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Blanca de la Torre, directora del IVAM, presenta "A media lumbre", un canto al buen vivir

El IVAM inaugura el 18 de febrero "A media lumbre", una exposición colectiva que explora los conocimientos y oficios tradicionalmente relegados, como la cerámica o el bordado, con obras de veintiocho artistas nacionales e internacionales.

Josefina Guilisasti. Tejiendo historias de supervivencias, 2023.

Josefina Guilisasti. Tejiendo historias de supervivencias, 2023. / IVAM

Voro Contreras

Voro Contreras

València

El Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) inaugurará el próximo 18 de febrero “A media lumbre”, una ambiciosa exposición colectiva comisariada por Blanca de la Torre, directora del museo, que propone un recorrido sensorial y político por los materiales, los oficios y los saberes tradicionalmente relegados al ámbito de las llamadas “artes menores”. Cerámica, barro, lana, fibras vegetales, bordado, sonido y silencio articulan una muestra que reivindica la lentitud, el cuidado y la transmisión oral como formas de conocimiento y resistencia cultural.

Con la participación de veintiocho artistas nacionales e internacionales, “A media lumbre se presenta como un canto al buen vivir y a la soberanía del tiempo. "Reivindicar las prácticas artísticas contemporáneas que recuperan conocimientos vernáculos no supone únicamente conservar técnicas tradicionales, sino también salvaguardar un patrimonio vivo compuesto por memorias, relatos orales y saberes populares”, explica De la Torre a Levante-EMV. “No tiene que ver con una mirada nostálgica sino con una forma de imaginar el futuro", asegura.

El fuego doméstico

El título de la exposición alude a ese estado intermedio del fuego doméstico que no arde con violencia, sino que calienta, acompaña y permite el encuentro. “La exposición se concibe como un filandón, como aquellas reuniones nocturnas en torno al fuego mientras se cosía, se bordaba o se realizaban labores manuales”, explica de la Torre. En torno a esa imagen, la exposición convoca una constelación de prácticas que dialogan con la tradición artesanal, la memoria colectiva y los vínculos entre territorio, cuerpo y materia.

Según explica Blanca de la Torre, la muestra nace de la necesidad de cuestionar las jerarquías que han separado históricamente el arte de la artesanía y de poner en valor saberes no hegemónicos vinculados a lo rural, lo doméstico y lo comunitario. “Mirar al pasado se convierte aquí en una forma de imaginar el futuro. Frente a la aceleración productivista, estas obras nos invitan a detenernos, a escuchar la voz de la materia y a ensayar otras maneras de habitar el mundo, más lentas, más cuidadosas y sostenibles”, señala la comisaria.

La exposición se despliega como un espacio liminal donde confluyen patrimonio material e inmaterial, técnica y afecto, gesto y relato. Los materiales no aparecen como recursos inertes, sino como archivos vivos cargados de memoria. La lana evoca la transhumancia y el cuidado; las fibras vegetales narran ecosistemas frágiles y estrategias de sostenibilidad; la cerámica remite a su función primordial de contener, preservar y acompañar la vida cotidiana. Todo ello configura un paisaje expositivo que apela a los sentidos y a la experiencia corporal.

Instalaciones, tejidos y néctares

Entre las obras presentadas destaca la instalación de Ana Laura Aláez, que trabaja el esparto como materia atravesada por la memoria física y emocional, o las piezas bordadas de Pilar Albarracín, que convierten una técnica tradicionalmente asociada al ámbito doméstico en una herramienta crítica y colectiva. Javier Bravo de Rueda, por su parte, construye una arqueología del residuo cerámico a partir de azulejos recuperados de la Real Fábrica de L’Alcora, activando una reflexión sobre la historia industrial y los procesos interrumpidos.

El recorrido incorpora también la dimensión sonora con propuestas como la de Saskia Calderón, que transforma el néctar ancestral del chaguarmishqui en una composición musical, o el proyecto de Susana Cámara Leret, centrado en la escucha del ecosistema del lúpulo y las memorias agrícolas de la provincia de León. La exposición integra, además, trabajos que abordan la migración, la ecología, la identidad y la transmisión cultural desde perspectivas diversas, como las instalaciones textiles de Lara Ordóñez, las cerámicas de Marta Font o las esculturas olfativas de Julie C. Fortier.

Las prácticas comunitarias

Uno de los ejes conceptuales de “A media lumbre” es la reivindicación del conocimiento situado y de las prácticas comunitarias. Muchas de las obras han sido realizadas en colaboración con artesanas, comunidades rurales y colectivos locales, subrayando la dimensión relacional del arte y su capacidad para activar procesos de reparación cultural. Así ocurre en el proyecto de Josefina Guilisasti, desarrollado junto a artesanas chilenas expertas en el tejido de crin de caballo, o en las piezas de Sonia Navarro, que recuperan el trabajo del esparto en colaboración con mujeres de la Región de Murcia.

La exposición forma parte de un proyecto itinerante que se desplegará también en Mallorca, Aragón y Cataluña, articulando un diálogo entre contextos urbanos y rurales. Tras su paso por el IVAM, la muestra viajará al Casal Solleric y Es Baluard Museu, para continuar posteriormente en el CDAN de Huesca y en el Museu TERRA de L’Espluga de Francolí. El objetivo es que este recorrido trace una cartografía sensible que conecta territorios, saberes y modos de vida, al tiempo que apuesta por modelos de producción cultural sostenibles, basados en el uso de materiales naturales, la reutilización de elementos y la reducción del impacto ambiental.

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