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Concierto en el Palau

Javier Eguillor, percusionista: "El timbal es el segundo director de orquesta; lleva el ritmo y el tempo, pero es un acompañamiento. Ahora va a ser el protagonista"

Es considerado el mejor timbalista del mundo por su extensa carrera en este instrumento, en el que se especializó después de estudiar percusión. Javier Eguillor (Xixona, 1975), protagoniza el concierto 'Storm of strikes' el 16 de enero en el Palau de la Música, dirigido por Óscar Navarro en lo que supone una revolución: una obra donde el timbal es el centro y no el apoyo. Un encargo del propio Palau de la Música llevó a ambos músicos a ponerse manos a la obra en la composición de esta pieza única y excepcional que parte desde la música barroca y explora la arabesca, el pop y el mambo.

Javier Eguillor en el Palau de la Música.

Javier Eguillor en el Palau de la Música. / Eva Ripoll

Amparo Soria

Amparo Soria

València

'Storm of Strikes' es el concierto que ofrecerá el 16 de enero en el Palau de la Música de València. ¿Cómo surgió?

Fue un encargo del Palau de la Música a mí y yo contacté con el compositor Óscar Navarro, conocido a nivel nacional e internacional. Además, se da una circunstancia muy especial: es el primer concierto para timbales y orquesta que escribe. Él tiene muchos conciertos, pero nunca había hecho ninguno para timbales, así que este es su primer estreno en ese formato. Tiene un lenguaje muy claro, popular y efectivo, muy ligado también al mundo del cine. En este caso ha hecho un concierto espectacular, con una mezcla de ritmos y estilos que van desde la música medieval hasta el pop, pasando por la música arabesca y que culmina en un mambo impresionante. Es un concierto muy atractivo y muy directo para el público.

Este concierto convierte al timbal en el protagonista absoluto. ¿En qué momento sintió que este instrumento, tradicionalmente secundario, podía sostener un relato completo por sí mismo?

Esta aventura como solista la empiezo en 2012. Ese año interpreto por primera vez en España el Concierto para dos timbales de Philip Glass, que tuvo un éxito increíble. Lo llevo a tocar incluso con la Orquesta Filarmónica de Montecarlo y lo he interpretado unas ocho veces con orquestas de casi toda España. A partir de ahí empiezo claramente una trayectoria solista. Después vino Michael Daugherty, Rosauro y ahora este estreno con Óscar Navarro. Desde 2012 hasta hoy llevamos un bagaje muy grande, haciendo muchas cosas y explorando el timbal como instrumento solista.

Desde entonces ha demostrado que los timbales pueden funcionar en primera línea.

Exactamente. Esa era mi finalidad desde el principio: hacer ver a la gente que los timbales también pueden estar delante, como un piano o un violín, dentro de un contexto sinfónico.El público nunca espera que los timbales puedan hacer melodías o asumir determinados roles expresivos que no se escuchan en una sinfonía convencional. Cuando se produce ese cambio de concepto, la gente se queda muy sorprendida y la reacción suele ser muy positiva.

Sin embargo, usted lo tuvo claro desde el principio que quería ser percusionista y logró plaza en la Orquesta de València.

Sí. Entré en la Orquesta de València hace más de veinte años. Soy percusionista, pero me especialicé en timbales, y además soy batería. Estudié batería en Madrid con Carlos Carli, que fue batería de Paco de Lucía. Así que también tengo una formación muy ligada al mundo de la batería y a otros lenguajes rítmicos.

¿Fue una elección consciente o una vocación?

En mi familia no hay ningún músico. Yo soy de Xixona, un pueblo de Alicante y mi inspiración nace de las fiestas de moros y cristianos, donde el timbal es protagonista absoluto. Van en un carro y desde que tenía ocho años me fascinaban. Ahí nació todo; me apunté a la escuela de música queriendo tocar ese timbal y tuve la enorme suerte de encontrarme con Joan Iborra, catedrático del Conservatorio de Madrid y profesor universitario, que se trasladó al Conservatorio de Alicante. Fue una figura decisiva en mi vida, una auténtica magia.

"Se trata de hacer ver a la gente que los timbales también pueden estar delante, como un piano o un violín, dentro de un contexto sinfónico"

¿Por qué cree que existen prejuicios en torno a los timbales dentro de la música clásica?

Si analizas el papel del timbal dentro de la orquesta, es un instrumento fundamental. De hecho, se dice que es el segundo director de la orquesta, porque lleva el ritmo, los tempos y tiene una relación muy estrecha con el concertino. Su función es muy importante. Pero, aun así, la mayor parte del tiempo sigue siendo un instrumento de acompañamiento. La mayoría de las veces no lidera melodías ni discursos musicales. No ocupa el lugar protagonista que sí va a ocupar en este concierto. Tradicionalmente ha estado más detrás que delante.

Es, por tanto, una cuestión cultural y de tradición.

