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Crítica

¡Grande la JONDE!

La JONDE es un 'Ferrari' de respuesta fulminante y poderosa, pero también de excelencia instrumental y artística, que brilló sobre todo en la obra de Planells, de la que brindaron una versión deslumbrante, henchida de contrastes y hasta de fantasía.

Joven Orquesta Nacional de España en el Palau de la Música.

Joven Orquesta Nacional de España en el Palau de la Música. / Live Music Valencia

Justo Romero

Justo Romero

València

PALAU DE LA MÚSICA

Obras de Liszt, Planells y Shostakóvich.

Joven Orquesta Nacional de España.

Director: Jonathan Nott. ­

Lu­gar: Palau de la Música (Sala Iturbi).

Entrada: Alrededor de 1.700 personas.

Fecha: Martes, 13 enero 2025.

Impresiona y fascina siempre escuchar a la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE), espejo palmario de la nueva y preciosa realidad que vive el sinfonismo español, de la que ella misma, desde su fundación en 1983, es vivero y motor dinamizador. Ahora, cuando aún anda candente el recuerdo de su estupenda actuación de julio de 2024, la orquesta ha regresado al Palau de la Música. Si entonces, recaló dirigida por Pablo González, en esta ocasión lo ha hecho bajo la batuta, más rutinaria y efectiva que inspirada, del inglés Jonathan Nott (1962), ya nominado como próximo director musical del Liceu de Barcelona. Ellos sabrán.

En los atriles, un programa largo y diverso, centrado en la siempre sobrecogedora y resultona Quinta sinfonía de Shostakóvich, que llegó precedida por el poema sinfónico Vals Mefisto, de Liszt, y la novedad de Metalepsis, obra enjundiosa y brillante, con la que el valenciano Josep Planells (1988) logró en 2025 el codiciado Premio Reina Sofía de Composición Musical. Pifias bisoñas - ¡esas trompas! - y despistes aparte, la JONDE sonó tan estupendamente como casi siempre, con una sonoridad plena y rotunda, no solo cargada de testosterona, sino sobre todo de pasión musical y talento.

La JONDE es un ferrari de respuesta fulminante y poderosa, pero también de excelencia instrumental y artística, que brilló sobre todo en la obra de Planells, de la que brindaron una versión deslumbrante, henchida de contrastes y hasta de fantasía. Nott, que viene y se desenvuelve como pez en el agua en el ámbito de la música contemporánea, cuajó lo mejor del concierto en esta página suntuosa y delicada a un tiempo, de atractivas sonoridades y tímbricas variadas, que deambula desde el estrepitoso comienzo -pariente de Un americano en París, de Gershwin-, a episodios de quieta y fina inspiración. El propio compositor recogió al final de la interpretación el aplauso del público y de los músicos de la orquesta.

Joven Orquesta Nacional de España en el Palau de la Música.

Joven Orquesta Nacional de España en el Palau de la Música. / L-EMV

Antes, la versión orquestal del pianístico Vals Mefisto de Liszt encontró una versión que fue más lectura que fantasía, a pesar de la entregada interpretación de los músicos. Nott, bien pegadito a la partitura y su solfa, no logró levantar el vuelo de la fantasía romántica que vierte Liszt en esta página incandescente y luminosa, incomodada hasta el infinito por un masacrador teléfono móvil cuyo diabólico dueño parecía ser el mismísimo demonio.

Algo parecido ocurrió en su atenta visión de la Quinta de Shostakóvich. Impecable y fiel a la partitura, pero sin el drama ni las euforias ni turbaciones que entrañan sus cuatro movimientos. Faltó carne en el asador y esa implicación anímica y magistral que convierte lo bueno en excepcional. Hubo todos los decibelios habidos y por haber. También corrección a borbotones. Pero igualmente una asepsia muy british que poco tiene que ver con el drama shostakovichiano. Faltaron Mravinski, Kondrashin, Svetlánov, Temirkánov o Jansons, por solo citar maestros rusos o soviéticos.

El éxito, inapelable y enorme. Como corresponde a una obra coronada con uno de los finales más espectaculares y arrolladores del repertorio sinfónico. Mérito de Shostakóvich y de la entrega a flor de piel de los instrumentistas -jóvenes, pero ya maestros- de la JONDE. Luego, vino la consecuente tanda de propinas. Tres. Cada una presentada por un músico distinto de la orquesta. Concertina, solista de violonchelo y timbalero. Tras un número del ballet Cenicienta de Prokófiev y una vibrante versión de la “Danza de la molinera” de El sombrero de tres picos, de Manuel de Falla, la apoteosis llegó con el pasodoble Amparito Roca, precisamente el mismo bis que cerró la actuación de 2024, en la orquestación de José Luis Turina. Jonathan Nott, acaso consciente de que lo del salero no es precisamente lo suyo, tuvo el acierto de dejar que la orquesta lo tocara con el podio vacío, sin director. Todo un acierto. ¡Grande la JONDE! Con o son director.

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