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'La hija del Fénix'

Fernando Bonete, influencer y escritor: «Los conventos en el Siglo de Oro no eran lugares de opresión, sino de libertad»

En 'La hija del Fénix' (Espasa, 2026), Fernando Bonete rescata del olvido a Marcela de San Félix, la hija ilegítima de Lope de Vega y la actriz Micaela de Luján. Se hizo monja por necesidad, para poder desarrollar su vocación como escritora en una sociedad que no permitía a las mujeres volcarse en la literatura. Tuvo que quemar cuatro de sus cinco cuadernos en un gesto de obediencia y humildad que terminó por condenarla al olvido. A partir del único volumen que sobrevivió y de la correspondencia entre Lope y el Duque de Sessa, Bonete reconstruye una vida atravesada por la sombra paterna, la condición de mujer y el deseo irrenunciable de escribir, al tiempo que redescubre al genio literario en su condición de padre.

Fernando Bonete publica 'La hija del Fénix' (Espasa, 2026), sobre Marcela de San Félix, hija de Lope de Vega.

Fernando Bonete publica 'La hija del Fénix' (Espasa, 2026), sobre Marcela de San Félix, hija de Lope de Vega. / L-EMV

Amparo Soria

Amparo Soria

València

En 'La hija del Fénix' cuenta la historia de Marcela de San Félix, la hija de Lope de Vega y su amante, Micaela de Luján. ¿Quién era esta mujer y por qué, dada su producción literaria -reconocida incluso por el Instituto Cervantes- sigue sin haber calado en la sociedad?

Es una mezcla de variables. La primera, y quizás la más importante en lo negativo y positivo, es que fue hija de Lope de Vega. En el positivo porque, si no fuera por Lope, no estaríamos hablando de Marcela. Seguramente yo nunca habría encontrado a esta mujer de no ser por su padre, lo cual nos indica que habrá otras muchas escritoras, también metidas a monjas porque era la única manera de escribir en aquel tiempo, que se han perdido por el camino y nunca encontraremos. En el sentido negativo, a pesar de que Lope pudo haber alentado su trabajo, movido por el espíritu de la época, no le reconoció ese talento. Sabía que lo tenía, pero no se lo reconoció y eso le cortó las alas para haber llegado más lejos en los registros posteriores de la historia de la literatura.

Y además de esa sombra paterna, su condición de mujer.

Sin duda. Esa es la segunda variable, agravada por su condición de hija ilegítima. Y en tercer lugar estaría lo más instrumental o material: la quema de los cuadernos. Era costumbre en la época, no solo para las monjas sino para personas religiosas con talento literario, que se les pidiera como penitencia que destruyeran su propia obra. Era el mayor gesto contra el ego personal y se les animaba a ello. Marcela quemó cuatro de sus cinco cuadernos; solo el último sobrevivió porque, a una cierta edad, se consideró que ya no era necesario quemar la obra, pues no por ello iba a desarrollar tanto su ego. Esos tres aspectos son fundamentales.

Gracias a ese volumen que se salvó ha podido hacer esa arqueología documental para encontrar información sobre ella. Además, también ha accedido a las cartas con el Duque de Sessa. ¿Cómo ha llenado los huecos donde no ha podido encontrar información?

Los dos documentos principales han sido, por una parte, la correspondencia entre Lope y el Duque de Sessa y, por otra, lo que hoy se conoce como la obra completa de Marcela -ese cuaderno que quedó- y el estudio preliminar de las investigadoras Georgina Sabat de Rivers y Electa Arenal. Nos encontramos con que de Lope se sabe mucho, incluso más que de otros personajes como Cervantes, cuyas biografías son siempre problemáticas. Sin embargo, de Marcela sabemos poquísimo. He tenido que rellenar muchos huecos intentando ponerme en la piel de una mujer de aquella época y tratando de ser, en la medida de lo posible, veraz. Verdadero no se podía ser porque no conocemos los hechos exactos, pero sí veraz en el sentido de que "pudo ocurrir así" o "hay probabilidades de que ocurriera así".

«Lope escribe para el mundo; Marcela escribe hacia dentro, como una necesidad vital».

Respecto a ese testimonio histórico, Ignacio Suárez pintó el cortejo fúnebre de Lope, donde el féretro se detiene ante las Trinitarias para que su hija lo vea. Aunque se pintó doscientos años después, refleja una relación real, ¿no?

Sí. Hay un testimonio histórico del entierro porque fue un acontecimiento grandioso en el Madrid de la época; prácticamente toda la ciudad salió a la calle. La primera biografía de Lope ya dedica bastantes líneas a contar cómo el entierro se desvió a propósito para pasar por delante del convento para que Marcela pudiera darle el último adiós a su padre. Quien medió para cambiar el itinerario fue el Duque de Sessa. Si Marcela se lo pidió o no, no lo sabemos con exactitud, pero yo lo cubro en la novela con que sí se lo pidió como un último favor a Sessa, ya que ella había sido la secretaria de su padre en la correspondencia con él. Creo que Ignacio Suárez hace algo precioso al recuperar un símbolo excepcional de la relación entre ambos: esa reja que los separa es muy simbólica. Están cerca porque comparten la creencia en la literatura y el vínculo de padre e hija, pero al mismo tiempo están separados por el mundo que les tocó vivir.

Precisamente, gracias a la obsesión del Duque de Sessa por conservar las cartas de Lope tenemos esa fuente de información colateral sobre Marcela y las referencias que su padre hacía de ella. Se ve que la figura del Duque es clave.

