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Crónica social de València | @Fiteraworld

València bonita

Esta semana la ciudad ha ofrecido dos magníficas ocasiones para ese ejercicio tan nuestro de mirarnos en lo que fuimos y en lo que aspiramos a ser

Gadea Fitera

Gadea Fitera

Hay ciudades que se explican mejor en los márgenes que en los titulares. Valencia, por ejemplo, no termina de entenderse del todo si uno no se sienta a observarla con calma, como quien mira un álbum de fotos antiguas o se prueba un traje delante del espejo sabiendo que, en realidad, lo importante no es el reflejo sino la actitud. La vida social valenciana (esa que transcurre entre inauguraciones, brindis discretos, saludos repetidos, y alguna que otra sonrisa estratégica) tiene algo de representación teatral y algo de íntima confesión. Quizá por eso nos gusta tanto reunirnos, para vernos, sí, pero también para reconocernos.

Esta semana la ciudad ha ofrecido dos magníficas ocasiones para ese ejercicio tan nuestro de mirarnos en lo que fuimos y en lo que aspiramos a ser. Dos exposiciones, dos escenarios muy distintos y, sin embargo, una misma pulsión, la necesidad de dejar constancia, de fijar la belleza, de convertir lo efímero en relato.

En el Mercado de Colón (ese elegante salón urbano donde hoy se conversa con cerveza artesanal y ayer se compraba pescado con la naturalidad de quien compra tiempo) se puede visitar estos días una exposición que no solo se contempla, sino que se recuerda, que son las fotografías de Enrique Borredá Puyo.

En blanco y negro vemos pasar el Mercado Central, la Malvarrosa, Nazaret, la Albufera, o el Tribunal de las Aguas. La Valencia entre los años cincuenta y setenta, cuando la prisa aún no había aprendido a correr y la gente se dejaba fotografiar sin saber que estaba construyendo memoria colectiva. Borredá, miraba su ciudad como se mira a alguien querido, sin artificio, con respeto, y con una paciencia que hoy resulta casi revolucionaria.

Hay en estas imágenes una Valencia que ya no existe, pero que reconocemos al instante. Los niños que juegan, los rostros curtidos, las miradas al sol. Presentes en la inauguración estuvieron sus hijos, Enrique y Mari Nieves Borredá, orgullosos del trabajo de su padre.

El mérito de la exposición, cuidadosamente seleccionada por su hijo entre miles de negativos, no está solo en rescatar un legado familiar, sino en recordarnos que hubo un tiempo en el que la ciudad se dejaba vivir sin necesidad de explicarse constantemente. Estuvieron también presentes disfrutando del evento Horacio Silva, Maria José Sánchez, Paula Ibañez, Patricia Rubio, Imma Revuelta, María González, o Tono Raffi. También caras muy conocidas del Mercado como Ignacio Calabug, Anabel Navas, José Manuel Manglano, Christian Jardel, y Paco Valls.

Del blanco y negro al color, del mercado modernista al castillo renacentista en Benissanó. Su fortaleza histórica se ha convertido en pasarela simbólica para la exposición ‘Ecos de la Moda Valenciana: Ayer, Hoy y Siempre’, una declaración de intenciones que combina patrimonio, diseño, y autoestima colectiva.

Moda valenciana en mayúsculas, con vestidos, sombreros, y complementos firmados por creadores que no necesitan presentación, pero que agradecen, y mucho, el reconocimiento: Isabel Sanchis, Ancor Montaner, Carlos Haro, AO Concept, Pablo Árbol, Alejandro Resta, Brotocó Atelier… Nombres que hablan de oficio, de riesgo, de elegancia sin estridencias. De una manera de entender la moda como cultura y no como mero escaparate.

La inauguración fue, más que un acto social, una reivindicación. La de una tierra que diseña, cose, crea y exporta belleza desde hace décadas, aunque a veces se le haya olvidado decirlo en voz alta, como así lo atestiguaron Amparo Navarro Bargues y Rafa Navarro Ferrando.

El diálogo entre las piezas expuestas y los muros del castillo resulta especialmente acertado. La moda aquí no compite con la historia, la acompaña, y el visitante entiende que un vestido también puede ser patrimonio, que la creatividad contemporánea merece el mismo respeto que las piedras centenarias que la rodean. Eso mismo comentaron caras tan conocidas como Abraham Sebastian, Inma Aznar, o Higinio Mateu.

Quizá ahí esté la clave de esta semana social valenciana, en ese delicado equilibrio entre memoria y proyección, entre la fotografía que nos recuerda de dónde venimos y el diseño que nos sugiere hacia dónde podemos ir.

Al final la crónica social no trata sólo de quién estuvo y quién brindó con quién, trata también de capturar el espíritu de una ciudad en sus gestos cotidianos, en sus silencios, y sus celebraciones.

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