Actriz y humorista
Anabel Alonso: "Esta obra me ha hecho desnudarme como actriz. Me ha puesto vulnerable"
Dentro de una obra, 'La mujer rota', profundamente feminista y revindicativa, la actriz señala como la mujer carga aún con "dos culpas, la que nos echa la sociedad por no responder a sus expectativas y la que nos echamos a nosotras mismas"

Anabel Alonso, ante el cartel de 'La mujer rota', que desde este jueves interpreta en el Olympia. / Fernando Bustamante

Anabel Alonso llega este jueves al Teatro Olympia protagonizando en solitario el 'Monólogo' de 'La mujer rota', un proyecto teatral -basado en el texto de Simone de Beauvoir y dirigido por Heidi Steinhardt- que ve "gratificante" gracias a interpretar sobre las tablas a un personaje de gran "carga emocional" como Murielle. Tras más de 40 años de carrera, la actriz vasca cree que esta obra puede hacer que "mucha gente me redescubra" en su faceta más dramática. "Necesitaba quitarme esa espinita de poder hacer un drama y decir 'esto también lo sé hacer'", recalca.
‘La mujer rota’ no estaba pensada para el teatro. ¿Cómo ha sido trasladar un soliloquio de 1967 a las tablas del siglo XXI?
El trabajo gordo se lo ha llevado Heidi [Steinhardt, la directora]. Ella, junto con Alessio Meloni en la escenografía y vestuario, Mariano Marín en el espacio sonoro y Rodrigo Ortega en la iluminación, han creado el universo de esta mujer, que no existía. En el original, ella está tumbada en la cama dándole vueltas a la cabeza en su segunda noche de insomnio. Entonces, es crear ese universo que refleja muy bien cómo se siente ella por dentro, cómo está de abandonada, gris, fea, sucia. Y luego, lo único que hemos hecho es poner puntos y comas, acciones y emociones a lo que dice Murielle. El texto es tal cual. Y yo con los ensayos ha sido darle sentido, pasarlo por las emociones y, como se dice, hacerlo carne. Poner en pie a esa mujer desquiciada, atormentada, rabiosa e impotente.
¿Cómo se ha preparado para ese infierno personal que vive su personaje?
Para eso está el proceso de ensayo. Uno tiende a hacer lo que ya sabe, a tirar de los trucos que sabes que funcionan, pero en ese sentido, Heidi no me ha dejado ni un momento. Entonces, ir descubriendo esos terrenos que no había tocado desde hace mucho y, en algunos casos en ningún momento, ya me ha predispuesto de otra manera. A no estar con esa coraza puesta, sino que me ha hecho desnudarme como actriz y como Anabel Alonso. Eso me ha puesto vulnerable para dejarme también llevar mucho por esa vulnerabilidad de Murielle.
Lo único que hemos hecho es poner puntos y comas, acciones y emociones a lo que dice Murielle. El texto es tal cual
Sin esa coraza, no sé si ha habido algún hilo del que tirar, algo que comparta con Murielle.
En este personaje siempre hay algo que nos toca. ¿Quién no ha tenido una ruptura, fracasos sentimentales?, ¿quién no ha tenido muertes en la familia y dolor? Todo eso resulta conocido. Cuando uno es actor o actriz, intentas comprender a los personajes, no tienes por qué haberlo vivido. Y por eso creo que también, en general, mejoramos con los años, porque la vida nos va dando más asideros, más conocimiento de la naturaleza humana, de las situaciones que aunque no las hayas vivido, puedes entenderlas. Por ejemplo, he sido madre y me imagino una pérdida de un hijo o que no me lo dejaran ver y 'buah', esto te retumba de otra manera.

