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Alfons Cervera, escritor: "La desaparición de los kioscos es una de las grandes tragedias culturales de este siglo"

Alfons Cervera recupera un relato de 1987 para crear "Singapur", una novela sobre la marginalidad, el amor, la memoria y la pérdida, que parte de un barrio periférico para contar la España contemporánea

El escritor valenciano Alfons Cervera acaba de publicar "Singapur".

El escritor valenciano Alfons Cervera acaba de publicar "Singapur". / Fernando Bustamante

Voro Contreras

Voro Contreras

València

Lola, a la que todo el mundo llama Singapur por una canción de Tom Waits, se muere en el asiento trasero de un Ford Fiesta varado en un descampado. A su lado, un narrador que ha hecho ya su viaje de ida y vuelta a la cárcel intenta aplazar lo inevitable con lo único que tiene: los recuerdos. Singapur (Piel de Zapa, 2025), la nueva novela de Alfons Cervera, nace de un relato escrito en 1987 y recuperado por él casi cuarenta años después. Aquel germen mínimo -dos jóvenes atrapados en un coche, la droga, el amor, la muerte- se expande hasta convertirse en una crónica coral de los barrios periféricos, la marginalidad, la amistad, la música, la memoria democrática y la historia reciente de España. En esta conversación, Cervera recorre el largo proceso de escritura de la novela, reflexiona sobre la identidad, la pérdida de la memoria, el sentido de pertenencia, la cultura popular, los kioscos, la música como refugio y la necesidad ética de escribir sin mentir.

Hace un año ya nos adelantó que estaba intentando recuperar un viejo relato que escribió en 1987.

Sí. En 1987 publiqué “La ciudad oscura”, una novela de relatos en la que incluí “Rata”, un relato de un folio que cuenta la historia de amor entre dos jóvenes cogidos por la droga, por la heroína. Ya entonces pensé que esto tenía que ser algún día una novela y llegué a escribir unas 30 páginas. Al final dejé el relato parado y no lo recuperé hasta el verano de 2025 , pero nunca dejé de leer esas 30 páginas. Me gustaba mucho el tono de ese relato, más que la historia, y no quería perder ese tono de la escritura, que para mí es fundamental.

Pero claro, el Alfons Cervera del 87 no es el del 2025. ¿Cómo ha influido eso en la evolución de ese relato?

El tono de ese relato es el mismo y, de hecho, creo que es el mismo tono de todas mis novelas posteriores. Pero recuperar la historia en 2025 me ha abierto un abanico de historias y un abanico hacia la Historia interesantísimo. Desde un Ford Fiesta parado en el descampado de un barrio marginal de los 80 he podido hablar de la Españ contemporánea, porque "Singapur" es un relato sobre lo difícil que resulta vivir para alguna gente, sea en el tiempo que sea. También sobre la amistad que surge en los espacios de la precariedad. Y de la necesidad de no perder los sitios de donde venimos y de quienes en esos sitios nos enseñaron la dignidad. Pero por encima de todo, me gusta pensar que "Singapur" es una historia de amor.

¿Qué conecta su habitual paisaje literario de los Yesares con el barrio sin nombre de “Singapur”?

Los barrios periféricos se van construyendo de aluvión, a partir de los procesos migratorios de los pueblos a las ciudades. Ese efecto llamada es el que ha formado muchos barrios de València. La gente de mi pueblo, Gestalgar -es decir, los Yesares-, se fue a vivir a Campanar, que es donde sigo viviendo yo ahora. También he vivido en La Fuensanta, que también tiene mucho que ver con esta novela. Yo vengo de Gestalgar, de los Yesares, personal y literariamente, y tenía que estar ahí, además aprovechando para meter una historia de la guerra civil, de una persona desaparecida.

Los protagonistas de “Singapur” no saben cómo fue esa Guerra Civil de la que hablan sus mayores. ¿Viene su desarraigo de ese desconocimiento?

Yo quería construir personajes que se están moviendo en la marginalidad más precaria, más absoluta. Para ellos el futuro no existe. Tanto dentro como fuera del barrio, el destino está marcado. Pero no quería construir personajes sin ninguna base. Y la base es la amistad, la solidaridad. La precariedad genera valores. Y aunque no hayan vivido la guerra, no piensan que los relatos de sus mayores no sirvan para nada.

