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Fuera de compás

Groenlandia

Me duele porque ese terreno no es sólo la patria de los inuit, es también parte de la patria sentimental de los amantes del pop

Los Zombies

Los Zombies / L-EMV

Fernando Soriano

Fernando Soriano

València

A ver, que con esto de las fiestas, los turrones y el cachondeo me parece que no se han enterado. Donald Trump puede hacer lo que le dé la gana. Lo que le rote. Qué miedo. Tanto es así que yo no las tenía todas conmigo de que todos ustedes siguieran leyéndome en este mi primer lunes hábil del año en el diario. Pensaba que alguno podía haber sido víctima de una extracción de los Delta Force en medio de la noche y que se iban a perder la columna. Piénsenselo, simular uno de esos secuestros puede ser el nuevo “papá se marchó a por tabaco”. Se hacen una foto con un chándal de felpa, un antifaz siestero, botellita de agua, dan fe de vida y si te he visto no me acuerdo.

El comandante en jefe ha dinamitado cualquier resto de disimulo en las relaciones internacionales devenidas de la posguerra mundial. Alucinante. Lo que quiera, Trump es el amo del polideportivo. Puede poner de Fallera Mayor a una prima suya de Wisconsin. Puede hacer desaparecer al presidente de tu comunidad de vecinos por no aceptar propaganda en los buzones. Puede hacer que el Corpus caiga en martes, ponerle chorizo a la paella, bajar al Valencia para siempre a segunda división y declarar ilegal la Supercopa que le ganó al Nottingham Forest. Con todo su morro naranja. Cualquier día se lleva el Miguelete piedra a piedra y lo planta en la Quinta Avenida. Y si no te mola, a Guantánamo.

Recuerden que pretendía levantar un resort en Gaza sobre los escombros de la devastación y los cadáveres del genocidio. Pues este gachó es capaz de edificar un complejo vacacional en la Devesa del Saler, por protegida que esté, poniendo en marcha el hipódromo aquel y montando regatas en el lago artificial. Y mucho hotel y mucho casino. Así que yo de ustedes iría comprando ya un buen montón de fichas. Mientras se decide a ponernos en el mapa, el colega ha señalado a Groenlandia como su próximo objetivo. Y por todos lo demás sí, pero por ese embudo no paso. Vamos, que trinco la bandolera de siete muelles y cachas nacaradas y me voy a Washington a invitarlo personalmente a pasar las Fallas en mi casa.

Ay, Groenlandia. Isla gigantesca rica en tierras raras y otros recursos naturales con una inmejorable posición geoestratégica que, de manera accidental y temporal, pertenece a Dinamarca. Básicamente hasta que a este hombre le dé por invadirla. Como hicieron antes con Irak y Panamá, pero en manga larga. Y a mí me duele porque ese terreno no es sólo la patria de los inuit, pueblo colonizado por unos daneses que no se portaron tan civilizadamente como se les puede suponer. Es que “Groenlandia” es también parte fundamental de la patria sentimental de los amantes de la música pop, que tenemos a la canción de los Zombies como una de las más hermosas de todos los tiempos.

Compuesta por un Bernardo Bonezzi de 13 años (el Mozart de la Movida), apareció como single en 1980, extraída del primer elepé de la banda, “Extraños Juegos”. Escúchenla y díganme que no les embruja desde el primer golpe de batería, con esa guitarra temblona derrochando clasicismo cincuentero. Y esa voz de ídolo juvenil venido del futuro hablando de secuencias de cálculo sobre la fugacidad del tiempo. De viajes espaciales y destinos exóticos, en este planeta al que le quedan dos telediarios o en otros como Marte y Saturno, al ritmo del repiqueteo de unas armonías iluminadas de neón. Explorando sin descanso, en busca del amor o del sentido de la propia existencia, a veces árida como los desiertos, a veces gélida como los glaciares. Una melodía inmortal, adornada con efectos de sonido futuristas, destilada por un crío que utilizaba la magia de David Bowie y Roxy Music para escapar del aburrimiento de una sociedad que, ya en aquella época, tenía demasiados Trumps.

Y bueno, pedir por pedir, me gustaría que no nos bombardearan, secuestraran o invadieran, y que Groenlandia, la de tierra y la de música (por si acaso), quedara al margen de la locura narcisista y megalomaníaca de este fulano. Pero ya se sabe que el sentido común y los buenos deseos suelen ser las primeras víctimas del odio y la barbarie.

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