"María José Catalá", el pasodoble de la alcaldesa
Mozart, Haydn o Beethoven dedicaban a las “autoridades” obras que han quedado en la historia de la música. No correrá la misma suerte este pasodoble más oportunista que oportuno.

Concierto de la Banda Simfònica Municipal de València en el Palau de la Música. / L-EMV

BANDA SIMFÒNICA MUNICIPAL DE VALÈNCIA. Cristóbal Soler (director). Coral Juan Bautista Comes (directora: Cristina Contreras). Solistas: Lucía Abad (soprano), Aitana Cortés (violonchelo). Programa: Obras de Manuel Morales, Gulda, Vives, Giménez, Fernández Caballero, Chinesta, Betes y Card. Lugar: Palau de la Música (Sala Iturbi). Entrada: Alrededor de 1.700 espectadores personas. Fecha: domingo, 21 diciembre 2025
Mucha tinta se ha vertido sobre María José Catalá, el pasodoble que el compositor Manuel Morales (Chiva, 1977) ha querido dedicar a la actual alcaldesa de València. El tema no da para mucho, y menos aún desde el punto de vista musicológico. Las referencias al himno de la Comunitat dan un poquillo de bochorno. Pero el polémico pasodoble es obra agradable de oír, que suena bien y hasta bonito. Sin pretensiones y bien escrito. Apenas cinco minutos de música previsible. Es lo que es. En otro tiempos, Mozart, Haydn o Beethoven dedicaban a las “autoridades” sonatas, cuartetos o sinfonías que han quedado en la historia de la música. No correrá la misma suerte este pasodoble más oportunista que oportuno.
Maria José Catalá se escuchó en el comienzo del concierto ofrecido el domingo, en el Palau de la Música, por la Banda Sinfónica Municipal dirigida por su titular, Cristóbal Soler. En un programa en el que, como en botica, había un poco de todo: desde el pasodoble de marras al Concierto para violonchelo y vientos de Gulda (del que solo se tocaron dos movimientos), varias romanzas de zarzuela, el estreno absoluto de Nadalenques valencianes, de Eduardo Betes (1992) o la brillante y lúdica Circus, “fantasía circense para narrador, coro y orquesta de viento”, de Hugo Chinesta (Aldaia, 1977).
Fue precisamente esta obra la composición más extensa y amena del programa. Treinta minutos largos que describen una función circense de la mano del narrador y maestro de ceremonia Rafa Martí, y el concurso solista de la abultada -más de 150 disciplinados chavales- Coral Juan Bautista Comes, y de una implicada y rejuvenecida Banda Municipal. Todos se metieron en la piel de la partitura y su narrativa circense. Cristóbal Soler, maestro con solera bien baqueteado en mil y una lides, concertó con su acostumbrada solvencia, e hizo una fiesta de la interpretación y sus muchas onomatopeyas, desde el lanzador de cuchillos a trapecistas, payasos o funambulistas.
Antes, la joven violonchelista Aitana Cortés sorteó con cierta timidez dos de los cinco movimientos que integran el Concierto para violonchelo de Gulda (“Idilio” y “Minueto”; faltaron “Obertura”, “Cadenza” y el “Finale alla marcia”), mientras que la soprano ligera Lucía Abad deleitó al personal con tres bombones zarzueleros tan exitosos como la “Canción del ruiseñor” de Doña Francisquita, “Me llaman La Primorosa”, de Giménez y el “Vals de Angelita”, de Château Margaux, de Fernández Caballero. Una y otra se beneficiaron de los buenos oficios como acompañante del director musical y artístico de la Banda, quien no en balde durante años ha sido director musical del Teatro de la Zarzuela de Madrid.
La Sala Iturbi, que rozó el lleno, respiraba ambiente navideño, con público familiar y disfrutón. Niños y mayores se lo pasaron en grande con un programa bien planteado dentro de su naturaleza lúdica, y en el que merecen particular aplauso los jovencísimos y disciplinados coralistas, y la disposición de una banda empeñada en ambiciones que van más allá de cumplir con pasodobles y pasacalles. Este programa, con estreno absoluto incluido, es la mejor muestra de este novedoso y plural empeño, en el que hasta el pasodoble María José Catalá tiene cabida. “De todo tiene que haber en la viña del Señor” (dicen). ¡Feliz y musical Nochebuena! ¡Ah! La alcaldesa, que no es tonta y toca el oboe, tuvo el tacto y buen criterio de no asistir.
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