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Miguel Ángel Silvestre y Miguel Bernadeau sobre 'La Fiera': "En el salto BASE, si no te para la muerte, te para la vida"
La película 'La Fiera', dirigida por Salvador Calvo y que se estrena este viernes, es al mismo tiempo un homenaje personal y una reivindicación general: la de vivir libremente y atravesar el cielo como afición. Así lo hicieron los personajes reales de esta historia, entre ellos el paracaidista y escalador Carlos Suárez, fallecido durante el rodaje y figura central de esta epopeya sobre un grupo de amigos que se propuso realizar un salto base desde las Torres Trango, en Pakistán. En la película, Carlos Cuevas interpreta a Suárez, mientras que Miguel Ángel Silvestre encarna a Darío Barrio y Miguel Bernadeau a Armando del Rey, el único superviviente de una historia sobre una vida entregada a la aventura, donde el verdadero peligro aparece, paradójicamente, cuando se pierde el miedo.

Esteban San Canuto

Decía Carlos Suárez en una entrevista en 2013 que el salto base "no es jugar con el vacío como el alpinismo, es estar dentro de él". Es una declaración que se entiende mejor cuando has visto 'La fiera', dirigida por Salvador Calvo y producida por Atresmedia y MOD Producciones. Se presentó ayer en los cines Kinépolis de València en el marco del Festival de Cine de Paterna, donde los actores valencianos Miguel Ángel Silvestre y Miguel Bernadeau hicieron de anfitriones para presentar una película no ya de aventuras, sino de una forma de vivir. Fuera del margen, en los aires, buscando el riesgo, la adrenalina y alimentando a la "fiera" que tenemos dentro.
¿Cómo ha sido el rodaje de una película tan especial como 'La fiera'?
Miguel Bernardeau: Lo he pasado muy bien. Nosotros dos [Miguel Ángel Silvestre y él] hemos rodado mucho juntos y una de las cosas que me llevo de esta película es precisamente haber trabajado de nuevo juntos. Lo hemos pasado fenomenal y creo que eso se ve en pantalla, porque nuestros personajes eran muy amigos, muy, muy amigos. Ha sido muy bonito poder conectar desde los lugares de los personajes, porque la trama lo exigía, pero también porque esa conexión se ha convertido en una amistad real. Es algo que tiene la película: nos ha unido mucho a todos, por lo bueno y por lo malo.
Miguel Ángel Silvestre: Totalmente. Yo siento que tuvimos muchos momentos de celebración. La película habla de celebrar la vida y de observar a un grupo de amigos que comparten una pasión. El viaje fue muy bonito y también muy intenso, porque la cercanía de algunas defunciones [La de Carlos Suárez]hizo que el homenaje estuviera muy presente prácticamente cada día de rodaje. Lo llevamos todo con mucho cariño, respeto y admiración hacia unos personajes que son realmente admirables.
El suceso de Carlos Suárez fue un golpe de realidad muy fuerte. ¿Os afectó incluso a la hora de preparar e interpretar vuestros personajes?
M.B.: Sí, creo que le dio un peso emocional enorme a la película. De repente todos nos vimos absorbidos por una historia real que estaba sucediendo. Era como si la ficción se hubiera convertido en realidad. Ver la manera en la que los familiares y amigos de Carlos gestionaron su muerte y cómo se involucraron para que la película siguiera adelante -porque era la ilusión de Carlos- fue muy bonito. No exigieron nada, pero nos animaron a continuar y eso fue un ejemplo muy poderoso de lo que la película quiere contar: esa amistad inquebrantable que une la montaña, el salto y la pasión por el salto base.
Miguel Ángel, tu personaje, Darío, también falleció. ¿Cómo trabajaste ese papel?
M.Á.S: Vi muchos vídeos de él. Yo no lo conocía personalmente, aunque sí lo conocían amigos y familiares míos. Tuve la suerte de descubrir a una persona con un carisma enorme. Me sentí muy atraído por él porque cuando lo escuchas hablar percibes a alguien que no le tiene miedo a la vida ni a las decisiones. Vivía con una intensidad en la que el peso del miedo no parecía existir y eso resulta muy magnético. Me gustó mucho conocerle así e intenté honrar su figura en todo momento, siendo muy consciente de lo significativo que era para los suyos esta película, aunque ellos ya no estuvieran.
¿Habíais tenido antes relación con el paracaidismo, el alpinismo, la escalada o el salto base?
M.B.: Muy poca. Yo había saltado en paracaídas una vez y me superó un poco. Siempre me han gustado los deportes de riesgo, como la apnea o el surf, pero con el salto descubrí que tengo algo de vértigo.
M.Á.S.: Nos subimos a aviones durante el rodaje, pero no llegamos a saltar. En mi caso, mi relación con el deporte ha sido más con la escalada. Hubo una época en la que hacía bouldering, sobre todo en gimnasio, aunque también he escalado alguna vez al aire libre. Aun así, nada comparable al riesgo al que se exponían estas personas. Practicaban un deporte en el que un porcentaje altísimo de quienes lo practican acaba muriendo, y aun así seguían enganchados. A eso es a lo que llaman en la película “la fiera”.
De hecho, la película ayuda a entender esa búsqueda del instante, del momento. Miguel, tu personaje, Armando, se define a sí mismo como un superviviente después de haber perdido a todos sus amigos.
M.B.: No sabía que se describía así. Pero sí, claro, ha perdido a todos sus amigos. Es una historia muy fuerte.
Una de las partes más interesantes de la película es cómo muestra la otra cara: cómo el entorno, el círculo cercano, gestiona que tu pasión implique que probablemente puedas morir.
M.B.:Los personajes viven una dicotomía constante: dejar de hacer lo que más les gusta para dar tranquilidad a sus amigos y familiares, o seguir siendo quienes son. Porque parar significaría dejar atrás una parte esencial de su identidad. Si siguen, ponen en riesgo sus relaciones personales. Es una decisión muy dura: ¿paro o sigo?
Hay una escena muy potente en la que su personaje, Dario, le dice a Carlos que no salte cuando tiene dudas. Refleja muy bien ese margen mínimo que separa la vida de la muerte.
M.Á.S.: Sí, ese momento habla de ese instante decisivo: el “me atrevo” o “no me atrevo”. Ese pequeño margen de error que lo cambia todo.
La amistad es uno de los grandes pilares de 'La fiera'. Existe casi un pacto tácito de continuar pase lo que pase. ¿Qué hace falta para parar si ni siquiera la muerte de un amigo lo consigue?
M.B.: Es curioso, porque para ellos seguir saltando es una forma de celebrar la vida de los compañeros que han fallecido. Se genera un círculo que se retroalimenta constantemente, y no lo digo en un sentido negativo. Tienen que parar cuando ellos quieran… o cuando la vida los pare. Literalmente. Si no te para la muerte, te acaba parando la vida.
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