Género de dudas
Pablo Carbonell, actor: “'Del teatro hay que salir reflexionando… y a carcajadas”
El actor encabeza el reparto junto a Pastora Vega de 'Género de dudas', la obra dirigida por Gabriel Olivares adaptada de la consagrada producción francesa de Jade-Rose Parker. Hipocresía, respeto, contradicciones y, sobre todo, ironía a raudales definen este proyecto que llegará al Teatro Flumen de València el 23 y 24 de enero. Pablo Carbonell (Cádiz, 1962) reconoce que ha sido un regalo hacer este personaje que, además, le está llevando de gira por toda España. "Soy especialista en interpretar imbéciles, no me cuesta trabajo. Aquí tenía que ser un hombre tirano, histérico y con poder, sin caer mal", explica.

Pablo Carbonell y Pastora Vega en una escena de 'Género de dudas', que se presentará en València el 23 y 24 de enero en el Teatro Flumen. / GDD

¿Cómo presentaría 'Género de dudas' al público y cómo la está viviendo como actor?
Mi personaje es un político que sufre mucho porque es profundamente hipócrita. Es una persona cuando sale a la calle y se expone públicamente, cuando hace promoción o campaña y otra muy distinta cuando entra en su casa y se enfrenta a su vida familiar. La obra habla de la identidad, de quiénes somos y de cómo nos mostramos. Es una obra que te hace salir del teatro reflexionando y, como casi todas las obras que inducen a la reflexión -al menos, las buenas-, está llena de carcajadas. Eso ya lo sabían los griegos y los romanos y también Darío Fo. Está llena de risas y eso es fundamental.
Su personaje, Francisco, vive esa doble identidad entre el público y lo privado. ¿Cómo se sostiene ese equilibrio desde la interpretación?
Me ha costado bastante, porque nunca había hecho un hombre poderoso. Yo soy especialista en interpretar imbéciles; se me da muy bien y no me cuesta ningún trabajo. Pero aquí era distinto. Tenía que ser un hombre tirano, histérico, y sobre todo tenía que tener una actitud corporal completamente diferente a la mía. El primer día de ensayos, cuando el director me vio sentarme en un sofá, me dijo: “¿Qué has hecho?”. Y yo le pregunté: “¿Qué he hecho?”. “Te has tirado al sofá”, me dijo. Yo siempre me siento así. Y me respondió: “Te tienes que sentar como un hombre con poder”. Es decir, sentarte con el cuerpo recto, flexionar las rodillas, levantarte de una sola vez, no en dos tiempos. Solo con ese cambio de actitud he perdido catorce kilos. No hago ninguna acrobacia en escena, pero el simple hecho de sentarme, levantarme y moverme por el salón como una fiera encerrada me ha obligado a ponerme en forma.
La relación con el personaje de Julia, interpretado por Pastora Vega, parece clave en ese juego de poder.
Totalmente. En un principio todo era una lucha de poder entre su personaje y el mío. De hecho, un día hicimos un ensayo como si estuviéramos interpretando una tragedia griega. Gabriel Olivares, el director, es muy juguetón. Le encanta plantear enfoques distintos, probar cosas. Para mí ha sido como un cursillo de interpretación que no me esperaba. Y aprender así, con 63 años, es un regalo. Que algo te sorprenda y te suponga un reto es maravilloso.
"Creo que las personas modernas tenemos la conciencia bastante dormida. Nos miramos en el espejo de la mezquindad ajena y nos perdonamos con demasiada facilidad"
Francisco vive instalado en la hipocresía. Resulta casi paradójico que pueda mantener una vida aparentemente estable.
La realidad nos sorprende cada día con casos así. Creo que las personas modernas tenemos la conciencia bastante dormida. Nos miramos en el espejo de la mezquindad ajena y nos perdonamos con demasiada facilidad. Este hombre no es pacífico. Su vida puede parecer estable, pero él no se lleva bien consigo mismo. La obra rompe la cuarta pared y el político se dirige al público para defender sus posturas, hacer campaña. Ves claramente sus dos caras. Luego habla por teléfono y entiendes que está absolutamente histérico. Yo creo que está alcoholizado directamente; no para de beber. Él no lo vive bien en absoluto.

