Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Los rockeros valencianos son puro teatro en Russafa

Gilberto Aubán se une a la lista de músicos que han actuado en las producciones navideñas de la Sala Russafa. En «La gran cena», interpreta a un pianista sacado de un campo de concentración para amenizar con canciones de Cole Porter o Camela una velada entre tres líderes fascistas

Elenco de "La gran cena".

Elenco de "La gran cena". / JUAN TEROL

Voro Contreras

Voro Contreras

València

Cada diciembre, la Sala Russafa se transforma en un escenario donde la tradición teatral se mezcla con la innovación escénica y, sobre todo, con la música en directo. Desde hace 14 años, la compañía Arden ha convertido sus comedias navideñas en un fenómeno esperado por el público, donde el humor ácido, la sátira política y la crítica social se dan la mano con la interpretación musical en vivo, hasta convertirse en una de las señas de identidad más reconocibles del teatro de Russafa.

Este año, con el estreno de “La gran cena”, esa combinación vuelve a ocupar un lugar central gracias a la participación del pianista y cantante Gilberto Aubán -Gilberstatico- que además de tocar en escena asume un papel dentro de la ficción. Aubán se suma así a una larga nómina de músicos valencianos que en estos años han aportado su talento instrumental -y en muchos casos también su vis cómica- a las producciones navideñas de Sala Russafa.

Por este escenario han pasado ya nombres como David Campillos (Los Canadienses, Tent, Trinidad, Uncle Son, The Grannies Band), Rebeca Ibáñez (Uncle Son, Caballero Reynaldo), Juanma Pastor (Johnny B. Zero), José Montoro (Inhibidos Quizá, Tent, Carolina Otero & The Someone Else’s, The Grannies Band), José García del Real (Scooters, París no importa, Cangrejos, Tent, The Grannies Band) o Rubén Marqués (Llobarros, Don Rogelio, Tumba Swing), consolidando un puente estable entre la escena musical valenciana y el teatro.

Pop para tres fascistas

“La gran cena” sitúa al espectador en la Nochevieja de 1943, durante un banquete que reúne a tres líderes fascistas -el Comandantísimo Fango, el Canciller de Teutonia, Gandolfo Hider, y el Mariscal de Etruria, Bruno Montalvini- acompañados de sus parejas y de un mayordomo atenazado por el miedo. La velada, marcada por el humor negro y la sátira política, está atravesada por la música en directo, que se entrelaza con las acciones de los personajes y acentúa los dobles sentidos de una comedia donde el absurdo crece a medida que avanza la noche.

Para Chema Cardeña, autor y director del montaje, la música no es un mero acompañamiento. “La música en las comedias de Sala Russafa en Navidad es fundamental; es lo que distingue estos espectáculos del resto de los que hace la compañía”, afirma. En su opinión, además de suavizar mensajes ásperos o excesivamente realistas, la música actúa como un vehículo emocional que permite que la crítica llegue de forma más delicada, divertida o emotiva. “Es prácticamente un personaje más de la obra: por un lado está el guion y el diálogo de los actores y, por otro, el de la música, que luego confluyen y crean el espectáculo”.

En “La gran cena”, esa idea se materializa en un recorrido musical tan amplio como deliberado. A lo largo de la función, los personajes interpretan canciones propias de los años 40 junto a éxitos mucho más contemporáneos, desde “Cheek to Cheek” o “El Relicario” hasta referencias que van de Shania Twain a Camela. Los números musicales se integran en la acción, reforzando la comicidad de una velada donde el contraste cultural, la competición patriótica y la parodia se intensifican al mismo ritmo que la ebriedad de los comensales, interpretados por Darío Torrent, Raquel Ortells, Jaime Vicedo, Rosa López, Vicent Pastor, Iolanda Muñoz y el propio Cardeña.

Del campo de concentración a la cena

Gilberto Aubán encarna a un músico obligado a amenizar la cena, un personaje tan presente como aparentemente secundario. “En esta obra soy el músico que han llevado para la cena, lo han sacado de un campo de concentración a la fuerza y lo tienen ahí para satisfacer las voluntades musicales de los invitados”, explica. Aunque su personaje no altera el curso de la trama, su presencia constante convierte la música en un comentario permanente de lo que ocurre en escena.

Parte de la selección musical, señala Aubán, estaba ya imaginada en el propio texto por Cardeña, mientras que otra parte surgió durante los ensayos. “Luego hay un montón de música incidental, como si fuera una peli: música que marca acciones y que fuimos improvisando. Unas cosas quedaban, otras no, y al final ese es el pupurrí que se oye en la obra”. El resultado es un collage sonoro que va desde “Anything Goes” de Cole Porter hasta “Life on Mars” de David Bowie, pasando por Rafael Carrá o Camela.

Para integrar estilos tan diversos sin romper el ritmo, las canciones se presentan de forma condensada. “Muchas tienen solo la intro, la estrofa o el estribillo. Sale lo esencial, pero no se pausa la obra”, explica Aubán. Esa síntesis refuerza la fluidez del montaje y mantiene la tensión dramática.

El valor del directo

El músico subraya también el valor del directo como elemento orgánico. “No es lo mismo poner una música y cantar sobre ella que tener a una persona que te puede esperar, dar más matices o acompañar la energía del momento”. Además, los números musicales funcionan como momentos de ruptura y fantasía: “Cuando de repente todos se ponen a cantar y a bailar, se activa un interruptor. Se relaja la energía y luego la vuelta a la obra tiene mucho más contraste”.

La nueva producción de Arden podrá verse hasta el 25 de enero, con funciones especiales en Navidad, Reyes y Nochevieja, confirmando una vez más que, en la Sala Russafa, la música en directo no es un adorno, sino una parte esencial del relato.

La Gran Cena

La Gran Cena / JUAN TEROL

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents