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Análisis

El ciclo FAR de València duplica su programación y aspira a ser la principal propuesta musical del verano

La Marina Nord, sede del ciclo FAR, se enfrenta al reto de las interferencias sonoras de locales cercanos, lo que ha generado quejas y limita el volumen permitido por normativa municipal

Young Miko

Young Miko / L-EMV

Voro Contreras

Voro Contreras

València

El negocio de la música en directo en València atraviesa un momento especialmente interesante. La reciente irrupción del Roig Arena, con una programación ambiciosa, ha generado un notable impacto en el calendario musical de la ciudad, atrayendo tanto al público como a promotores y artistas que hasta ahora apenas incluían la capital valenciana en sus giras.

Este nuevo escenario convive con el buen funcionamiento de salas medianas y pequeñas, así como con la apuesta del Valencia CF por convertir el futuro Nou Mestalla en un espacio para grandes conciertos, siguiendo la estela del estadio del Levante UD. El crecimiento de la oferta ha elevado la competencia en el sector, con efectos visibles en festivales de perfil más económico que, como el de les Arts, han encontrado mayores dificultades para alcanzar las cifras de venta de ediciones anteriores.

El FAR contra Vivers

Uno de los proyectos más destacados es el ciclo FAR, que la pasada semana anunció las incorporaciones de Rubén Blades, Young Miko, Rodrigo Cuevas, Gipsy Kings o Judeline, entre otros. El evento duplica el número de conciertos respecto al año pasado y aspira a consolidarse como la principal propuesta estival de música al aire libre en València, con un aforo estimado de unas 6.000 personas. Este planteamiento sitúa al ciclo en competencia directa con los Concerts de Vivers, organizados desde hace décadas por el consistorio.

Visto el pulso musical con el que la concejalía de Fiestas (Vox) está gestionando el ciclo en Viveros, los promotores del FAR confían en que su experiencia y capacidad de producción les permita ocupar un espacio relevante en la programación del mes de julio. Entre ellos se encuentra Julio Martí, responsable también del exitoso ciclo madrileño Noches del Botánico, que en una década ha superado en impacto a los históricos Veranos de la Villa.

La situación de la Marina Nord

No obstante, el proyecto se enfrenta a un reto clave: el espacio. Los conciertos de la Marina Nord sufren la interferencia sonora procedente de locales de ocio cercanos, muchos de ellos en situación administrativa irregular, lo que ha generado quejas tanto del público como de los artistas. La normativa municipal limita el volumen máximo al aire libre a 90 decibelios, lo que impide compensar este ruido elevando la potencia del sonido del escenario. Ante esta situación, los organizadores confían en llegar a acuerdos con los establecimientos colindantes y reclaman una mayor implicación del Ayuntamiento.

En este contexto, el consistorio estudia ampliar el recinto musical de la Marina Nord, duplicando su capacidad hasta alcanzar unos 14.000 asistentes. El objetivo sería crear un espacio intermedio entre la Marina Sur, ya en desuso, y la Ciutat de les Arts, especialmente ante la incertidumbre judicial derivada de los conflictos vecinales por el ruido. Sin embargo, esta ampliación plantea interrogantes sobre su viabilidad, al poder resultar excesiva para ciclos medianos y, al mismo tiempo, insuficiente para grandes conciertos y festivales.

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