Pastora Vega, Ariana Bruguera y Pablo Carbonell en 'Género de dudas', que se presentará en València el 23 y 24 de enero en el Teatro Flumen. / GDD
Julia es un personaje fundamental, aunque la trama no nos permita desvelar demasiado.
Julia es la gran sufridora de este hombre. Y no puedo contar mucho más sin destripar la obra. Pero sí puedo decir que es un personaje que ha luchado muchísimo por su identidad de género, creo que ha salido publicado en algún sitio ya. Así que, sí, nació hombre y siendo muy joven hizo su transición. Yo la conozco muchos años después y durante todo ese tiempo no he sabido nada. Para mi personaje es un shock brutal; él es muy cercano al colectivo LGTBIQ+'', muy de subirse a la carroza del Orgullo, de fotografiarse con 'drags' cuando está en campaña. Pero cuando estas cuestiones entran en su casa, cuando afectan a su vida íntima, las vive de otra manera.
Y es otro gran asunto que aborda 'Género de dudas', que en su versión original, en francés, es en sí mismo un juego de palabras.
La obra defiende el respeto, no la tolerancia. No hay que tolerar nada: hay que respetar. Pero, por encima de todo, la obra habla de la hipocresía. Además, la autora [Jade-Rose Parker] es muy hábil y plantea incluso una segunda posibilidad: que Julia no haya nacido hombre. Es decir, abre el debate sin cerrar una única lectura.
Esa contradicción entre el discurso público y la vida privada es uno de los grandes conflictos de Francisco.
Claro. Es un personaje que dice auténticas barbaridades. El reto para mí era conseguir que, a pesar de eso, no resultara antipático. Tuve que hacer que sufriera mucho para que el público pudiera perdonarlo. Cuanto más cínico y brutal es el personaje, más se ríe la gente, lo cual fue un alivio enorme para mí. A mitad de los ensayos, gente que venía a vernos me decía: “Me han entrado unas ganas de salir y darte un bofetón”. Yo pensaba: “Dios mío, voy a caer fatal”. Pero al final el humor lo salva.

Abraham Arenas, Pastora Vega, Pablo Carbonell y Ariana Bruguera en 'Género de dudas'. / GDD
Gabriel Olivares compró los derechos de la obra en París para poder interpretarla en España. ¿Se mantiene fiel a la obra original de Parker?
La hemos acortado. La original dura más de dos horas y la nuestra se queda en una hora y media. Pero Jade-Ross Parker vino a verla y le encantó. Se lo pasó muy bien. Incluso me preguntó de dónde había sacado una cosa que hago en escena que le gustó especialmente. Yo tenía miedo de que nos dijera: “Volved al libreto”, pero no, quedó encantada. Además, es una persona maravillosa, joven, dinámica. Fue increíble.
La obra no deja de crecer y de girar. ¿Cómo está viviendo ese momento?
Como si me hubiera tocado la lotería. Es un regalazo. De hecho, cuando me dijeron que era para hacer temporada en Madrid en diciembre y enero, dije que sí sin leer el texto. Y resulta que me encontré con esta joya.
El público sale del teatro riendo, pero también pensando. ¿Por qué remueve 'Género de dudas'?
Porque se dicen muchas cosas. Se habla de identidad, de hipocresía, de adopción, de soledad. Nosotros no tenemos un hijo biológico, pero sí una hija adoptada, y eso también está presente. Se dicen cosas muy fuertes en la función. La gente sale diciendo: “Me he reído muchísimo”, pero muchos añaden: “Cuidado con lo que se dice ahí dentro”. Los temas son muy debatibles y cada espectador saca sus propias conclusiones. El humor funciona como ese dulcificante que le ponen a los jarabes para que pasen mejor.
Con una carrera tan polifacética, ¿siente que ahora mismo estás donde quieres estar?
A mí lo que me sorprende es que me salga trabajo. Porque alguien podría pensar: “Este se va los fines de semana a cantar rock and roll”. Pero cuando me comprometo con un proyecto, me comprometo de verdad. El teatro y el rock and roll conviven muy bien: el rock es más de verano y el teatro es de invierno. Tengo mi propio equilibrio. Y, por ahora, funciona.
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