Pero en el mundo real, en esos barrios periféricos cada vez se vota más a la ultraderecha.

Se ha perdido esa memoria y todas las memorias que no entran en los mercados de valores. Pero no solo en los barrios periféricos, sino en todos. Estamos hechos de memoria y sin ella nos construimos a pedazos. Esa construcción fragmentaria de la sociedad española tiene que ver con la pérdida de memoria. Y eso ha hecho bastante para que la extrema derecha funcione como funciona. Para mí el sentido de pertenencia es fundamental. Yo puedo estar mil años sin estar en el sitio que considero mío, pero nunca dejo de pertenecer a él. Saber quiénes estuvieron antes que tú y qué te enseñaron sobre la dignidad y la decencia. Eso no se puede perder.

A nivel personal, ¿le da miedo perder la memoria física?

Sí. Perder la memoria física es terrible, pero me parece tan terrible como perder la memoria colectiva. No hablo de política, hablo de lo personal. Perder la memoria es perder referencias, perder gente.

Precisamente, le dedicas el libro a una de esas personas desaparecidas, su amigo el poeta José Luis Falcó, que falleció el pasado 6 de enero.

Si me dijeran qué página eliges del libro, elegiría esa, la dedicatoria. Y también la última, en la que le dedico el libro a la gente de Suburbano, a Luis Mendo y a Bernardo Fuster. Volvemos otra vez a la importancia de la gente.

Alfons Cervera.

Alfons Cervera. / Fernando Bustamante

En este libro la música juega un papel fundamental, como una especie de conexión entre memorias.

Claro, en mis novelas ha habido siempre música, y también en mis artículos periodísticos. Y también está esa música interna, ese tono que para mí es fundamental. Pero en “Singapur” hay incluso más música que “En la noche en que los Beatles llegaron a Barcelona” ¿Por qué? Porque los personajes en esta novela viven en esa marginalidad en la que para ellos el tiempo no cuenta, es la música lo que les marca el tiempo.

Y ahí cabe desde el Fary hasta Tom Waits. Son oyentes desordenados.

Claro, como yo, porque son gente para la que, como me pasa a mí, escuchar música no sigue un criterio. A mí el Fary no me gusta, y a mis personajes no les gusta King Crimson, pero su banda sonora es perfectamente la mía.

También es importante en “Singapur” la cultura de los kioscos, la de los cómics, las revistas y las novelitas del Oeste.

Sí, es una cultura que se ha ido perdiendo conforme han ido desapareciendo los quioscos. Y la desapareción de los quioscos es una de las grandes tragedias culturales de este siglo, especialmente en los barrios periféricos. El kiosco era el centro del barrio, el punto de encuentro y el distribuidor de cultura.

Usted mismo viene de esa cultura.

Claro, yo no vengo de Tolstoi ni de Faulkner. No vengo de la gran literatura. Vengo de la cultura del kiosco, de la cultura de estas novelas de aventuras y de ciencia ficción. ¿Cómo no voy a echar en falta esto?

Su protagonista dice que “escribir es muy difícil y más aún si queremos escribir la verdad de lo que han sido nuestras vidas” ¿Hace suya esta frase?

Sí, escribir es muy difícil. El hecho mismo de escribir, a pesar de ser un trabajo feliz. Uno escribe desde la alegría, desde el placer, desde el gusto. Pero cuando se pone a contar una historia, aunque sea de ficción, lo que me preocupa es que la escritura sea decente, que no mienta. Hay quien aprovecha la ficción para hincharse a contar mentiras. La ficción, aunque no sea verosímil, siempre ha de ser verdad. Detrás de cada historia ha de haber una moral.

¿Y dónde está la verdad en esas novelas de ciencia ficción que tanto le gustan a usted y a sus personajes?

En la propia escritura, en el oficio. George H. White, es decir, Pascual Enguídanos, que fue el mejor escritor de ciencia ficción de España, me dijo que no leía literatura de ahora porque era “una mierda”. ¿A qué se refería Pascual, que era un buen tipo y muy respetuos con todo, con que la literatura de ahora era una mierda? A que ahora los éxitos se fabrican, no son de verdad y por eso para él eran una mierda.

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