Anabel Alonso, durante la presentación este miércoles de 'La mujer rota' en el Olympia. / Fernando Bustamante
Además, está sola en escena, vulnerable, ¿eso hace que el público tenga un peso mayor para que no se sienta aislada en esa reivindicación?
El público, indudablemente, lo sientes. Pero así como en la comedia es absolutamente necesario tener ese feedback de las risas, en un drama cuando siento que no hay toses, que no cruje el asiento, dices, ‘ahí están’. En ese sentido, a la hora de interpretar, con el drama en teatro me parece que te puedes fabricar mejor esa cuarta pared. Con la comedia estás más vendida.
"Sería feliz si el espectador, tras la obra, sigue hablando de la función"
Al final, es una obra de Simone de Beauvoir reflexiva también sobre la perspectiva de género. ¿Quiere que el espectador se vaya con esa idea y que le dé una vuelta fuera del teatro?
Sí, yo sería feliz si después de la función se van a tomar un vino, una caña o un café y siguen hablando de la función y de las reacciones de esta mujer o de los reproches o de lo que les suena. Igual de repente dicen ‘pues me tenía que haber plantado’ o ‘tenía que haberle dicho esto y esto’. Eso me encantaría, la verdad.
Murielle es mujer, madre, hija y esposa. Una carga continua que medio siglo después parece que no se ha aliviado.
En esencia, no. Indudablemente, se ha entrado en el mercado laboral, pero la responsabilidad del hogar sigue siendo mayoritariamente femenina. Un hombre que prioriza el trabajo a su familia no es un mal padre. Una mujer que prioriza el trabajo a su familia es una mala madre o una mala esposa o una mala hija si no está atendiendo a sus padres las 24 horas cuando llegan ya a determinada edad. Y ahí juegan dos culpas. La que nos echa la sociedad por no responder a sus expectativas o a lo que debes ser y la que nos echamos a nosotras mismas. Es un precio muy alto.
Una carga emocional que sigue llevando la mujer.
Es una responsabilidad, pero sigue pasando. Si hay dos hijos, un chico y una chica, pues se espera que la hija sea la que lo haga. Si el hijo lo hace, madre mía, qué maravilla, qué bien. Pero en nuestro caso es un deber, en el vuestro es una elección. Y además, si optáis por eso, muy alabada y vanagloriada. Entonces sigue pasando. Y sobre todo la culpa, que nos tiene atenazadas.
Esta obra la interpreta, además, en un momento en el que el reaccionarismo está cogiendo fuerza. ¿Ve esta oportunidad como una forma de batallar también contra esa involución?
Creo que el teatro puede ser entretenimiento, pero también información, debate y miles de cosas. Y el teatro también tiene que ser un espejo de la sociedad, poner sobre la mesa cuestiones que estén pasando. Y, en este caso, sí que quiero poner ese pequeño granito de arena. Indudablemente este texto de Simone Beauvoir, en el origen, era más feminista porque la mujer no tenía voz. Ahora, afortunadamente, sí que la tenemos y no es tan raro. Que en el 67 una mujer dijera esto, creo que también lo dice porque está sola. Si estuvieran sus dos maridos, ella que dice mucho no diría nada, que es la diferencia con lo que pasa ahora. Pero sí que creo que tenemos que hacernos escuchar con este texto en el que Murielle patalea, aunque esté sola en casa. Y se reivindica. Y el resto de la sociedad, creo estamos sufriendo una involución que yo no pensé que la vería durante mi vida.
Las mujeres tenemos que hacernos escuchar con este texto en el que Murielle patalea y se reivindica
Murielle, una persona que es "un lujo"
Quizás su faceta más conocida es la de humorista, pero aquí esa actuación más trágica. ¿Disfruta una más que la otra o depende del momento?
La comedia la disfruta mucho, me lo paso muy bien, porque es un género que tiene muchos estilos. Pero cuando tu vocación es esta, cuantas más teclas del instrumento toques, mejor. Poder meterme en este proyecto, con este personaje de esta dimensión y esta carga emocional, para mí es un lujo y es gratificante. Y que, después de 40 años de carrera, mucha gente me redescubra en esta faceta. No que diga, ‘uy, no sé quién eres’, sino ‘mira lo que me he reído contigo, pero fíjate ahora lo que haces’. Eso es maravilloso. O sea, disfruto con todo, pero esto es como que ahora necesitaba quitarme esa espinita de poder hacer un drama y decir ‘esto también lo sé hacer’.
Después de ‘La mujer rota’, ¿tiene claro cuál será su siguiente paso?
Ahora tengo todo este año de gira, entonces no pienso mucho. Soy muy de improvisar, porque otra cosa que te enseña la vida es el ‘tú haz planes que ella se encargará fastidiarlos y cambiarlos’. No tengo pensado. Sobre todo el audiovisual depende de que te llamen o no te llamen. Y ya te digo, tengo todo este año de gira, estoy muy contenta de la cantidad de funciones, de las críticas que vamos teniendo. Y realmente ahora estoy un poco en el aquí y el ahora.
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