Literatura
Se busca futuro para 30.000 libros: José Luís Freire, el ingeniero de minas que soñó con ser librero
La librería Patriarca cerró en 2004 y un extenso legado de ejemplares se reparten en diversos almacenes de València y Madrid a la espera de encontrar un futuro mejor. Freire regentó este negocio casi por afición durante diez años, tras retirarse del mundo empresarial, por puro amor a los libros: "Fue la etapa más feliz de mi vida", reconoce

José Luís Freire, con su biblioteca privada que ha ido confeccionando a lo largo de los años. / José Manuel López

José Luis Freire leía hasta las hojas de periódico que se usaban como cartuchos para guardar la comida en los mercados. Algunas estaban mojadas por el pescado, otras manchadas por la fruta, la carne o el aceite. Su curiosidad era incansable. La Guerra Civil se llevó su biblioteca familiar. Hasta que se repusieron los ejemplares expoliados y perdidos, Freire pasó la década de los años cuarenta entre hojas de diarios reutilizadas. Eso le permitió saciar esa curiosidad innata con todo tipo de información. Ahí se formó la semilla que medio siglo después florecería en forma de librería, Patriarca, en la calle de La Nau de València, una 'librería de viejo' de la que hoy todavía queda su propósito en algunos marcapáginas: "Compra-venta de libros antiguos y modernos, coleccionismo, bibliotecas, revistas, etc". De todo aquello, hoy queda un legado de 30.000 libros con un futuro aún por resolver.

José Luis Freire en la librería Patriarca, en una imagen de archivo facilitada por el librero. / JLF
Patriarca fue una librería con solera. Freire recuerda que desde la primavera y hasta el otoño, las puertas siempre estaban abiertas y disfrutaba de que la gente pasara largos ratos rebuscando entre libros. Ejemplares que compró a lo largo de toda su vida. Fue su obsesión, derivada de cuando tuvieron que abandonar el hogar familiar, en Colmenar de Oreja (Madrid). Su padre fue perseguido y huyeron a Francia. De allí, a Euskadi, donde nació y vivió José Luís hasta que unos años después pudieron volver a la meseta. Cuando regresaron, la casa solariega había sido utilizada como cuartel -Colmenar estaba en la retaguardia del Jarama- y no quedaba nada de las posesiones familiares.
Compra semanal de libros
Todos los libros se perdieron y Freire compensó esa carencia infantil comprando ejemplares cada semana de su vida. Primero, poco a poco, pero más tarde -ya licenciado como ingeniero de minas, con un buen sueldo en València a donde llegó a trabajar para Valenciana de Cementos- compraba cajas enteras. Durante años, hasta que conoció a Adela, visitaba los principales establecimientos del centro de València que iba acumulando en su casa de Colmenar. Cuando Cemex compró la empresa valenciana, Freire abandonó el mundo empresarial e inició el viaje que siempre había querido hacer: tener su propia librería.
"Iba para ingeniero de Caminos, me cogieron en Minas, pero los libros -más que la lectura- han sido siempre mi pasión", explica. De ahí que hoy en día, toda la recopilación de libros, tanto originales como los que compró para reponer en la librería, campen por cuatro almacenes: tres en València y uno en Colmenar. "En el sector se dice eso de que un librero empieza con un libro y un millón de pesetas, y cierra el negocio con un millón de libros y una peseta", bromea.

Uno de los almacenes de libro en Colmenar de Oreja, en Madrid, de José Luís Freire. / JLF
Fundó Patriarca por cumplir su sueño, que se hizo realidad. Compró un local en la calle La Nau, donde se aglutinaban algunas de estas 'librerías de viejos' que otrora se habían especializado en la compra-venta de libros universitarios que los estudiantes vendían a los libreros. Cuando Freire llegó a este enclave del centro de València, algunos de esos negocios se habían reconvertido en prostíbulos, "pero el juez Guillermo Forteza se encargó de cerrarlos todos". De ahí que localizara uno, en el número 6 de esta vía, que eligió para abrir su librería.
Cambió moquetas y tapizados rojos por estanterías de madera maciza. Hizo que entrara luz, que la estancia se ventilara, que fuera un lugar agradable que visitar y donde pasar tiempo. El 20 de noviembre de 1995 comenzó la aventura después de traer desde Colmenar cajas y cajas con obras que más tarde llenaron el negocio.
Berlanga, Sanguinetti... y su sobrino Daniel
Fue un intruso en el sector. Lo reconoce él mismo, pero sonríe al recordar que abrió "la librería más bonita de València". En ella estableció amistad con Luis García Berlanga, que era aficionado a este tipo de librerías donde buscaba inspiración. De hecho, fue el impulsor de 'La sonrisa vertical', una colección erótica de la editorial Tusquets. Freire, aficionado al cine, tuvo el privilegio de que el director le narrara en directo todas las anécdotas que vivía en Hollywood con la promoción de sus películas, como 'Plácido', que alabó Billy Wilder.
Emilio Gutiérrez Caba fue otro de los intelectuales que pasaron por allí. Al presidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti, le conoció en la Fira del Llibre, que visitó en una comitiva oficial el día de su inauguración y paró en su caseta a comprar una serie de tres tomos sobre su país natal. Con él estaba la entonces alcaldesa de València, Rita Barberá, así como el presidente de la Diputación de València, Manuel Tarancón, a quien le prestó una gran cantidad de libros de una colección de la editorial Labor, en la que llegaron a publicarse unos 1.500 títulos.

Freire, Sanguinetti y Tarancón en la caseta de la Fira del Llibre de Patriarca. / JLF
Sin embargo, décadas después, ese universo de libros acabaría filtrándose también en la siguiente generación. Esta semana, las puertas de la librería se han vuelto a abrir simbólicamente para presentar el libro de su sobrino, el periodista y escritor Daniel Ramírez García-Mina. Eligió uno de los tres almacenes de su tío abuelo para auspiciar la promoción de su novela 'Los días que no existieron' (Espasa, 2026).

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Francisco Calabuig
Ramírez conoció por poco tiempo la librería abierta, pero exploró en profundidad todos estos fondos bibliográficos, criándose entre esas estanterías cada vez que venía de visita a València. Esa sensación queda reflejada en esta obra, que protagoniza Julia, una periodista que conoce a un librero con el que entabla una relación y le descubre una gran historia para contar en su periódico. Ramírez homenajea, dentro y fuera de las páginas, el legado de su tío José Luis en Patriarca.
Fin de etapa y futuro incierto
Freire se jubiló y cerró el establecimiento el 4 de abril de 2004. Los libros buenos se los quedaba los coleccionistas, otros los guardó él. Más de 30.000 siguen esperando unas manos que los sostengan. "Yo los vendería, pero los libreros no los compran; por poner un ejemplo, el librero Toni Lorenzo tiene un millón de ejemplares, y otro de la calle Hortaleza de Madrid, con el que hablé hace poco, tiene en torno a 2 millones. Nadie quiere comprar más", dice Freire.

José Luís Freire, esta semana en su biblioteca privada. / José Manuel López
La donación tampoco parece ser una vía abierta: ya lo propuso al Ayuntamiento de Colmenar, que los rechazó por el trabajo que suponía para el equipo de bibliotecarios archivar y documentar todos esos fondos.
Durante la posguerra, José Luis Freire aprendió a leer en hojas de periódico manchadas de pescado y fruta. Ocho décadas después, miles de libros enteros esperan, intactos, a que alguien vuelva a abrirlos.
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