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Fuera de compás

Nazis a tutiplén

Esta gentuza protagoniza una parte cada vez más importante de la vida pública. Enciendan la tele a cualquier hora del día y no tardarán en ver a uno de ellos.

Lemmy Kilmister con su uniforme nazi y su Panzer Tiger

Lemmy Kilmister con su uniforme nazi y su Panzer Tiger / L-EMV

Fernando Soriano

Fernando Soriano

València

No, si todavía tendremos que dar las gracias a los nazis por existir y ser una inagotable fuente de inspiración para las artes. Aquí, cuando las musas te esquivan, tiras de la chavalada de la esvástica porque son el perejil en todas las salsas. Lo digo por la peli de Nuremberg, que la vi el otro día y me pareció interesante. Ahora, también les digo que me sonaba gran parte de lo que contaba y no es porque yo sea un enterado del asunto. Inevitable pensar en “Vencedores o vencidos” de Stanley Kramer, “Los juicios de Núremberg” con Alec Baldwin e incluso en algunas sobre cuestiones paralelas o tangenciales, como “Pierrepoint, el verdugo”, “El Hundimiento” o “Los últimos diez días”. Así que qué quieren que les diga. Más de lo mismo pero con olivas negras.

Y luego que no sé si se habrán dado cuenta, pero a partir de cierta hora de la noche enciendes la tele, y en alguno o en varios de los innumerables e insustanciales canales que hay siempre te encuentras con algún programa sobre esta gentuza: El Tercer Reich en color, Megaconstrucciones nazis, Mi gran boda aria, El veterinario del perro de Hitler, El dietista de la Gestapo, Las tablas de gimnasia de las SS, El camello de Goering, Bicicletas del Tercer Reich, El peluquero del Fuhrer... Qué turra de peña, por Dios. Nivel aquel pelma de BUP que estaba a toda hora dibujando cruces gamadas en el bloc, no le salían bonitas, mira que eran difíciles, y dándote la brasa con el Salón de Ámbar, las prestaciones de los tanques Tiger, la precisión de una Luger y los niños del Brasil. El mismo comebolas de Tetris y futbolín que no tuvo huevos a tatuarse una esvástica en el pecho y, por ser bajito, moreno y de Montortal, acabó votando a Vox y adornándose la piel con cuatro runas que traducidas dicen: Odín se parte el culo de mí.

Y ya les digo, a ver quién no ha sentido cierta fascinación por el orden, la marcialidad y la limpieza viendo “El triunfo de la voluntad” de Leni Riefenstahl, y más con lo sucia y okupada que está València últimamente. Y espérate, que vienen las Fallas. Por esa gloria dominadora que nuestras naciones, Alemania o esta España que lleva rompiéndose desde 1975 por culpa de los socialistas, tuvieron en el pasado, más falsa que un duro sevillano. Por lo guapos, puros y listos que éramos antes, porque sabido es que la raza degenera. Y por lo elegante que va un tío vestido con el uniforme de übermierdengruppenfuhrer de las SS, tanto pies negros y tanto chandalista que se ve por la calle.

David Bowie se metió en un jaleíto por unas declaraciones sacadas de contexto y por levantar el brazo en un ángulo comprometido en Victoria Station. Lemmy Kilmister era un ávido coleccionista de parafernalia nazi, hasta tanques tenía. Ron Asheton de los Stooges, también, menudas gorras se gastaba, como Jimmy Page. Sid Vicious llevaba la bandera del NSDAP en una camiseta. Brian Jones se paseó por Múnich convenientemente disfrazado, que salió hasta en La Hoja del Lunes. Al grandísimamente enorme Jorge Martínez le montaron un pollo en Alemania por cantar “En la noche alemana” con Los Ilegales. Es obvio que en la cultura popular el tema ha dado mucho de sí, en comics, discos, películas… de todo, pero yo les confieso haberme quedado de pasta de moniato viendo “The Black Gestapo”, “Ilsa, la loba de las SS” o “Los surfistas nazis deben morir”.

El nazismo, esa movida tenebrosa, esotérica y morbosa que apela al odio, al miedo y a otras bajas pasiones del cuerpo. A la oscuridad del alma de los pobres de espíritu. Esa ideología racista enemiga de la razón, del progreso de la especie humana y aún de la vida entre ellos mismos, que hay que ver cómo se traicionaban y masacraban en cuanto venían mal dadas o, sencillamente, se les antojaba a unos psicópatas criminales, genocidas y drogadictos que provocaron la hecatombe más vergonzosa de la que tiene memoria el hombre.

Y pese a todo, y de manera más o menos evidente y absolutamente desacomplejada, protagonizan una parte cada vez más importante de la vida pública. Están de rabiosa actualidad. Les decía arriba de poner la tele por la noche y encontrarse con algún programa sobre nazis en uno o varios canales. Doblo la apuesta. No se esperen a tan tarde. Enciéndanla a cualquier hora del día y no tardarán más de veinte segundos en ver a uno de ellos.

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