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La noche en la que Valentino vistió Les Arts de alta costura

El diseñador italiano regresó de su retiro para producir y vestir una "Traviata" que se estrenó en 2017 en el coliseo valenciano con la presencia de la reina Sofía

Voro Contreras

Voro Contreras

València

Valentino Garavani, fallecido ayer a los 93 años, fue durante décadas el rey Midas de la alta costura, el diseñador que todo lo que tocaba se transformaba en un emblema de elegancia. Pero incluso para un creador acostumbrado a marcar época, hubo un territorio largamente soñado y nunca antes explorado por él: el de la ópera. Y la puerta de entrada la abrió La traviata de Giuseppe Verdi, la primera producción lírica en la que trabajó el diseñador italiano y que, tras su estreno absoluto en Roma en 2016, vivió al año siguiente en València uno de los momentos clave de su recorrido internacional.

La producción, creada para el Teatro dell’Opera di Roma y coproducida por el Palau de les Arts Reina Sofía, dirigido entonces por Davide Livermore, supuso el debut de Valentino como creador de vestuario operístico a gran escala, acompañado de su inseparable socio y compañero sentimental Giancarlo Giammetti. Para el modisto, que se había retirado oficialmente de la moda en 2008, el proyecto era la culminación de una aspiración íntima. «Siempre soñé con llevar La traviata a escena de una manera nueva», explicó entonces, aunque dejó claro desde el inicio que huía de lecturas provocadoras o rupturistas: quería una versión “clásica y magnífica”, fiel al espíritu de Verdi.

Valentino con la actriz Monica Bellucci, Plácido Domingo, Giancarlo Giametti y Davide Livermore en Les Arts.

Valentino con la actriz Monica Bellucci, Plácido Domingo, Giancarlo Giametti y Davide Livermore en Les Arts. / MIGUEL ANGEL MONTESINOS

Fascinación por Sofia Coppola

El germen del proyecto estuvo en una fascinación compartida, la que sentían Valentino y Giammetti por la película María Antonieta (2006) de Sofia Coppola. El diseñador y su pareja quedaron prendados de la estética del film y de la capacidad de la cineasta estadounidense para conjugar clasicismo y sensibilidad contemporánea. Coppola aceptó el reto de dirigir su primera ópera con una condición innegociable: respeto absoluto al libreto, a la época y a la historia. A partir de ahí, se construyó una Traviata pensada como un gran fresco visual, con escenografía del británico Nathan Crowley -habitual del cine de Christopher Nolan- y una mirada cinematográfica que buscaba atraer también a nuevos públicos.

En el centro de ese universo estaba Violetta Valéry, la “extraviada” cortesana parisina sobre la que gira el argumento de la ópera de Verdi. Valentino diseñó para ella cuatro vestidos de alta costura realizados en los talleres romanos de su casa, fundada en 1959. Entre ellos, destacaba el icónico vestido rojo -el Rosso Valentino- convertido en símbolo de la producción. «No diseño solo un vestido, sino un estado del corazón», dijo el creador, convencido de que la ópera permitía a la moda expresar emociones y dramaturgia más allá de la pasarela. Su Violetta, aseguraba, era «fuerte y frágil», capaz de deslumbrar y de desaparecer.

Un estreno con "glamour"

Tras su estreno en Roma en la primavera de 2016, rodeado de una audiencia que mezcló aristocracia, cine y moda internacional (Francis Ford Coppola, Keira Knightley, Antonia Dell'Atte, Diane von Furstenberg, Nati Abascal…), La traviata de Valentino llegó al Palau de les Arts en febrero de 2017 convertida ya en un acontecimiento social y cultural. El coliseo valenciano colgó el cartel de “no hay entradas” semanas antes y desplegó una alfombra roja pocas veces vista. La reina Sofía asistió al estreno, mientras figuras como Monica Bellucci -amiga y musa del modisto-, Nati Abascal o Pierpaolo Piccioli, entonces director creativo de la firma, convertían la noche en una auténtica pasarela de alta costura.

No faltaron algunos de los más preclaros representantes de la “high society” valenciana y, por supuesto, tampoco las autoridades del entonces botánico Consell. Acompañando a doña Sofía en el palco estuvo el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, y el alcalde de Valencia, Joan Ribó. También se pudo ver a los consellers de Transparencia, Manuel Alcaraz, y de Hacienda, Vicent Soler; pero no al titular de Educación y Cultura, Vicent Marzà, que en su agenda oficial tenía marcada la presentación del libro Tro d'Avís, en una falla de Alzira. Por cierto, Valentino estuvo con la reina y los invitados principales en los momentos previos a la representación, pero no se quedó a la misma.

La reina Sofía con Ximo Puig, Joan Ribó y Manuel Alcaraz en el palco presidencia de Les Arts.

La reina Sofía con Ximo Puig, Joan Ribó y Manuel Alcaraz en el palco presidencia de Les Arts. / Miguel Lorenzo-Mikel Ponce

Críticas desiguales y éxito de público

Musicalmente, la producción contó con Ramón Tebar al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana y con un reparto encabezado por Marina Rebeka como Violetta, Arturo Chacón como Alfredo y Plácido Domingo en el papel de Giorgio Germont, que interpretó por primera vez en España. Fue, de hecho, el propio Domingo quien impulsó la llegada de la ópera a València tras su estreno romano. «En València me siento como en casa», explicó el cantante, estrechamente vinculado al nacimiento y consolidación del Palau, pero repudiado tras las acusaciones de abuso sexual contra el tenor en 2020.

La recepción artística fue desigual. La expectación mediática y social contrastó con críticas que calificaron la propuesta escénica de conservadora y subrayaron que el peso del acontecimiento estuvo más en el patio de butacas que sobre el escenario. Sin embargo, el impacto de público fue incuestionable. Con siete funciones, la Traviata de Valentino se convirtió en la ópera más vista y rentable del Palau de les Arts en 2017, con más de 10.800 espectadores y un balance económico positivo, según el informe de fiscalización de la Fundación.

Más allá de cifras y juicios artísticos, aquella Traviata dejó una huella singular, ya que demostró que Valentino también era capaz de convertir la ópera en una extensión natural de su universo creativo. «El vestuario tiene que hacer bella a la cantante», repetía, indignado al recordar versiones en las que Violetta cantaba enfundada en un impermeable. Para él, la moda no era un adorno, sino una herramienta narrativa al servicio de la emoción. Como dijo en una entrevista concedida en exclusiva a Levante-EMV, “no diseñas solo un vestido, sino un estado del corazón de la cantante”.

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