David Uclés (Escritor): "No me voy a ir de un país al que adoro porque algunos no paren de ladrarme"
El escritor David Uclés, reciente ganador del premio Nadal, reflexiona sobre su nueva novela, "La ciudad de las luces muertas", donde figuras como Cortázar, Laforet, Orwell o Picasso sobreviven en una Barcelona sumida en la oscuridad

Miguel Angel Montesinos

Como si fuera una de esas películas catastróficas de los 70 en las que decenas de estrellas de Hollywood intentaban sobrevivir al naufragio del Poseidón o al coloso en llamas, en La ciudad de las luces muertas, la nueva novela de David Uclés, un buen puñado de grandes nombres de la cultura como Carmen Laforet, Cortázar, Mario Vargas Llosa, García Márquez, Picasso, Simone Weil, Rosalía o Montserrat Caballé intentan sobrevivir en una Barcelona anacrónica y múltiple que ha sido tomada por una extraña oscuridad. En esta conversación, el nuevo ganador del premio Nadal reflexiona sobre el proceso creativo, el papel del arte frente a los tiempos convulsos, la presión mediática, la enfermedad que ha marcado su mirada sobre la vida y el sentido último de una novela que apuesta por la imaginación como forma de resistencia.
¿Qué se siente manejando las vidas de Cortazar, Picasso, Gaudí o Carmen Laforet? ¿Como una especie de dios?
No, es más como un marionetista. Pero siempre intento que los personajes se parezcan un poco, que la escena guarde relación con su propia vida y hacerlo desde el respeto hacia sus figuras, hacia la persona y hacia lo que hicieron.
En su libro, Monsardà le advierte a Laforet que la literatura no solo afecta a quien la escribe, sino también a los lectores. ¿Cómo espera que afecte a los suyos?
La novela es un divertimento, es una aventura onírica. Así que espero que se evadan, que pasen un buen rato en otro lugar. Y, aparte, que revisiten la ciudad que ya conocen y que, cuando vuelvan a ella, la miren con otros ojos. Eso sería bonito.
Quiere que se evadan, pero hay lectores que ya interpretan la oscuridad que en la novela se cierne sobre Barcelona de una manera muy política.
Cuando empecé a escribirla en 2021 no tenía la sensación de una fuerza oscura inminente, pero sí que reflejaba cómo en el pasado ciertas fuerzas oscuras, sobre todo fascistas, asfixiaron la ciudad y a sus habitantes. Es cierto que leída ahora puedes hacer una comparativa entre nuestra situación y la que sufrieron ellos. Pero no estaba previsto. El mal que afectó a nuestro país en el siglo XX fue el fascismo y, si ahora se están despertando fuerzas de ultraderecha, es lógico que se haga la comparación.
En el libro los protagonistas están desconcertados ante esa oscuridad, pero en la realidad hoy mucha gente parece bastante cómoda.
Creo que siempre ha habido simpatizantes de las ideas fascistas o más conservadoras. No creo que haya mucha diferencia entre cómo se acoge hoy el fascismo y cómo se acogía antes. Hay de todo: gente que lo abraza y gente que lo rechaza. Quizá ahora estamos viendo primero a los que lo abrazan y luego tendremos que salir los otros a intentar pararles los pies. Quizá nos estamos dando cuenta de que más serio de lo que pensábamos.
Advierte en la novela que la oscuridad también afecta a los arribistas y a la gente sin escrúpulos.
Sí, claro. Probablemente la mayor oscuridad a la que nos enfrentamos es que las nuevas generaciones vayan a votar a ultraderecha. Si sigue así la cosa, el Partido Popular probablemente no desaparezca, pero sí deje de tener importancia respecto a Vox. Y no creo que sea algo positivo porque veo cierta tendencia en Vox a querer manifestar su deseo de que su moral sea la del resto. Y eso es peligroso.

