Xelo Montesinos: "Me preocupa la polarización"
La consejera delegada de Unicorn Content, tras una larga trayectoria en medios, reflexiona sobre la evolución de la televisión y el periodismo, destacando la importancia de la reputación

Xelo Montesinos / Levante-EMV
Ricky García
Xelo Montesinos es una de las figuras clave de la producción televisiva en España. Ha levantado un imperio audiovisual de la mano de su inseparable Ana Rosa Quintana, con la que lleva trabajando desde el magacín vespertino de Antena 3 'Sabor a ti'. Con ella ha creado escuela a la hora de producir espacios de actualidad y reportajes, creando un estilo propio y directo a la hora de abordar la información, siempre con el testimonio de los protagonistas de la noticia y de la mano de sólidos de profesionales que han nacido y crecido en sus filas.
La valenciana ha formado parte de la redacción de diferentes espacios de actualidad y liderado la producción ejecutiva y la dirección de contenidos, primero de Cuarzo producciones y desde 2018 en Unicorn Content, la factoría participada por Mediaset de la que es consejera delegada, con la que producen con éxito 'El programa de Ana Rosa', 'Vamos a ver', 'La mirada crítica’, El tiempo justo', 'Fiesta' y 'En el punto de mira' y '120 minutos'. La ficción y los documentales, con éxitos como 'El Marqués' (Telecinco) y 'Dolores: la verdad del caso Wanninkhof' (HBO Max) son las otros dos ejes de la compañía audiovisual. Hablamos con ella de sus comienzos, del complejo momento que vive la información y de su relación con su eterna socia y amiga.

Xelo Montesinos / Levante-EMV
En Levante empezó su carrera. ¿Qué recuerda?
Fui becaria. No quiero ni acordarme... Tendría 21 o 22 años. Ahora tengo 53, así que ponle unos 35 años atrás. Entré los fines de semana en teletipos. Era un cuartito en medio de todos los departamentos. Todo lo que llegaba de las agencias pasaba por ahí y yo tenía que cortarlo y repartirlo: nacional, sucesos, política, local, cultura, sociedad... Había que leerlo a la velocidad del rayo para llevarlo corriendo a cada sección. Cuando veía algo urgente, lo llevaba sin esperar. Eso me ponía las pilas y me hacía aprender de todo.
Después pasó a corresponsal.
Sí, en cuanto pude me puse de corresponsal en L’Horta, mi pueblo, Silla y alrededores. Algunas noticias me las compraban y salían en la edición local, otras en general. Estuve unos cuatro años entre teletipos y colaboraciones. Fue mi primera experiencia real en un medio. Hice grandes amigas como Carmen Moraga y Julia Ruiz. Hicimos una peña muy buena que todavía mantengo.En el 98 me vine a Madrid.
¿Y lo primero que hizo en Madrid?
Sabor a ti. Ya empezó ahí mi relación con Ana Rosa, que es larguísima. Pero antes tuve una etapa en Málaga: participé en la puesta en marcha del Festival de Málaga en el gabinete de prensa. Luego trabajé unos meses en Canal 9, en el programas de testimonios, En primera persona, con Gemma Juan.
¿Qué recuerda de sus jefes en Levante-EMV?
Mi jefe era Prado, aunque no lo recuerdo con claridad. El director era Pedro Muelas, de quien aprendí muchísimo: desde cómo vender una noticia hasta dónde estaba el olfato periodístico. En los fines de semana había menos gente y te fijabas más en todo. También estaba Julio Monreal, que ahora está en Moncloa. Con ellos aprendí a vivir la información como si no hubiera un mañana.
¿Ese aprendizaje le marcó para lo que vino después?
Sí. Cuando pasaba algo, todo se revolucionaba. Sácame esto, llama a no sé quién, busca un experto... Era una carrera contrarreloj. Eso me dio los cimientos que luego he aplicado en televisión, donde el ritmo es aún más frenético porque estás en directo.

Xelo Montesinos / Levante-EMV
En los periódicos había un tiempo más largo para sacar la noticia.
