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La "actitud negativa" de los visitantes desata el caos en la obra interactiva "El mundo del cambio irreversible" del Centro Hortensia Herrero

Miles de visitantes han interactuado con la obra desde que se inauguró el museo, desatando un conflicto en su interior que terminará con la destrucción de la aldea japonesa digital

Las llamas se expanden por 'El mundo del cambio irreversible' del Centro Hortensia Herrero

Germán Caballero

Voro Contreras

Voro Contreras

València

A las 18.45 horas del sábado, en una sala del Centro de Arte Hortensia Herrero, estalló una guerra. No hubo gritos ni estampidas, pero sí incendios, cadáveres virtuales y una aldea entera que ha empezado a ser reducida a cenizas. Y en ello sigue ante la mirada atónita de los espectadores que visitan estos días el museo. La batalla, todavía en liza, no está ocurriendo en el mundo real, sino dentro de una obra de arte: El mundo del cambio irreversible, una instalación digital interactiva del colectivo japonés TeamLab.

Durante dos años y medio, la aldea medieval japonesa que habita esta pieza ha estado viviendo en una paz relativa solo interrumpida por las manos de los espectadores que, pese a las advertencias de los guías, intentaban tocar el lienzo/pantalla. En su interior, los aldeanos han trabajado y festejado siguiendo el calendario japonés mientras las estaciones pasaban con la misma cadencia que en València. Su escenario se sincroniza en tiempo real con la ciudad donde se expone: amanece con el alba valenciana, anochece con su puesta de sol y reproduce su clima, desde la lluvia hasta los cambios estacionales. La vegetación crece y se transforma día a día, mientras los habitantes desarrollan la rutina cotidiana de cualquier pueblo japonés del medievo.

"El mundo del cambio irreversible" de TeamLab en el Centro de Arte Hortensia Herrero.

"El mundo del cambio irreversible" de TeamLab en el Centro de Arte Hortensia Herrero. / Germán Caballero

La "actitud negativa"

Todo había seguido un ritmo armónico, hasta que la “actitud negativa” de muchos de los más de 400.000 visitantes que han pasado por el CAHH desde el día de su inauguración ha terminado por desatar un conflicto total que ya sabemos cómo terminará: con la destrucción de la civilización.

El de “El mundo del cambio irreversible” no es un simple paisaje contemplativo. La obra está dotada de sensores que detectan la interacción del público. Cuando un visitante toca la pantalla, los aldeanos reaccionan: se inquietan, se alteran, cambian su comportamiento. “Esas interacciones, que eran como pequeñas molestias, se iban acumulando en los propios habitantes hasta que ayer, a las siete menos cuarto, se desató la guerra», explica Loreto de la Escalera, una de las responsables de comunicación del centro.

La secuencia ha sido rápida y devastadora: primero comenzaron las peleas en uno de los extremos del mural digital; dos horas después aparecieron los primeros cadáveres; y al día siguiente -es decir, este domingo-, la ciudad entera estaba en llamas.

La advertencia estaba clara

Los visitantes no tocaban la obra por desconocimiento. Todo lo contrario. Los mediadores culturales que les acompañaban en la sala explicaban el funcionamiento de la pieza y advertían de las consecuencias.

«Contábamos que si se tocaba demasiado, los habitantes se enfadaban y podía ocurrir esta guerra. Nuestro objetivo era que la obra durase el máximo tiempo posible», señala De la Escalera. «Era curioso ver las dos actitudes extremas: personas que querían provocar el caos y otras que se echaban atrás porque no querían ser responsables».

Desde la apertura del centro, en noviembre de 2023, más de 400.000 personas han pasado ante esta obra. Cada gesto, cada roce, cada interacción ha ido quedando almacenada en una especie de memoria colectiva digital que, finalmente, ha terminado por romper el equilibrio.

Un final sin marcha atrás

Una vez iniciada la guerra, el destino de la obra está sellado. Durante un tiempo indeterminado -que podría extenderse días o tal vez semanas- los personajes seguirán luchando. Después, la ciudad permanecerá ardiendo durante aproximadamente un año. Más tarde, solo quedarán ruinas. ¿Qué vendrá después? Sobre esas cenizas empezará a crecer la vegetación. Brotarán plantas, florecerán, caerán, volverán a crecer. Las estaciones seguirán su curso, pero la civilización habrá desaparecido para siempre.

«Es una obra que no se puede resetear. No se puede volver al punto inicial. Nuestros actos tienen consecuencias y no hay vuelta atrás», subraya De la Escalera. Ese es, precisamente, el núcleo conceptual del proyecto: una metáfora del impacto de la acción humana sobre los sistemas naturales, sociales y tecnológicos.

"El mundo del cambio irreversible" de TeamLab.

"El mundo del cambio irreversible" de TeamLab. / Germán Caballero

De Basilea a València

La historia de esta obra en València empezó en la feria de arte contemporáneo de Basilea, Art Basel, donde Hortensia Herrero descubrió otra pieza de la misma serie. Allí, el desenlace fue mucho más rápido: en apenas un día, debido al intenso flujo de visitantes, la interacción masiva desencadenó la guerra casi de inmediato.

Impactada por la potencia simbólica del proyecto, Herrero decidió adquirir El mundo del cambio irreversible para su centro de arte en València, donde ya ha permanecido dos años y medio mostrando el ciclo completo de estaciones: cerezos en flor, calles nevadas, lluvias persistentes y veranos luminosos. Un ciclo casi bucólico que ahora ha terminado. Aun así, el cuadro seguirá exponiéndose pero mostrando otro contenido.

TeamLab: arte, ciencia y tecnología

Fundado en Japón por Toshiyuki Inoko, TeamLab es un colectivo internacional formado por más de cien especialistas: artistas, ingenieros, programadores, matemáticos, animadores y arquitectos. Su trabajo se sitúa en la frontera entre arte, ciencia, tecnología y naturaleza, con un objetivo claro: romper los límites tradicionales de la percepción.

Sus instalaciones inmersivas han recorrido el mundo, con exposiciones en ciudades como Nueva York, Londres, París, Singapur, Pekín y Melbourne, y museos de referencia internacional. En todas ellas, el espectador deja de ser un observador pasivo para convertirse en agente activo del relato. En El mundo del cambio irreversible, esa participación adquiere un valor moral: cada gesto cuenta, cada decisión suma, y el resultado es colectivo.

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