La reestructuración de Cultura y del MuVIM incendia la plantilla: “Es una guerra”
Sindicatos y trabajadores se movilizan entre acusaciones de purga política y cambios no negociados mientras PSPV y Compromís piden un pleno extraordinario
La diputación prepara un cambio profundo en el área y deja en el aire el futuro del museo como proyecto autónomo

Exposición sobre Maria Beneyto, en el MuVIM. / MUVIM

El incendio ha sido oficialmente declarado. La plantilla del área de Cultura de la Diputación de Valencia ha recibido con inquietud y malestar la propuesta de reestructuración del área, con más de 170 empleados, a través de una modificación de la relación de puestos de trabajo (RPT). “Nunca he visto una cosa igual, y mira que he visto”, señalaba un empleado de uno de los museos de la corporación.
Para este jueves se prevé una reunión de trabajadores del área con representantes de los sindicatos, mientras los dos partidos de la oposición, PSPV y Compromís, van a forzar un pleno donde reclamarán al equipo de gobierno que frene la reestructuración y negocie con los trabajadores.
Como ayer contó Levante-EMV, la propuesta que quiere llevarse al pleno de febrero contempla reorganizar la estructura del área, con cambios como el cese del jefe de servicio o la creación de direcciones en la Institució Alfons el Magnànim o una nueva dirección de gestión cultural-municipalista.
El otro gran cambio es el nuevo rumbo que se pretende dar al Museu Valencià de la Il·lustració i la Modernitat (MuVIM), buque insignia cultural de la diputación y que desde ahora se concibe como MuVIM-Museu d’Art de la Diputació. Es decir, un contenedor cultural como escaparate del enorme tesoro artístico provincial, el patrimonio propio con que cuenta la diputación con obras de Sorolla, Pinazo o Benlliure, entre otros. Habrá qué ver papel tienen en el futuro las exposiciones externas que programa habitualmente.
El equipo de gobierno tiene desde hace tiempo la voluntad de poner en valor todo ese patrimonio público. Una de las opciones preferidas era aprovechar el recientemente recuperado edificio de Hacienda, en Guillem de Castro, a escasos metros del MuVIM. El problema es que es un edificio compartido y en disputa con el Ayuntamiento de València, lo que complica una solución a corto plazo. Los cambios que dibujan la remodelación supondrían enterrar el viejo proyecto impulsado precisamente por el PP en tiempos de Manuel Tarancón, hace ahora 25 años, y con un espíritu ilustrado recogido en su exposición inaugural: ‘L'aventura del pensament’.
El temor a que el MuVIM pierda su autonomía y su proyecto expositivo ha encendido las alarmas en este museo, que periódicamente se sitúa en el ojo del huracán. El pasado verano también hubo ruido, en plena polémica por los currículum de José María Ángel y Carmen Ninet, subdirectora entonces, cuando se puso por momentos en cuestión el futuro de la dirección del centro, donde tienen su puesto perfiles vinculados a la izquierda.
Los cambios que ahora se plantean han generado inquietud en el museo: “La sempiterna batalla por el control, con cambios que hacen daño a mucha gente”, “es la guerra total”, valoran fuentes del centro museístico. Una nota de Comisiones Obreras señalaba la intencionalidad política de algunos de los cambios: “Se está hablando de vaciar de contenido el puesto de trabajo de determinadas personas para darle esas funciones a otras ‘afines al régimen’”.
Vicent Flor, apartado del MuVIM
Uno de los que ha levantado la voz en público es Vicent Flor, el que fuera director de la Institució Alfons el Magnànim (la editorial de la diputación), durante los ocho años de gobiernos progresistas y cuyo contrato no renovó el actual gobierno (PP-Ens Uneix). Flor tiene plaza de conservador de museo en el MuVIM y, según declara, “está en marcha la más grande operación de castigo contra los gestores culturas de la diputación”. Su plaza es una de las que se saca de este centro, y lo envían a un nuevo servicio, “sin diálogo ni negociación, sin consultar trabajadores ni jefes de servicio”.
Esta es otra de las críticas compartidas. Al margen de presuntas decisiones personales y políticos, muchos empleados se sienten agraviados por unos cambios que consideran que no se han negociado.
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