Claro, entonces salías al día siguiente. Ahora no: incluso los medios escritos funcionan como digitales, tienen que sacar la noticia al momento. Igual que un programa en directo: debes estar pendiente de si algo cambia el ritmo, romper la escaleta y rehacerla. Es otra forma de trabajar.
Quienes han pasado por regionales dicen que Levante-EMV era casi una familia.
Sí, mucho. Había tensión como en todas las redacciones, pero también mucho compañerismo. Teníamos un grupo muy bueno: Ortifus, que era el dibujante de humor; Alfonso, jefe de documentación; Pedro, el director; Julio, subdirector; mis amigas Julia y Carmen... De distintos departamentos nos juntábamos y los jueves íbamos a jugar a los bolos. Fue mi primera pandilla laboral.
¿Y cuál fue la gran lección que se llevó de allí?
El valor del titular. En la facultad te lo explican, pero no eres consciente hasta que lo aplicas. Yo hacía una crónica y mi jefe me decía: “Nena, has matado la noticia, hay que venderlo mejor”. Ahí entendí que el titular es lo que diferencia tu información. Esa etapa me marcó: me enseñó que el periodismo es una carrera de fondo y que hay que mantener la pasión con los años.
¿Y el rigor?
Por supuesto: contrastar siempre, tener todos los puntos de vista, llamar aunque te cuelguen el teléfono. Eso también lo aprendí allí: a hacer periodismo de verdad.
¿Se ha perdido un poco eso, importa más la rapidez que la certeza?
En algunos casos sí. Muchas veces se busca dar la noticia antes que nadie, aunque no esté del todo confirmada. Yo siempre he tenido la máxima de asegurarme antes de publicarla.
En televisión se vive mucho la presión de la última hora, ¿cómo la gestiona?
Creo que la última hora tampoco te va a salvar nada. Cada vez que hay una noticia fuerte, antes de darla prefiero confirmarla, aunque eso signifique que otros se adelanten dos minutos. En televisión lo importante no es ser el primero, sino no equivocarse. Una última hora mal dada es efímera, se olvida rápido, pero el error te persigue.
¿Qué opina de la polarización actual en los medios?
Me preocupa. Da la sensación de que solo hay una verdad, y que todo lo que no coincide con lo que dice una cabecera es falso. Hay que tener mucho cuidado. Yo sigo creyendo en el periodismo y en los periodistas: el 90% de ellos saben que deben contrastar. Te la pueden colar, claro, pero la base es verificar siempre.
Con la proliferación de medios y redes sociales, ¿se hace más difícil?
Sí. Ahora tenemos televisión, radio, periódicos, digitales y redes sociales. Hay que aprender a diferenciar lo que es un fake, lo sensacionalista y lo que de verdad tiene rigor. Al final, lo que te identifica como medio es la reputación. Eso no se consigue en un día, se construye con el tiempo. Cada medio tiene su línea editorial, pero la verdad es la verdad.

Xelo Montesinos / Levante-EMV
¿Cómo influye todo esto en el público?
El público también condiciona: quiere escuchar lo que refuerza lo que ya piensa. Eso pasa en redes sociales con los algoritmos. Buscas dos veces sobre un tema y ya solo te salen contenidos relacionados. Así te acabas creando un mundo a tu medida.
¿Se refiere a esa sensación de vigilancia?
Exacto. En En el punto de mira hicimos un programa sobre si realmente nos espían. Y sí, el algoritmo crea un perfil con todo lo que aceptas: cookies, localización, páginas que visitas. A partir de ahí consumes lo que el algoritmo decide, y refuerza tus preferencias.
¿Eso también cambia el consumo de televisión?
Totalmente. Por ejemplo, mi hija no pone la tele. Todo lo ve en redes. Ella ve La isla de las tentaciones a través de TikTok, nunca en televisión. Para muchos jóvenes es un evento puntual y ya está, luego se van. Antes no era así: comprabas el periódico entero, o veías lo que había en tres canales.
¿Cree que sigue existiendo un hábito de leer periódicos en papel?
