Fuera de compás
Deaf Devils, los valencianos más internacionales
En apenas dos semanas han tocado en Londres, Birmingham, Brighton y Canterbury. Y siempre con el resultado de victoria absoluta, tal y como relatan en inglés los periodistas de aquellos lares

Deaf Devils en concierto. / Alonso Roselló

Si usted es valenciano y no conoce a los Deaf Devils, mal. Muy mal, porque resulta que, ahora mismo, son nuestros artistas más internacionales. Más allá de los Pirineos se los rifan, créame. Y a un servidor, con el coco comido por la historia de la música pop y toda su simbología, sus formalidades y su parafernalia, después de tantas y tantas películas, fotografías y documentales, le sabe mal que cuando regresan a València no haya una multitud esperándoles en el aeropuerto, a pie de escalerilla, con persecuciones por los pasillos y una chispeante rueda de prensa celebrando el triunfo con mucho comentario jocoso y muchas interioridades. Maldita mitomanía.
Y no es para menos, porque en apenas dos semanas han tocado en Londres, Birmingham, Brighton, Canterbury, Dunquerque, Haarlem, Aarschot y Berlín junto a G.B.H. o The Exploited, grandes e incombustibles nombres de la escena punk mundial, que se dice pronto. Y siempre con el resultado de victoria absoluta, tal y como relatan los periodistas de aquellos lares, que saben de lo que hablan. Total, que al aeropuerto no puedo ir, pero sí que marco el teléfono de Lucyfer, que es la cantante de este cuarteto de punk rock que completan su hermano Erik Von a la batería, Pipe a la guitarra y Kuba al bajo.
“Acabamos agotados, son giras cortas pero muy estresantes. Nos levantamos sin haber dormido apenas, nos pegamos 7 horas de autobús para llegar a donde tocamos, probamos sonido sin haber comido, hacemos el show y vuelta a empezar. Es una locura pero estamos muy contentos porque cada vez sonamos mejor y tenemos más público. Impresiona hacer un sold out en lugares donde hace décadas tocaron tus propios ídolos”, me explican ella y Pipe.

Deaf Devils / Alonso Roselló
La banda de Patraix está presentando su primer elepé, un balonazo en toda la oreja a traición en mitad del recreo el día más frío del año. Una gozosa barbaridad de rock and roll eléctrico, potente y vertiginoso al que le pueden añadir las etiquetas de death-punk y high-energy entre otras, con influencias de MC5, Turbonegro, Hellacopters o Misfits. Un atropello sonoro en toda regla repleto de energía, velocidad y sencillez, pero también de ilusión y honestidad. Y muy bien elaborado, producido con intención y acierto, con detallitos sugerentes en los pedales de las guitarras, que solean variadas y siempre muy bien definidas en primer plano, y toneladas de chicha en la sección rítmica, como escuchamos en “Gates Of Hell”. También hay lugar para las melodías consistentes y los estribillos poderosos, como en “Dancing With The Devil” y “The Offer”, donde lucen elegancia y tronío, y avances espectaculares de la gran banda en la que se van a convertir a poquito que la suerte los acompañe. Ejemplo, “Lucyfer” y “Deaf”, que cierran el disco sacando lo mejor que estos chavales tienen dentro.
Suenan rodados y engrasados. No es casualidad ni accidente, sino cuestión de talento y mucho trabajo: estos animales de directo nunca dicen que no a marcarse un puñado de canciones en cualquier lugar y bajo cualquier circunstancia. Se enfundan sus maqueos de drugos de “La Naranja Mecánica”, Lucy saca sus modelitos de sacerdotisa dominatriz satánica con gorra de plato lista para el sacrificio ritual y comienza el huracán. Saltos, patadas, contoneos violentos, reptar por el suelo, bajar del tablado para mezclarse con el público, subirse a las torres de sonido, pegarle fuego a la hoja del setlist… sin perder nunca la visión profesional ni dando la espalda a sus responsabilidades.
No tiene planes de aburrirse o aburrir, tanto es así que cuando se toman un descanso de sí mismos se disfrazan de los Cramps y les hacen un homenaje por todo lo alto. En mayo vuelven al Reino Unido, a tocar delante de viejos punks que vieron a los Pistols, a los Clash y a los Damned en los setenta y que alucinan con su actitud. Después de dos años de girar sin cesar por España y Europa aseguran no tener un público preferido pero sí reconocen que los del terreno son “más cercanos, más colegas” y que les encantan los locales pequeños donde existe la interacción con los asistentes.
En junio actúan en casa, en Viveros, junto a Soziedad Alkohólika y Angelus Apatrida sobre un escenario enorme en un gran recinto al descubierto. Me cuentan que será una experiencia nueva pero que tampoco lo tienen muy presente, que viven el momento sin pararse a pensar y sin asimilar apenas todo lo que están viviendo. La cuestión es no aflojar, no pisar el freno. Vivir tan rápido como tocan. Y seguir tirando millas.

Deaf Devils / Chris Mock
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