Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Cuando se falla a la memoria de Nino Bravo

Quienes somos de Aielo sabemos que el vínculo con Nino Bravo no es algo artificial. Por eso duele comprobar cómo se ha dejado deteriorar algo que nunca debió tratarse como un trámite administrativo más.

Miguel Angel Ferri Llopis (Asesor d’Ens Uneix en la Diputació de València).

València

Soy natural de Aielo de Malferit. Aquí nací, aquí crecí y aquí aprendí que hay nombres que trascienden a las personas y se convierten en patrimonio colectivo. Nino Bravo es uno de ellos.

Quienes somos de Aielo sabemos que el vínculo con Nino Bravo no es algo artificial ni impuesto. Forma parte de nuestra cotidianidad desde hace décadas. Su nombre aparece en conversaciones, en recuerdos familiares, en la forma en que nos presentamos fuera. El museo dedicado a la memorai de nuestro cantante más universal, ha sido durante años un punto de encuentro entre esa memoria íntima y quienes nos visitaban. Por eso duele especialmente comprobar cómo se ha dejado deteriorar algo que nunca debió tratarse como un trámite administrativo más.

En los últimos días hemos asistido, con tristeza y también con cierta indignación, a la noticia de que la familia de Nino Bravo no renovará el contrato de cesión de bienes, marca e imagen del artista que dan sentido al museo ubicado en su localidad natal. Una decisión grave, sí, pero que conviene analizar con honestidad antes de buscar culpables externos.

Durante años, la gestión del museo por parte de los distintos gobiernos municipales ha sido claramente deficiente. El mantenimiento del espacio, la conservación del material expuesto, la ausencia de una estrategia de difusión cultural y turística, y una relación cada vez más deteriorada con la familia han dibujado un escenario insostenible. No se puede custodiar un legado de esta magnitud desde la improvisación ni desde la desidia o la miopía política.

Resulta especialmente preocupante escuchar voces del ayuntamieto que celebran un hipotético cierre del museo como un “ahorro” para el municipio. Ese argumento no solo es mediocre, sino profundamente injusto. Nino Bravo ha devuelto a Aielo mucho más de lo que jamás se le ha dado: visibilidad, prestigio, visitantes y una proyección que muchos pueblos jamás alcanzarán. Reducir todo eso a una línea de gasto es empobrecer el debate.

El retorno que Nino Bravo genera para Aielo no se mide únicamente en cifras contables. Se mide en visitantes que descubren el pueblo gracias a su figura, en comidas, pernoctaciones, compras y, sobre todo, en imagen. En definitiva, un retorno simbólico y cultural incalculable. En un territorio que lucha contra la despoblación y el olvido, renunciar “voluntariamente” a uno de sus principales activos culturales resulta, como mínimo, incomprensible. Pocos municipios pueden presumir de un legado artístico con reconocimiento nacional e internacional.

Por fortuna, la Diputación de València ha manifestado su voluntad de mediar y de trabajar para que el legado de Nino Bravo permanezca en Aielo de Malferit, total o parcialmente. Esa implicación institucional es imprescindible cuando un ayuntamiento no ha sabido (o no ha querido) estar a la altura de su responsabilidad histórica.

El museo no es solo un edificio ni una colección de objetos. Es memoria, identidad y respeto. Y cuando un pueblo (o sus representantes) descuida su memoria, se empobrece como comunidad. Confío en que aún estemos a tiempo de reconducir la situación, de reconstruir puentes con la familia y de ofrecer una gestión profesional y digna del legado de uno de los artistas más importantes de nuestra música.

La familia de Nino Bravo, nombre artístico de Luís Manuel Ferri Llopis, merece respeto y apoyo institucional. No es razonable exigir cesiones indefinidas sin garantizar unas condiciones dignas de conservación y divulgación. La responsabilidad de las instituciones públicas no es apropiarse de un legado ajeno, sino cuidarlo con rigor, sensibilidad y profesionalidad. Reconocer errores, aunque llegue tarde, es siempre el primer paso para reconstruir la confianza perdida.

Aielo de Malferit no puede permitirse perder a Nino Bravo. Pero, sobre todo, no puede permitirse volver a fallarle.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents