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Astutas, activas y subversivas: las mujeres del Tirant bajo la lupa del siglo XXI

Rafael Beltrán ofrece una nueva cartografía del gran clásico valenciano que presta especial atención al papel de los personajes femeninos como motor de la novela

Las mujeres del Tirant según Francesc Artigau.

Las mujeres del Tirant según Francesc Artigau. / L-EMV

Voro Contreras

Voro Contreras

València

«El mejor libro del mundo». La célebre sentencia de Cervantes sigue funcionando hoy como titular imbatible cada vez que se vuelve a hablar de "Tirant lo Blanc". Pero cinco siglos después de su publicación, la novela de Joanot Martorell no solo resiste el paso del tiempo sino que, además, continúa generando nuevas lecturas. La prueba más reciente es “Tirant lo Blanc: cavalleria, imaginari i escriptura”, una ambiciosa monografía firmada por Rafael Beltrán, uno de los mayores especialistas internacionales en la obradel caballero y escritor valenciano.

Lejos de ser un manual al uso o una enciclopedia exhaustiva, el libro de Beltrán se presenta como una guía de lectura panorámica y minuciosa a la vez, capaz de atender tanto a los grandes ejes del relato caballeresco como a los detalles aparentemente insignificantes que revelan su extraordinaria modernidad: un mueble, un perfume, un gesto, una risa o una palabra susurrada en el valenciano riquísimo del siglo XV.

Plaerdemavida y Carmesina según Paula Bonet.

Plaerdemavida y Carmesina según Paula Bonet. / L-EMV

Un clásico que no deja de hablar

Beltrán parte de una idea tan sencilla como poderosa: "Tirant lo Blanc" no es solo una obra literaria, sino una especie de reportaje medieval, un documento narrativo que captura con una precisión sorprendente la mentalidad, los deseos, las contradicciones y los rituales de la sociedad europea del siglo XV.

En ese sentido, el Tirant funciona como un archivo vivo del imaginario caballeresco, amoroso, religioso y político de su tiempo. Y para demostrarlo, en lugar de recurrir a conceptos grandilocuentes ya gastados por la crítica, como el amor, la muerte o el destino, Beltrán prefiere rastrear los signos menores: objetos cotidianos, fórmulas lingüísticas, escenas domésticas o detalles escénicos que, observados con lupa, revelan una densidad simbólica inesperada.

Tirant: héroe contradictorio

Uno de los ejes más sugerentes del libro es el análisis del protagonista. Beltrán insiste en que no existe un único Tirant, sino muchos. Está el héroe épico y estratega militar, el amante apasionado y hombre vulnerable, el caballero vencedor y derrotado y el hombre tímido y audaz.

Frente a los héroes planos e invencibles de otros libros de caballerías, Tirant cae enfermo, duda, fracasa y muere. Esa humanidad radical, que Cervantes supo detectar como nadie, es una de las claves de su vigencia universal. Esa suma de contradicciones -inusual en la narrativa caballeresca tradicional- explica por qué Tirant lo Blanc es considerado hoy un precedente de la novela moderna, con tan bien vio en su juventud Marío Vargas Llosa.

Ilustración de Manuel Boix para el Tirant.

Ilustración de Manuel Boix para el Tirant. / L-EMV

Las mujeres del Tirant

Pero sin duda, uno de los grandes aportes del estudio es la atención a los personajes femeninos, auténtico motor narrativo de la novela. Carmesina, Plaerdemavida, la Viuda Reposada o la Emperadriu aparecen analizadas con una profundidad psicológica poco habitual en la literatura medieval.

Martorell, tal como muestra Beltrán, construye mujeres complejas, activas, contradictorias como el protagonista de la novela y decisivas, muy lejos del estereotipo pasivo. Como subraya el experto, el autor del Tirant escribe desde una mentalidad inequívocamente masculina y aristocrática, propia del siglo XV, pero ello no impide que las mujeres de la novela aparezcan dotadas de una extraordinaria densidad psicológica, de iniciativa narrativa y de una capacidad de intervención decisiva en los conflictos amorosos y simbólicos de la obra. Lejos de constituir un conjunto homogéneo o pasivo, las mujeres del Tirant configuran un auténtico mosaico de actitudes ante el deseo, el poder y la ficción.

Las mujeres del "Tirant lo Blanc", tal como las lee Rafael Beltrán, no son meros satélites del héroe, sino fuerzas activas que articulan el sentido profundo de la novela. Carmesina, Plaerdemavida, la Viuda Reposada y l’Emperadriu encarnan distintas modalidades del deseo femenino: regulado, lúdico, obsesivo y carnavalesco. Al final, todas ellas, desde posiciones muy distintas, ponen en evidencia la fragilidad del poder masculino y convierten el amor en un espacio de conflicto, representación y verdad narrativa.

Carmesina: angélica y seductora

La princesa Carmesina ocupa el centro del universo femenino de la novela. Su presentación responde inicialmente al modelo de la “donna angelicata” heredado del “dolce stil novo”. Martorell la describe como “más angélica que humana”, objeto de contemplación idealizada y de fascinación inmediata. Sin embargo, como insiste Beltrán, este punto de partida retórico no agota en absoluto el personaje. Carmesina es una figura en evolución, cuya aparente pasividad inicial encubre una notable capacidad de control sobre el proceso amoroso.

Lejos de amar de forma desbordada, Carmesina administra el deseo según los códigos del amor cortés, permitiendo a Tirant avanzar solo de manera gradual por los distintos grados de acercamiento erótico. Su conducta no responde a una frialdad calculadora, sino a una combinación de pudor, responsabilidad política y conciencia de su posición como heredera imperial. Carmesina se deja amar, se deja seducir, pero también castiga, se indigna y se distancia cuando percibe la impaciencia o la desmesura del amante.