El escritor David Uclés, autor de "La ciudad de las luces muertas", en la redacción de Levante-EMV. / Miguel Ángel Montesinos
"No leo críticas y no tengo redes"
¿Por qué en la novela son los artistas los que tienen que dar luz en la oscuridad?
Bueno, también hay periodistas, hay ingenieros, hay físicos, hay arquitectos… Lo que no hay son políticos. La creatividad siempre ha canalizado los males de la sociedad y ha hecho un ejercicio de catarsis para que el público sienta una empatía mayor hacia el problema. Creo que el arte es la mejor herramienta para despertar conciencia. La gente está cansada del discurso político, que hoy parece más un show televisivo que algo que haya que meditar.
En las últimas semanas usted ha pasado a formar parte de ese show después de negarse a participar en las jornadas sobre la Guerra Civil que organizó Pérez Reverte. ¿Le ha afectado?
No leo críticas y no tengo redes, así que estoy bastante ajeno a todo eso. Para mí no ha cambiado nada: voy a las librerías y siguen llenas, los libreros me muestran el mismo entusiasmo. Se ha hablado mucho de mí, a veces bien y otras peor, pero intento no hacer caso a las críticas, ni a las buenas ni a las malas.
¿No le preocupa que, en su caso, el debate político eclipse el literario?
Nada está exento del debate político, pero yo no soy político. Voy a seguir dedicándome a la escritura. No creo que mis lectores dejen de considerarme escritor para verme como político. Las polémicas, al final, han hecho que me conozca más gente.
Laforet, en su novela, dice que basta con desacralizar la escritura para empezar a escribir. ¿Se desacrailiza usted mucho?
Sí. Nunca he tenido el síndrome de la página en blanco porque no le doy ese respeto. Cojo un folio en blanco, vuelco en él todo el caos que tengo en la cabeza y luego lo ordeno poco a poco. Hay que desacralizarlo para estar más tranquilo.
"Gracias a mi enfermedad soy un hombre muy feliz"
Tiene una arritmia grave desde muy joven. ¿Cómo ha modelado su forma de mirar la vida?
Mucho. Me ha ayudado a relativizar. En el fondo, gracias a la arritmia soy un hombre muy feliz, porque estoy vivo. Eso es un lujo. Nunca he tenido depresión, no me permito estar triste. La arritmia dura unos minutos en los que se te puede parar el corazón. Así que mi filosofía de vida es muy simple: no sé qué es esto, no sé lo que hacemos aquí, pero voy a hacer todo lo posible para que los que me rodean sí puedan preguntárselo sin que nadie se lo imponga.
¿Le protege también esta debilidad del ruido mediático?
Sí, también. Este verano me voy a tomar dos años sabáticos para escribir lo siguiente porque siempre voy a extranjero cuando escribo. Pero me voy por eso, para escribir. No me voy a ir de un país que adoro porque haya algunos que no paren de ladrarme.
¿Qué luz le gustaría que el lector encontrara al final del libro?
Más que una luz, me gustaría que el lector encontrara un reflejo de cómo somos como sociedad y de que en el pasado sí que fuimos capaces de arrimar el hombro y de enfrentarnos a diversas fuerzas que quieren imponer su moral. Si lo hicieron antes que eran menos y tenían menos redes para estar unidos, también podemos hacerlo nosotros. Al pueblo progresista le hace falta un poco de ilusión para cambiar las cosas.
O sea, que al final el objetivo del libro es político.
No, el objetivo del libro era hacer un ejercicio de imaginación bruto, construir un mundo onírico que a mí me impresionara y a los lectores también. Pero fíjate cómo somos y cómo sois los periodistas, que os quedáis solo con la capa política, cuando hay muchísimas más. He querido meter todo Barcelona en el libro, con todo su espectro, y por eso hay política, hay gastronomía, hay biografía, hay arte, hay arquitectura, hay todo lo que contiene la ciudad. La oscuridad puede significar o el fascismo, o la condición humana, o la gentrificación, o el turismo masivo. Depende del lector y del personaje que narra en ese momento en la oscuridad.

El escritor David Uclés, autor de "La ciudad de las luces muertas", en la redacción de Levante-EMV. / Miguel Ángel Montesinos
"No intento burlarme de mis personajes, ni siquiera de Franco"
¿Hay algún vínculo en común que le una a usted con los personajes? ¿Simpatía, por ejemplo?
No, hay dos que no me caen bien: Picasso y Josep Pla. Por eso pongo lo que escribió Pla sobre las mujeres y los homosexuales y a Picasso lo muestro inhumano, aunque también cuento cuando se emociona al saber en un libro publicado en 2024 que su amigó se suicidó.
Eso me ha recordado a lo del almanaque de deportes en “Regreso al futuro 2”.
Sí, sí. No lo había pensado. La cuestión es que respeto a todos los personajes. No intento tergiversar sus vidas, ni matarlos cuando no murieron, ni ponerle ideas políticas o sociales que no tenían. No intento burlarme de ninguno. Ni siquiera me burlé de Franco o de los militares fascistas en “La península de las casas vacías”. Siempre los intento respetar.
¿Todo el mundo merece un respeto?
(Duda) Bueno, depende.
¿Hitler?
No, Hitler no.

Largas colas para la firma de Uclés en la Librería Imperio / Levante-EMV
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