primer día".

En la misma ciudad de València se encuentra otro buen ejemplo: La Torre Miramar. Con 24 millones de euros de presupuesto, se diseñó para ser un mirador futurista pero apenas estuvo un tiempo abierta y ahora lleva más de diez años cerrada. Se considera la rotonda más cara de España.

Añade también Terra Mítica como punta del iceberg de un hacer propio de los 2000. Se presentó como un polo de atracción del Mediterráneo, costó 400 millones, terminó envuelto en deudas, irregularidades y piezas judiciales, además de no haber cumplido nunca con las expectativas de público previstas.

Aeropuerto de Castellón.

Aeropuerto de Castellón. / GVA

Se suma otra oda al despilfarro y 'pormishuevismo': el Aeropuerto de Castelló. Presentado como motor económico, fue inaugurado sin haber firmado vuelos con ninguna compañía y en su entrada, una gran rotonda con una escultura de 20 metros, obra de Juan Ripollés. Titulada 'El hombre avión', se instaló en 2011 y representa a un hombre con un avión que sale de su cabeza, como una metáfora de la capacidad creativa del ser humano. La obra fue controvertida porque contaba con un presupuesto de 300.000 euros y tuvo un sobrecoste de 127.000 euros, además de por los rumores de que la escultura se parecía a Carlos Fabra, principal impulsor de esta infraestructura aérea.

Para Harley, la Comunitat Valenciana fue durante años un parque temático del urbanismo maximalista, concentrando esa manera de entender el territorio como un escaparate permanente. De hecho, aunque no se ha incluido en el libro porque supera la rotonda y la obra monumental, uno de los vídeos más aclamados de Erik Harley fue precisamente el que hizo en Marina d'Or, un recorrido entre una ciudad fantasma que un día quiso ser el epicentro del turismo del norte de la autonomía.

Entre la sátira y el cariño

Harley escribe con ironía, pero sin burla fácil. Documenta cada mamotreto, cada glorieta y cada macroproyecto de España desde una mezcla de humor, análisis crítico y memoria. Defiende que detrás de cada decisión política hay una historia, bien sea por el propio ego del dirigente público o por promesas de progreso o competiciones entre ciudades. Casi siempre marcadas por el deseo de dejar huella o representar una identidad local, por ridícula que parezca y hortera que resulte.

La rotonda-mortero de Macael, la rotonda-candado de Cádiz y el Tío Pepe de Jerez.

La rotonda-mortero de Macael, la rotonda-candado de Cádiz y el Tío Pepe de Jerez. / Pormishuevismo

De hecho, el autor incide en que Andalucía es la que se lleva la palma, no queda claro si por calidad pero desde luego, sí por cantidad. Hay ejemplos de maximalismo identitario a través de rotondas con morteros gigantes, barcos fenicios construidos por alumnos, manadas de toros publicitarios, iconos religiosos desplazados, o el caso paradigmático del hotel ilegal del Algarrobico en Almería.

Harley recorre el país documentando estos elementos de toda España y defiende que es una radiografía del carácter y la historia patria: qué prioridades tenemos, qué nos enorgullece o qué nos avergüenza. Estos monumentos y construcciones son espejos de lo que fuimos y somos, aunque fueran sueños farónicos.

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