Sí, y sobre todo en el ámbito regional. Hay quien compra El País, El Mundo o ABC, pero en Vigo la gente compra El Faro de Vigo, en Asturias La Nueva España y en Valencia Levante-EMV. Esa cercanía es insustituible. El señor o señora que sale a por el pan compra el periódico de su tierra, porque necesita saber qué le pasa a su vecino, cómo está el tiempo en su ciudad o qué ocurre con una dana o un volcán.
¿Por eso cree que las autonómicas siguen teniendo tanta fuerza en los informativos?
Exacto. La cercanía es una de las reglas básicas del periodismo. No van a desaparecer nunca porque nadie mejor que una televisión local puede contar lo que pasa en su territorio. Mira el caso de la Televisión Canaria durante la erupción: fueron los que mejor lo contaron porque estaban allí.
Y cuando pasa algo en Valencia, ¿cómo lo gestiona?
Siempre recurro a Teresa Domínguez, que fue compañera mía en Levante-EMV y sigue siendo jefa de Sucesos. Teresa es la que más sabe, la que mejor fuentes tiene. También cuento con Manu, nuestro corresponsal, que hace un trabajo fantástico. Valencia, como Andalucía, son territorios donde hay que tener corresponsales fuertes porque son clave informativamente.
¿Qué valor tiene para un periodista local aparecer en un programa nacional?
Es poner en valor su trabajo. Muchas veces los contertulios que ves en televisión son periodistas de diferentes cabeceras que trabajan en su territorio y entran por Zoom. Eso se normalizó en la pandemia y ha llegado para quedarse.
Empezó en Sabor a ti. ¿Cómo ha cambiado la producción de un magazine de entonces a ahora?
Muchísimo. Antes había más presupuesto, pero menos medios técnicos. Hoy pasa lo contrario: menos presupuesto, más medios. Antes hacer tres directos suponía mover una unidad móvil que costaba miles de euros. Ahora con una mochila lo solucionas. Antes necesitabas tener todos los periódicos sobre la mesa, ahora lo tienes todo en un ordenador, desde cualquier sitio. Puedes trabajar desde el coche o desde casa.
¿Y en cuanto a contenidos?
Antes la televisión era más de compañía. Había más entretenimiento, moda, corazón amable, secciones muy variadas. Era una televisión más cercana, más ligera, que acompañaba. Ahora la información está por delante de todo: política, sociedad, denuncia, investigación. Y con ello llega más debate y más confrontación.
¿En Sabor a ti ya existía ese debate?
Muy poco. Recuerdo la “mesa de mujeres”, donde se sentaban perfiles muy distintos: Lola Herrera, Nati Mistral, Celia Villalobos, Rosa Díez, periodistas… Hablaban de todo, de la vida, no solo de política. Aquello fue un precedente de Amigas y conocidas, pero sin broncas. Eran conversaciones.
¿Por qué ahora es tan difícil repetir algo así?
Porque todo está mucho más encendido. Hoy parece que estás conmigo o contra mí. No digo que todo tenga que ser confrontación, pero sí que el escándalo se ha normalizado como parte del día a día televisivo.
¿Y cómo se vivía la competencia entonces?
Era distinta. En Antena 3 teníamos Sabor a ti y en Telecinco aún no había un magazine fuerte en esa franja. Lo intentaron con Nuria Roca, que no funcionó, hasta que llegó A tu lado, que fue competencia real. Pero lo que de verdad revolucionó todo fue Aquí hay tomate. Nosotros hacíamos una televisión fina, amable, y ellos trajeron el escándalo. Cambió el mercado.
¿Cree que los medios han contribuido a esta confrontación social?
En parte sí. Mira, Ana Rosa ha intentado siempre mantenerse en un tono sin broncas, sin gritos. Puede haber tensiones en directo, pero se habla y se corrige, no se fomenta el enfrentamiento. Es marca de la casa. En otros sitios sí se busca la controversia porque la sociedad está muy polarizada. Y claro que los medios tenemos parte de responsabilidad, porque entramos en la batalla del mejor titular, la mejor exclusiva, el mejor presentador… y eso te lleva al conflicto.
¿Y cómo se puede rebajar esa tensión?
