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Espacio artístico

La Hidráulica se consolida como refugio de la creatividad valenciana

Seis artistas de diferentes disciplinas forman parte de este colectivo y espacio donde la obra de cada uno se alimenta de las demás, celebrando la diversidad de lenguajes de una generación de artistas que representan la cantera de la producción artística de València

Algunas de las obras expuestas el jueves en La Casa Hidráulica de València.

Algunas de las obras expuestas el jueves en La Casa Hidráulica de València. / L-EMV

Amparo Soria

Amparo Soria

València

La Hidráulica ha organizado su segundo estudio abierto para conocer el trabajo de los seis artistas residentes de este espacio creativo donde se trabaja y convive para funcionar como lo que son, un colectivo y un lugar donde cada uno trabaja en su obra pero se alimenta de los demás. Los procesos creativos, diferentes en cada disciplina -pintura, investigación y diseño- convergen e interactúan completándose a sí mismos, nutriéndose unos a otros pese a que las prácticas sean distintas. Lejos de competir entre sí, construyen un ecosistema propio a base del repertorio conceptual de cada uno.

Es el segundo año que organizan esta jornada de puertas abiertas para exponer el trabajo realizado en este último año y acercar al público sus particulares visiones no ya del arte, sino del mundo. Agustina Bornhoffer es la comisaria de La Hidráulica y se encargó de introducir a cada uno de ellos y su trabajo. Son la cantera del arte valenciano, la mayoría de ellos nacidos a las puertas del año 2000 y han encontrado en este espacio tanto su casa -cuatro de ellos viven allí- como su taller de trabajo, situado en la calle José Grollo, en pleno centro de Benicalap.

Estudio abierto el jueves en La Hidráulica.

Estudio abierto el jueves en La Hidráulica. / L-EMV

En La Hidráulica conviven prácticas muy distintas que, lejos de competir entre sí, construyen un ecosistema de imaginarios complementarios. El espacio funciona como un laboratorio abierto donde el dibujo, la pintura, la escultura, la bioexperimentación o la impresión 3D dialogan desde posiciones muy personales.

Alba Ramiro trabaja desde el dibujo y la gráfica como una forma de huida. Su obra parte de la necesidad de proyectar otros escenarios simbólicos, lugares imaginados que plantean maneras alternativas de estar en el mundo, de ver, oír y transitar la realidad. En sus piezas aparecen constantes referencias infantiles, no tanto desde la nostalgia sino desde el diálogo entre lo que imaginaba entonces y lo que tiene ahora. Esa tensión entre memoria e imaginación construye un territorio íntimo, delicado y a la vez profundamente consciente.

En un registro casi opuesto pero conectado a la obra de Ramiro, Antonio Ovejero desarrolla una pintura figurativa que persigue "lo sublime en lo cotidiano". El cofundador de La Hidráulica trabaja con objetos que forman parte de la memoria familiar, como bolsos, sortijas o porcelanas que remiten a interiores domésticos donde lo hortera y lo kitsch adquieren una potencia casi emocional. Sus cuadros exageran y saturan escenarios que, como su compañera, ya no existen en su vida, pero que sobreviven como imágenes culturales compartidas con casi cualquiera. En esa amplificación aparece una mirada irónica pero profundamente afectiva, gracias a referencias reales que ha rescatado de su casa familiar que usa ahora como modelos.

Frente a esa iconografía reconocible, Manel Bafaluy construye un mundo radicalmente distinto y abstracto. Gracias a las gafas de realidad virtual modela una plastilina digital que después materializa con impresión 3D y procesos cerámicos. Sus figuras, biomórficas y oníricas, remiten a estructuras óseas e insectos, con formas que parecen pertenecer a un mundo paralelo en lo que se conoce como biología especulativa.

Jaume Castañer Llidó se mueve entre el arte y el diseño desde una lógica de producción autónoma que le permite acelerar y modificar los procesos mientras los lleva a cabo. Sus obras, que a veces parecen generadas por inteligencia artificial por la nitidez con la que se presentan, parten sin embargo de un trabajo manual y analógico donde el proceso queda a la vista, sin camuflajes. Trabaja con objetos cotidianos, desplazándolos hacia una dimensión escultórica. En su línea más reciente “roba” la silueta de los objetos: observa su potencial formal, extrae sus contornos y recompone esas formas en nuevas configuraciones. "No me interesa tanto diseñar algo nuevo sino repensar lo que ya está diseñado", explica.

La naturaleza decide hacia dónde va la obra

Carla Velasco sitúa su práctica en lo que ella misma define como "un espacio de germinación". Literalmente, lo es, ya que en su zona de trabajo cría diferentes organismos que nacen, crecen, mutan y mueren dejando a lo largo de todo ese proceso un resultado artístico que ella ha decidido investigar. Procede del ámbito textil, pero ha desplazado su trabajo hacia la experimentación con materiales biodegradables y organismos vivos. De ahí que explique que el resultado de su trabajo corre su propia suerte, ya que Velasco propone el concepto, pero acepta que el micelio -uno de los elementos con los que trabaja- crezca a su antojo, o que la kombucha genere superficies que funcionan como cueros orgánicos. En su caso, el proceso no es solo creativo, sino también de investigación para encontrar el lugar en el que diseño y materia converjan.

Carla Velasco, Antonio Ovejero y Jaume Castañer Llidó el jueves en el estudio abierto de La Hidráulica.

Carla Velasco, Antonio Ovejero y Jaume Castañer Llidó el jueves en el estudio abierto de La Hidráulica. / L-EMV

Por su parte, Joar Remolar, cofundadora de La Hidráulica, articula su producción entre la pintura y la escultura. En sus piezas se generan atmósferas vaporosas donde conviven lo umbrío y lo brillante, lo material y lo etéreo, como un caballo que pierde su forma, sin perderla del todo, en su cuerpo. Además, impulsa proyectos curatoriales como la próxima exposición en la galería Catástrofe, que reunirá a siete artistas de Bellas Artes, ampliando así la red de intercambio más allá del propio espacio.

Así, La Hidráulica es un taller compartido pero por encima de eso se trata de un polo creativo que ensancha la realidad artística de la ciudad, cubriendo todo el proceso, desde la producción en sí misma como las relaciones personales y de experimentación que se crean entre sus paredes. Contra la homogeneización, el espacio reivindica la diversidad de lenguajes y estilos, pero también lo analógico con lo digital y lo íntimo de cada obra con lo colectivo de los artistas que llenan la casa. Es la consolidación de un espacio que funciona y que ofrece la oportunidad de seguir germinando ideas transformadoras.

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