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Creación digital

Vortex, un océano de píxeles para el arte del futuro

El laboratorio de creación digital en Bellver Blue Tech Zone se posiciona en la convergencia entre el arte y la ciencia, siguiendo los pasos del CERN o el MIT, donde las residencias artísticas trabajan sobre la investigación científica del centro. Entre Oropesa y Benicàssim, Vortex entra en el circuito internacional del arte digital como lugar privilegiado de experimentación y exhibición artística.

Amparo Soria

Amparo Soria

València

Cuando algo se sale de los márgenes de la convención, resulta complicado explicarlo. Intentar sintetizar qué es Vortex es complejo porque en esta sala, compuesta por 66 millones de píxels, convergen diferentes conceptos: es un lienzo en blanco para el arte digital, dentro del edificio Tempus, donde la cultura y la investigación se encuentran, siguiendo la estela internacional de romper la pared invisible que separa la ciencia del arte. Vortex, dentro de Tempus, son el corazón del ecosistema Bellver Blue Tech Zone, un proyecto de largo recorrido que integra investigación, cultura, tecnología, gastronomía y un nuevo modelo de vida junto al mar.

¿Qué es el arte digital? ¿Qué es una zona azul? ¿Con qué objetivo nace todo esto? Ninguna de estas preguntas se responde fácilmente porque no es un proyecto creado bajo conceptos comunes, sino que, por el contrario, se está abriendo un nuevo camino de hacer las cosas: despacio y con respeto. El pasado miércoles se expuso todo lo que Bellver Blue Tech Zone representa en una jornada de puertas abiertas para dar a conocer este proyecto que es como una matriuska, donde la última pieza es Vortex, en una obra diseñada por el estudio de arquitectura de Alejandro Montesinos.

Esta sala cilíndrica, hecha con pantallas y millones de píxels, es el único espacio en España creado por y para el desarrollo del arte digital, la última disciplina que crea y diseña desde la tecnología. Una de sus expresiones es el arte inmersivo, al que cada vez más museos convencionales se suman porque brinda una experiencia diferente al espectador, donde deja de concebir la obra de frente para hacerlo desde dentro. Vortex es el máximo exponente tanto para la confección de la obra como para su exhibición.

La pareja de artistas Desilence, compuesta por Tatiana Halbach y Søren Christensen, han sido los encargados de desarrollar y exponer aquí la primera obra. Es 'The Rhythm of the Ocean', una pieza con todo el sentido posible porque la sala se integra dentro del edficio Tempus, dedicado no solo al arte y la cultura, sino también a la investigación del océano y a la recuperación de especies -tortugas, principalmente- a través de la fundación Azul Marino. Así que, en esta mezcla entre ciencia y arte, Desilence presentó su obra diseñada sobre el propio lienzo en una suerte de residencia artística donde han podido trabajar en la propia sala, interviniendo, cambiando y adaptando el trabajo al espacio.

'The rhythm of the ocean' de Desilence, artistas digitales que han inaugurado la sala Vortex de Bellver Blue Tech Zone

Amparo Soria

La intersección del arte y la música

No es esa la forma habitual de trabajar ni de exponer el arte digital, tan comúnmente expuesto a través de proyecciones que rellenan las paredes, suelo y techo de las salas museísticas. Aquí, no hay esquinas, es un círculo donde uno pierde el sentido, como si no existiera la gravedad, sumergido en las aguas furiosas diseñadas por Desilence y con una privilegiada música compuesta por Suzanne Ciani, aclamada compositora de música electrónica y diseñadora de sonidos en California, donde ha desarrollado su obra desde hace más de 60 años.

La responsable de esta exposición ha sido la comisaria, Antònia Folguera, directora del Sònar+D, la vertiente artística del aclamado festival de música en Barcelona. Folguera cuenta con una amplia experiencia en conectar diferentes escenas artísticas internacionales. Fue contactada por un antiguo amigo y se desplazó a Bellver sin pensarlo, donde presentó un proyecto que el equipo aceptó inmediatamente. Una sucesión de exposiciones vertebradas por esa relación entre el arte y la ciencia, siguiendo el ejemplo del CERN en Suiza o el MIT de Massachusetts, epicentros de la investigación mundial que disponen de residencias artísticas para conectar ambos campos del conocimiento.

La primera de esas obras es la de Desilence y todo indica a que el programa se irá cumpliendo. Ahora bien; Vortex no es un museo ni se debe a un público. De hecho, el espacio no se puede visitar, sino que se reserva para momentos concretos, como sucede con el espacio de tortugas rescatadas del mar. Si se abre al público, la esencia podría pervertirse y el respeto por el entorno perderse, y aquí se busca el equilibrio por encima de la exposición.

El epicentro de la creación en España

Algo parecido sucede con el arte digital, donde Vortex se posiciona como epicentro en España por el desarrollo tecnológico que ha hecho para la disciplina. Quiere entrar en el circuito internacional de salas preparadas para desarrollar esta técnica, de la que ahora, según Folguera, "solo estamos en el inicio". "Con los artistas correctos, que saben trabajar en este entorno, te hace perder la perspectiva y esta experiencia es lo más cercano a la realidad virtual sin usar gafas", señala. Hallbach ahonda aún más: "Son muchísimas capas de muchas técnicas en diferentes momentos, se dibuja frame a frame, que pasan por la Inteligencia Artificial y que volvemos a transformar hasta casi perder su origen".

Precisamente, la artista Tatiana Halbach, explica que el elemento diferencial de este espacio es poder trabajar desde dentro. "Si trabajas en una pared plana es una cosa, pero trabajar desde dentro de la sala, en directo, viendo cómo se ve el color, sin tener que simularlo del estudio, es algo totalmente diferente", señala. Mientras, la directora de Marketing de Bellver Blue Tech Zone, Paula López, considera que este lugar "es el mejor sitio para desarrollar el mejor arte digital". Tempus es un edificio único en Europa para encuentros formativos, culturales y corporativos, y en ese contexto se crea la exhibición de arte inmersivo", explica.

La sexta 'zona azul' del planeta

El arte es una de las patas que sostienen Bellver Blue Tech Zone, un proyecto que aspira a convertirse en la sexta ‘zona azul’ del planeta, aquellas regiones donde la longevidad y la calidad de vida están estrechamente ligadas a un entorno saludable y a un ritmo vital diferente. Pero más allá de ese horizonte, Vortex se presenta como un espacio singular desde el que pensar el presente del arte digital y sus derivas futuras.

Lejos de la lógica del museo y del consumo cultural acelerado, la sala se concibe como un lugar de investigación, producción y experimentación, donde el artista trabaja desde dentro y el espectador, cuando accede, lo hace de manera excepcional. Una apuesta por el tiempo largo, por el respeto al entorno y por un tipo de experiencia que no busca acumular visitas, sino generar sentido.

En un momento en el que el arte digital comienza a ocupar espacios cada vez más visibles en instituciones de todo el mundo, Vortex se posiciona como un laboratorio pionero en España. Un punto de partida desde el que explorar nuevas formas de creación inmersiva y de diálogo entre arte, ciencia y tecnología, a orillas del Mediterráneo.

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