La figura del Duque es crucial para entender a Lope de Vega. Primero por su relación, que explica la obsesión de Lope por medrar en la corte, pero también porque guardó absolutamente todos los escritos de Lope. Por eso el género epistolar tiene tanta importancia en la novela; voy alternando la narración con cartas que añaden contexto a lo que sucede entre ambos.

Resulta igual de curioso que la única salida de Marcela fuera el convento, un lugar seguro desde donde poder escribir.

Así es. No había otra manera de dedicarse a la escritura siendo mujer que terminando en el convento, porque era el único espacio que podía protegerla de un siglo que entendía que la mujer no podía escribir. El convento no era un sitio de opresión, sino todo lo contrario: un sitio de libertad. Era el único espacio donde las mujeres con voluntad de escribir estaban aisladas del mundo que se lo impedía. Aunque el convento tiene condicionantes de fe que hoy nos pueden chocar, en ese momento no era difícil de combinar con el anhelo personal en una sociedad profundamente religiosa. Ahí está el ejemplo de Lope que, siendo sacerdote, mantenía relaciones con mujeres sin problema. Me parece muy interesante ese choque de mundos en la novela: la ambición de Lope por escribir para el mundo, su fama y reputación, frente a Marcela, que escribe hacia dentro, como una necesidad vital.

Ese contraste entre escribir para la posteridad o por necesidad íntima parece muy actual.

Resuena con fuerza hoy, porque ahora sería difícil encontrar a un escritor que quiera escribir solo para sí mismo, para Dios o para su círculo íntimo. Yo mismo soy un escritor que ha escrito esta novela con la voluntad de llegar al mayor número de personas posible y me encantaría que se vendiera una barbaridad; lo consideramos natural. Sin embargo, Marcela representa una manera de entender la escritura absolutamente anodina para su tiempo y para el nuestro. Escribe simplemente porque le gusta, sin mayor artificio.

Al leer esta novela he pensado inevitablemente en 'Hamnet', de Maggie O’Farrell, y en esta corriente por recuperar voces silenciadas. Marcela fue un gran apoyo para Lope, su hija favorita, igual que Agnes para Shakespeare. Como divulgador, ¿interesan más estas historias ahora?

En un mundo harto de la urgencia, de la caza de lo novedoso y del bombardeo de contenido, estamos buscando refugio en aquello a lo que podemos dedicar más de un minuto de atención. La vida de estas personas que nunca antes habían sido descubiertas cautiva nuestra atención de verdad, permitiéndonos profundizar en algo auténticamente genuino y no en un refrito de redes sociales. Esta corriente viene de un cierto hastío; los personajes de siempre están tan trillados que hay que poner el foco en algo que suponga una novedad real para el lector, con lo difícil que es hoy saber algo nuevo cuando parece que lo sabemos todo de todos.

Fernando Bonete publica 'La hija de Fénix' (Espasa).

Fernando Bonete publica 'La hija de Fénix' (Espasa). / L-EMV

Esta es su primera novela tras haber escrito varios ensayos. ¿Cómo ha sido ese salto de género?

Bastante difícil. El ensayo lo escribía con facilidad por deformación profesional, apoyándome en investigaciones previas. Pero aquí, aunque tenía la historia como punto de apoyo, la página estaba en blanco: tienes que construir tu propia historia, conducir a los personajes y encontrar tu voz. Esas decisiones creativas exceden lo que implica la no ficción; donde en un ensayo escribía cuatro páginas al día, aquí apenas pasaba de la media página.

Es un gran referente literario en redes sociales. ¿Cómo ha sido la acogida de la novela?

Mucho mayor que con mis libros anteriores. El ensayo apela a la intelectualidad, que es más fría, mientras que la narrativa conecta con las emociones y el afecto de una trama. Me parece muy bonita la relación directa con el lector a través de las redes; me dan su opinión, me preguntan y lo vivo con mucha ilusión. Sobre si se lee mucho o poco, en términos absolutos las cifras indican que en España leemos poco y, comparado con Europa, el drama aumenta. Pero en términos relativos, si miras el último lustro, la gráfica es ascendente.

«Los personajes de siempre están tan trillados que hay que poner el foco en algo que suponga una novedad real».

Uno de sus ensayos más célebres gira en torno a la cultura de la cancelación. ¿Sobreviviría hoy Lope de Vega?

Podría aplicarse la cancelación, qué duda cabe, pero esa actitud tiene los días contados porque, ¿quién está habilitado para lanzar la primera piedra? Lope fue un genio, pero también un ser humano que cometió errores y trató mal a personas de su entorno. Si nos ponemos así, no quedaría ningún escritor sin cancelar y no habría nada que leer. El genio de Lope es tan mayúsculo que su obra se impone con fuerza; el mensaje de libertad del arte siempre acaba imponiéndose.

Se habla mucho de Lope como un genio literario y mujeriego, pero no tanto de su faceta familiar. En la novela redescubres a ese Lope padre y su relación con Marcela, con un vínculo fuerte con València, ¿es así?

Sí. De hecho la novela, aunque se centra en Marcela, redescubre a Lope como padre. Respecto a Valencia, hay una historia que no investigué a fondo para no abrir más frentes en la novela, pero él tuvo un hijo que, si no nació allí, vivió gran parte de su vida en València. Se dice que Lope viajaba allí de forma encubierta para visitar a este hijo de una de sus muchas relaciones fuera del matrimonio. Acabó ordenándose sacerdote. Existe una vinculación emocional fuerte con Valencia: primero porque allí se dice que se enroló en el ejército -no confirmado al cien por cien, pero muy probable- y por este hijo.

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