Es complicado. Es como lo del huevo y la gallina: no sabes qué vino antes. Pero si hay seis programas compitiendo con la misma noticia, cada uno busca diferenciarse y eso te lleva a tensar las cosas. El límite está en no perder el rigor, en saber hasta dónde vender sin entrar en la convulsión. Pero es difícil.
¿Cómo es su día a día como consejera delegada?
Vivo con la sensación de estar en todo y en nada. Siempre estoy en las crisis. Cuando las cosas van bien, ya no me necesitan y desaparezco. Me siento una privilegiada porque me dedico a lo que me gusta, pero es verdad que me como más marrones que alegrías.
¿No le impide disfrutar de su trabajo?
Disfruto siempre. Pero te pongo un ejemplo: un sábado voy a Fiesta y me como todos los problemas. Al día siguiente el programa hace un 10 de audiencia. Ese 10 es del equipo, no mío. Pero si es un día de 6, la responsable soy yo. Es mi productora y me corresponde.
¿Cómo gestiona esa relación entre dar libertad y controlar?
Es complicado. Tienes que dar alas a los equipos, no puedes estar todo el rato encima, pero tampoco puedes estar al margen. Si algo no funciona, hay que intervenir. Yo también he sido directora y sé lo incómodo que es que te estén corrigiendo cada minuto. Por eso intento tener mucha inteligencia emocional y equilibrar.
¿Le cuesta esa gestión con las personas?
Sí, porque trabajamos con personas y cada una tiene su sensibilidad. Mi teléfono lo tiene todo el mundo. Eso es un problema, pero también me permite estar cerca. Soy muy de fijarme: si alguien tiene los ojos rojos o mala cara, voy y pregunto “¿qué te pasa?”. Luego intento que lo solucionen con su jefe directo, pero siempre estoy mediando. Paso más tiempo en eso que en el contenido. Como dice Juan Muñoz: “si no son las horas, son las personas”.
¿Cuánta gente trabaja en Unicorn?
Unas 400 personas entre estructura fija y las que entran en cada producción.
¿Y cómo es trabajar con Ana Rosa Quintana?
Es mi amiga y mi socia. Como directora me compenetro con ella perfectamente, desde Sabor a ti hasta El programa de Ana Rosa y TardeAR. Nos entendemos con una mirada. Ella me da seguridad y yo se la doy a ella. Es un complemento perfecto.
¿Cómo resuelven los conflictos?
Como en la familia. Nos venimos arriba, yo que soy muy fallera me emociono, a veces lloro, hablamos, nos abrazamos y seguimos. Nunca dejamos un problema sin resolver.
¿Qué destacaría de Ana Rosa?
Su capacidad para no perder tiempo con lo que se va quedando en el camino. Pasa página enseguida. Donde otros se atascan, ella dice: “se cerrará una puerta y se abrirá otra”. Eso es madurez emocional.
¿Y cómo gestiona las críticas?
Con un “chubasquero emocional”. Le resbalan salvo que vengan de su gente. Y le han dicho barbaridades. Pero ella ha aprendido a que no le afecte.
¿Cómo definiría vuestra relación tras tantos años?
Nos conocemos desde 1998, 30 años ya. La he visto en todas sus facetas: éxitos, fracasos, momentos difíciles. Y he aprendido que el tiempo es tu peor enemigo a corto plazo, pero tu mejor aliado a largo.
¿Cree que en la vida profesional es un error obsesionarse con un objetivo único?
Totalmente. Eso juega en contra, porque no disfrutas nada. Si mi sobrino me dijera: “quiero ser Messi, quiero ser Messi, quiero ser Messi”, le contestaría: “cariño, Messi hay uno”. Lo mismo con Ana Rosa: puedes repetir mil veces “quiero ser Ana Rosa”, pero Ana Rosa es única y lleva mucho tiempo siéndolo. La desesperación es el mayor enemigo, no la ambición. Todos hemos pasado por esa fase de “quiero, quiero, quiero”, pero luego vas cumpliendo etapas y aprendiendo a disfrutar.
¿Y usted cómo lo gestiona?
Disfruto mucho escribiendo, y ahora también con la parte corporativa. Ambas me llenan. He entendido que no todo pasa por estar en pantalla o dirigir. La clave es disfrutar lo que toca en cada momento.
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