Beltrán subraya los momentos en que Carmesina se muestra furiosa, airada, incluso agresiva verbalmente, rompiendo con el ideal de contención femenina prescrito por los tratados de amor cortés. Esta oscilación entre atracción y rechazo convierte su relación con Tirant en un espacio de tensión constante, donde la joven princesa ejerce un poder erótico que desarma al héroe militar. Tirant, invencible en la guerra, aparece desorientado y vulnerable en el terreno amoroso, sometido al ritmo impuesto por Carmesina.

Escena del Tirant según Artigau.

Escena del Tirant según Artigau. / L-EMV

Plaerdemavida: mediadora del deseo

Si Carmesina encarna la complejidad del deseo femenino noble, Plaerdemavida representa su versión más desinhibida, festiva y provocadora. Doncella joven, ingeniosa y atrevida, Plaerdemavida actúa como intermediaria, confidente y alcahueta, pero su función va más allá de la simple mediación. En palabras implícitas de Beltrán, es el personaje que verbaliza y teatraliza lo que otros callan.

Celestina ingeniosa, actriz consumada, manipuladora sin malicia y, finalmente, reina, Plaerdemavida domina el lenguaje del cuerpo y del juego erótico, y se mueve con soltura en el terreno de la insinuación y la burla. Su famosa participación en la “ficción” de la Viuda Reposada, disfrazada de Lauseta, demuestra hasta qué punto controla los códigos de la representación y del engaño. Pero a diferencia de la Viuda, Plaerdemavida no actúa movida por la obsesión ni por la destrucción, sino por una mezcla de lealtad, curiosidad y placer lúdico.

Beltrán destaca que Plaerdemavida encarna una forma de libertad femenina que el texto trata con simpatía: su descaro provoca risa, pero no condena moral. A través de ella, Martorell introduce una mirada irónica sobre el deseo y revela la teatralidad inherente a las relaciones amorosas.

La Viuda Reposada: obsesiva y destructiva

La Viuda Reposada constituye el reverso oscuro de Plaerdemavida. Es, según Beltrán, el único gran personaje femenino que no “germina”, que no encuentra una salida vital al deseo. Enamorada sin esperanza de Tirant, la Viuda se niega a aceptar la realidad del rechazo y convierte su frustración en una maquinaria de ficción maligna.

Su célebre “ficción” contra Carmesina y Tirant es uno de los episodios más complejos y perturbadores de la novela. Sembrando “zizania”, la Viuda construye un artificio teatral destinado a provocar celos, odio y destrucción. Como señala Beltrán, no inventa de la nada, sino que da forma visible a las fantasías y temores latentes del propio Tirant enamorado. Su poder reside en su capacidad para manipular la imaginación masculina.

La Viuda encarna así el miedo medieval a la mujer obsesiva, incapaz de aceptar las reglas del juego amoroso. Su final trágico, el suicidio, la convierte en una figura patética además de perversa. Es víctima y verdugo de una pasión sin salida.

Carmesina según Paula Bonet.

Carmesina según Paula Bonet. / L-EMV

L’Emperadriu: el amor subversivo

Frente a la oscuridad de la Viuda, l’Emperadriu introduce una inversión jocosa del orden moral y generacional. Madre de Carmesina, lejos de ejercer un papel represor o vigilante, se deja arrastrar por una pasión tardía y desbordada hacia el joven Hipólito. Beltrán interpreta este episodio como una auténtica historia de “amour fou”, tratada con tono carnavalesco y dionisíaco.

La relación entre la Emperatriz y Hipólito subvierte las jerarquías de edad, poder y decoro, pero lo hace sin la carga demoníaca asociada a la Viuda. Su erotismo es clandestino, sí, pero también vital y finalmente productivo: culmina en matrimonio y en continuidad dinástica. La risa y el exceso sustituyen aquí al engaño y a la destrucción.

Literatura, arte y vida cotidiana

Uno de los aspectos más llamativos “Tirant lo Blanc: cavalleria, imaginari i escriptura”, es el diálogo constante entre literatura e historia del arte. Beltrán pone en relación las descripciones del Tirant con la pintura del gótico internacional, las procesiones urbanas, los conflictos gremiales o la cultura material de la Valencia del siglo XV.

Especialmente reveladoras son las páginas dedicadas a la descripción minuciosa de espacios interiores, como la alcoba de l’Emperadriu, comparada con las tablas flamencas e italianas contemporáneas. El resultado es una lectura visual del texto que ayuda a comprender hasta qué punto Martorell escribía con mentalidad de pintor.

La inclusión de imágenes -desde el gótico medieval hasta reinterpretaciones modernas de Manuel Boix, Francesc Artigau o Paula Bonet- refuerza esa idea de continuidad artística entre pasado y presente.

Gravado para una edición francesa del Tirant.

Gravado para una edición francesa del Tirant. / L-EMV

De la gloria al olvido… y al canon mundial

El libro dedica su tramo final a la historia de la recepción del Tirant lo Blanc, marcada por contrastes. Tras un inicio brillante —especialmente en Italia—, la novela sufrió una larga damnatio memoriae durante los siglos XVI y XVII, cuando el humanismo miró con recelo los libros de caballerías.

Paradójicamente, fue Cervantes quien aseguró su inmortalidad con un elogio que lo salvó del fuego en el Quijote. Desde entonces, el Tirant ha ido consolidándose como pieza central de la literatura valenciana y catalana, y como clásico universal, estudiado, traducido y adaptado en todo el mundo.

Desfile del Tirant según Manuel Boix.

Desfile del Tirant según Manuel Boix. / L-EMV

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