Fuera de compás
Un regreso y un adiós
Los correosos y perseverantes Peepshow nuevo disco mientras que Mantequilla Voladora se despiden con un documental que muestra la autodestrucción de la banda

Peepshow / Edie Andreu Tomas

La carrera de un grupo musical es una balanza en la que un platillo está colmado de obstáculos, tensiones y decepciones y el otro está lleno de ilusión, empeño y pasión por el arte. En ese complicado equilibrio no es de extrañar que cada disco o cada actuación se celebre como una victoria fundamental para la supervivencia del proyecto. Si esto que les cuento viene corroborado en biografías y entrevistas por multitud de bandas consagradas de esas que llenan estadios, qué no ocurrirá en el seno de formaciones que para la industria del pop tienen un impacto minúsculo. Notas a pie de página de los anuarios del negocio musical que tienen 125 oyentes mensuales en Spotify y que se suben a un escenario dos veces en un año muy bueno.
Peepshow son uno de esos grupos correosos y perseverantes de la escena valenciana que publican sus trabajos cada cuatro o cinco años. Su nuevo disco, el estupendo “Solisombra”, lleva grabado desde 2021 pero se estrenó al completo en redes y plataformas el pasado 15 de enero. A lo largo de todo ese tiempo hemos podido escuchar varios singles de adelanto e incluso verlos tocar en directo la gran mayoría de las nuevas canciones pero, como tantos otros, han sido víctimas de la vida, que es todo eso que sucede fuera de los surcos de un vinilo. “Las consecuencias derivadas de la pandemia de covid en el mercado musical, numerosos problemas de salud, cambios en la formación, una promoción inadecuada y una cronología totalmente caótica han determinado el retraso del lanzamiento”, explica Uve Martínez, líder de la banda y reputado productor discográfico.
Su rock contemporáneo de hechuras potentes y texturizadas con un pie en el afterpunk y otro en la electrónica atmosférica está cosechando una muy buena acogida, por lo que los conciertos van saliendo. Ya tienen 5 para este año. Acostumbrado a trabajar con tiempos propios por situarse en los márgenes de la industria agradece, por otra parte, la falta de presión de las que otros son víctimas. “Este proyecto necesita mucha pasión y un altísimo nivel de compromiso y durante este tiempo hemos encontrado a Ana Moncho, la nueva bajista, que se ha adaptado perfectamente a Germán García, el batería, y a mí. Hemos ensayado mucho y ahora sí que hay banda para defender el álbum sobre un escenario”, sostiene.
En ocasiones, la voluntad, la ilusión y el amor la música no bastan para mantener a flote un proyecto. Los componentes de Mantequilla Voladora, capitaneada por Iosune Noguera, abandonaron toda esperanza de continuar su carrera después de la grabación del soberbio trallazo de punk-pop que fue “El Último Circo” en 2022. Otro naufragio más en el océano del rock si no fuera porque el proceso de destrucción interno de la banda y el derrumbe total de las relaciones entre sus miembros quedó registrado de manera accidental, pero extraordinariamente cruda, en un documental sobre la grabación de aquel disco. “Nos hacíamos tanto daño cuando trabajábamos juntos en el estudio que mi relación sentimental con Sergio Benlloch, el batería, se rompió. Las peleas y las faltas de respeto eran tan brutales y envenenaron tanto el ambiente que tuvimos que disolver la banda, con el disco ya grabado, para poder seguir siendo amigos”, revela Iosune.
Pero hasta las historias más duras y desagradables pueden tener un lugar feliz allí donde la vida real se junta con la fantasía pop. El sábado pasado Mantequilla Voladora presentó el documental titulado “La Última Función” en el salón de actos de la SGAE con un visionado que vino seguido de un concierto acústico, de una merienda cena que la banda ofreció a los seguidores que abarrotaron la sala para mostrarles su cariño y de la presentación de “El Último Circo” en disco de vinilo, el colmo del romanticismo rockero. Sumen a eso que Sergio y Iosune solucionaron sus problemas y son felices en pareja y a que, después de un par de piruetas del destino y de un adecuado reordenamiento ambiental y emocional en el seno del grupo, el trío formado por ellos dos y Carlos Peral va volviendo poco a poco a los escenarios (este mismo 7 de febrero en Hard Rock Café de València) y ya lo tienen: la magia. Ese factor esquivo imposible de mesurar y pesar en los platillos de la balanza pero que es tan desequilibrante que, rompiéndome el titular de la columna, transforma un triste y lamentable adiós en un regreso conmovedor e ilusionante.
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