Sí, totalmente. No hay muchos conciertos para timbales y orquesta. Mientras que para piano o violín hay cientos o miles de conciertos, para timbales podemos hablar de veinte o veinticinco como mucho. No existe una tradición sólida, y por eso cuesta tanto romper con esa imagen del timbal como instrumento secundario.

¿Por qué se decide plantear el concierto como un viaje a través de los estilos, las épocas y las emociones?

Sí, es algo que hemos diseñado juntos Óscar Navarro y yo. Al haber hecho yo muchos conciertos para timbales y él no haber escrito nunca uno, se apoyó mucho en mí para todo lo que tenía que ver con la parte técnica y específica del instrumento. De ahí surge una colaboración muy bonita. El concierto comienza con música medieval, con tres timbales barrocos de época, con parche de piel, colocados en una parte y en la otra parte tengo cinco timbales filarmónicos para toda la sección moderna. Ahí es donde aparecen el pop, la música arabesca y el mambo. Es un espectáculo muy visual y muy potente, un gran despliegue escénico y sonoro.

"Llevo 25 años en la Orquesta de València, pero la música siempre plantea nuevos retos; es la magia y, cuando desaparece, deja de tener sentido"

¿Qué le interesa reivindicar del lenguaje barroco y de la música antigua al inicio de la obra?

Para mí es la base, es de donde nace casi todo. Es como plantear un viaje: mostrar de dónde venimos y hacia dónde vamos. Eso se refleja muy bien a lo largo de los casi veinte minutos que dura la obra, empezando por los orígenes. Por eso tiene sentido abrir el concierto con los timbales barrocos.

Hay momentos en los que el diálogo entre timbales y orquesta se vuelve muy intenso, casi como un enfrentamiento. ¿Cómo concibe esa relación?

Dentro del concierto hay diálogos muy claros. Por ejemplo, con la madera: fagotes, clarinetes… Ellos exponen una melodía y yo hago la misma melodía en los timbales, incluso utilizando los pies, lo que genera un efecto muy bonito. También ocurre en la parte latina del mambo, donde el timbal imita a las timbaletas latinas, pero siempre desde un planteamiento melódico, no solo rítmico. Siempre hay melodía, además de ritmo. El resultado es muy espectacular.

Eguillor y Navarro junto a la partitura de 'Storm of strikes' que interpretarán el 16 de enero en el Palau de la Música.

Eguillor y Navarro junto a la partitura de 'Storm of strikes' que interpretarán el 16 de enero en el Palau de la Música. / L-EMV

El concierto se cierra con un mambo muy festivo. ¿Por qué decidieron terminar así?

Porque conozco muy bien a Óscar Navarro como compositor. Él tiene una obra para batería titulada 'Paconchita', dedicada a su padre y a su madre, que es un mambo extraordinario. Esa obra a mí me ha dado muchísimo éxito. A raíz de tocarla tantas veces por España, le propuse cerrar el concierto con un mambo, porque él tiene una gracia especial para escribir ese tipo de lenguaje. Creo sinceramente que va a gustar mucho al público.

¿Qué retos personales y técnicos le ha planteado una obra tan exigente como 'Storm of Strikes'?

He trabajado muchos conciertos muy difíciles, como los de Philip Glass o Michael Daugherty, pero este es especialmente complejo. Antes incluso de ponerme a estudiarlo tuve que analizarlo en profundidad. Hay muchísimos cambios de afinación y los timbales filarmónicos funcionan con pedales, y aquí los pedales están constantemente en movimiento. Tienes que saber en cada momento a qué timbal vas, si al uno, al dos, al tres, al cuatro o al cinco. Me pasé casi un mes solo analizando la obra antes de empezar a tocarla. Después vino el trabajo metódico con metrónomo y con los audios que me enviaba Óscar Navarro.

Parece mentira que después de 25 años en la Orquesta de València, sigan existiendo obras que sean un reto.

Totalmente. Yo llevo 25 años como funcionario, pero la música siempre te plantea retos nuevos y siempre te enseña algo. La magia está ahí, en seguir aprendiendo y manteniendo la ilusión. En el momento en que eso desaparece, la música deja de tener sentido.

Además de intérprete, su carrera está muy ligada a la enseñanza. ¿Percibe interés por la percusión hoy en día?

Sí, y además es muy importante reflejar el momento que está viviendo el Palau de la Música de València. Gracias a la gestión actual, tanto administrativa como artística, con Alexander Liebreich como director titular, Vicente Llimerà, estamos viviendo una etapa maravillosa. La apuesta del Ayuntamiento de València está siendo muy fuerte. El Palau vuelve a estar lleno, hay un público fiel, ilusión, proyectos internacionales y un ambiente muy especial. Todo eso se traslada a los músicos y a los estudiantes y permite que surjan encargos y proyectos tan bonitos como este. Una cosa lleva a la otra.

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