Adiós a Enric Mestre, el escultor que convirtió la cerámica en arte contemporáneo
El arte valenciano lamenta la pérdida de Enric Mestre, figura clave en la escultura cerámica contemporánea, quien desarrolló una trayectoria ligada a la huerta valenciana y a los grandes debates artísticos

El escultor Enric Mestre se asoma tras una de sus obras cerámicas. / DANIEL GARCIA SALA

El escultor y ceramista Enric Mestre Estellés falleció ayer 1 de enero en Alboraia, su localidad natal, a los 89 años. Académico de San Carlos, docente durante más de tres décadas y figura de prestigio internacional, Mestre está considerado uno de los grandes renovadores de la escultura cerámica contemporánea, una disciplina que dignificó como lenguaje artístico pleno y a la que dotó de autonomía artística, rigor conceptual y proyección internacional. La familia recibirá hoy las condolencias en el tanatorio de Alboraia.
La muerte de Enric Mestre supone la pérdida de una figura clave del arte valenciano contemporáneo, un creador austero y profundamente humano que defendió con coherencia y tenacidad una manera de entender la escultura como espacio de silencio, reflexión y resistencia frente al ruido. Una de sus últimas creaciones fue un monolito inaugurado el pasado noviembre en Manises para conmemorar el primer aniversario de la dana y rendir homenaje a las personas afectadas.
Arte contemporáneo desde la huerta
Nacido en 1936, Enric Mestre desarrolló una trayectoria singular, coherente y profundamente ligada tanto al paisaje de la huerta valenciana en la que tenía situado su estudio, como a los grandes debates del arte contemporáneo. Se formó en la Facultad de Bellas Artes de San Carlos entre 1953 y 1958, donde estudió pintura, y obtuvo en 1958 el título de profesor de dibujo. Tras una breve etapa en el ámbito de la publicidad, abandonó esta actividad a mediados de los años sesenta para dedicarse plenamente a la cerámica y a la docencia. En 1972 se graduó en la especialidad de Cerámica en la Escuela de Artes Aplicadas de València y culminó su formación académica con la licenciatura en Bellas Artes en 1982.
Alumno del ceramista Alfonso Blat, de quien aprendió el virtuosismo del esmalte y el rigor técnico, Mestre inició una intensa labor de investigación material que marcaría toda su obra. Comenzó a exponer de forma individual en 1964 y, desde entonces, su trabajo fue mostrando una evolución clara: desde unas primeras piezas de carácter más formal y objetual, basadas en lo que él mismo definía como “objetos-contenedores”, hasta una depuración geométrica y esencialista que, a partir de los años ochenta, se convirtió en su seña de identidad.

CULTURA / Entrevista al ceramista Enric Mestre en su estudio. Enric Mestre / Miguel Ángel Montesinos
El "menos es más"
Su escultura cerámica, de apariencia sobria y silenciosa, se articula en torno a la geometría, la relación entre masa y vacío, la luz, el espacio y el equilibrio. Lejos del barroquismo, Mestre defendió siempre una estética del “menos es más”, entendida no como frialdad industrial, sino como una búsqueda espiritual de la forma justa. “Voy eliminando hasta quedarme con la esencia”, explicaba en una entrevista a Levante-EMV en 2018, en la que se definía como “un artista ermitaño”, más interesado en el trabajo de taller que en las relaciones públicas o los circuitos de poder.
Esa actitud explica en parte que su obra haya tenido históricamente mayor proyección en el extranjero que en los circuitos artísticos valencianos. Alemania, Suiza, Francia, Japón o Corea del Sur fueron algunos de los países donde su trabajo encontró un público especialmente receptivo. Aun así, su reconocimiento institucional fue creciendo con el tiempo. En 2009 recibió el Premio de las Artes Plásticas de la Generalitat Valenciana, “un reconocimiento a su trayectoria creativa”, y en 2023 fue distinguido con la medalla de Sant Carles. Entre otros galardones destacan también el Premio Alfons Roig de la Diputación de València, la Medalla de Oro del Estado de Baviera y el Primer Premio del Certamen de Cerámica de Manises.
Maestro de artistas
Enric Mestre fue, además, un maestro decisivo para varias generaciones de artistas. Durante 32 años ejerció la docencia en la Escuela de Artes y Oficios de València, donde contribuyó a normalizar la escultura cerámica como una práctica artística contemporánea, superando prejuicios que la relegaban al ámbito artesanal. Muchos de sus alumnos desarrollaron posteriormente trayectorias propias en distintos campos de las artes plásticas.
Aunque la cerámica fue el eje central de su producción, Mestre nunca abandonó la pintura y el dibujo, disciplinas que consideraba extensiones naturales de su pensamiento plástico. En exposiciones como "Formas del silencio" o "Arquitecturas para la mirada" pudo apreciarse el diálogo profundo entre sus esculturas, pinturas y cuadernos de trabajo, donde la geometría se convierte en un método de pensamiento y en una forma de habitar el mundo.
La huerta de Alboraia, visible desde su casa-taller, fue una fuente constante de inspiración. No como motivo figurativo, sino como estructura rítmica y mental: los surcos, los caballones, la repetición ordenada del paisaje. Ese vínculo se materializa también en las numerosas obras públicas que el municipio alberga -en el Ayuntamiento, la Casa de la Cultura, la plaza Tomás y Valiente o la rotonda de acceso a Port Saplaya y la Patacona- y que el propio alcalde, Miguel Chavarría, destacó recientemente como muestra del orgullo de Alboraia por uno de sus artistas más universales.

La escultura de Mestre que Fomento destruyó
En una entrevista concedida en 2018 a Levante-EMV, Enric Mestre lamentaba que la escultura cerámica siguiese siendo considerada como un arte menor. Y un buen ejemplo de este desprecio lo vivió el propio escultor dos años después cuando unas máquinas que estaban trabajando en la construcción de un túnel subterráneo para acceder al aeropuerto de Manises arrasaron una escultura cerámica del artista de Alboraia. Además, fue el propio Mestre el que alertó de la desaparición de su obra un día que acudió a Manises a comprar material cerámico para su taller. «Al pasar por allí observé que la escultura no estaba y temí lo peor», confesaba a este diario.
La escultura desaparecida era una pieza de cerámica, de forma geométrica de ocho metros de altura por seis de ancho, inspirada en un ala delta. Estaba compuesta por una base de cemento armado y toda su estructura estaba recubierta de cerámica de Manises, en colores azules en degradación, elaborada por el propio Mestre. La obra se la encargó el entonces Ministerio de Obras Públicas en 1984. «Me comentaron que pensaban instalar allí una obra, les hice la maqueta, les gustó y la realicé», recordaba el autor.
El artista de Alboraia no ocultaba que la pérdida de una de sus obras es «como si te matan a un hijo», y calificó la escultura desparecida «como una de las más importantes de mi carrera, la más importante en aquel momento y la más grande», señalaba.
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