Interpretación
Pablo Ferrández, un 'genio del violonchelo' en Les Arts: "Es casi imposible cansarse de los grandes conciertos. Llegas, escuchas los primeros acordes, y se te olvida todo"
El intérprete, que se autodefine como su juez más exigente, llega al palau valenciano este jueves para tocar junto a la Orquestra de la Comunitat Valenciana el 'Concierto para chelo de Elgar' bajo la dirección de Dima Slobodeniouk

Pablo Ferrández, el 'genio del violonchelo' que llega este jueves a Les Arts. / Mario Wurzburger

"La ilusión de tocar y el amor por la música". Esas son las motivaciones que mueven la vida de Pablo Ferrández (Madrid, 1991), un virtuoso del violonchelo que llega este jueves al Palau de les Arts para interpretar, de la mano de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, el 'Concierto para chelo de Elgar'. Sobre el reconocimiento que atesora con solo 34 años, el músico reconoce sentirse "halagado, porque la gente pueda pensar cosas positivas de mí" aunque "el que más me presiona soy yo mismo".
Primera vez con la Orquestra de la Comunitat Valenciana y segunda vez en el Palau de les Arts. ¿Es un reto bonito?
Sí, la verdad es que ayer [martes para el lector] me lo pasé genial en el ensayo, la orquesta está sonando genial. El maestro Dima [Slobodeniouk] es fenomenal. Disfruté mucho y tengo muchísimas ganas de tocar con ellos en el concierto.
Ha hablado del maestro de Dima. ¿Cada experiencia nueva con un director es una oportunidad para seguir creciendo?
Sí. Cada vez que tocas con un director y con un gran artista, uno siempre va aprendiendo cosas. A mí él me encantó, la verdad. Y para el 'Concierto de Elgar' en particular, creo que le va genial y que hicimos muy buena conexión.
¿Qué es lo que más valora un intérprete dentro de esa conexión para hacer un concierto como este?
He tocado muchas veces casi todos los conciertos. El Elgar lo habré tocado cerca de cien veces ya por todo el mundo con diferentes orquestas y directores. Entonces, tengo más o menos una idea de lo que quiero hacer y lo que funciona. Obviamente, siempre hay margen para nuevas ideas. Y eso es lo bonito de la colaboración con un nuevo director, que puedes aprender diferentes cosas que no se te habían ocurrido. Ayer apenas tuvimos que hablar nada porque pensamos muy parecido y nos entendimos a la perfección. De todas las veces que lo he tocado, tal vez fue de las veces que más cómodo me he sentido con un director.
De todas las veces que lo he tocado a Elgar, tal vez esta es de las veces que más cómodo me he sentido con un director
Pero he leído también que es una pieza que, por decirlo así, no fue su amor a primera vista.
Desde luego. Es una obra que se toca muchísimo, pero entenderla en profundidad no es tan fácil como parece. Te atrapa desde el primer momento, pero luego profundizar en ella lleva cierto tiempo. Tardé varios años en sentir una conexión realmente fuerte y personal con la obra. Y es un gran concierto que necesita un gran director y una gran orquesta también. Es una obra tan concertada que hay muchos momentos en que estás tocando a la vez que la orquesta y la orquesta tiene una voz igual de importante que tú. Por eso me lo pasé genial, porque me parece que el maestro y la orquesta lo hicieron increíble y me lo hicieron superfácil.
Los motivos para seguir brillando
Empezó a tocar con solo tres años, ¿qué no ha cambiado de aquel niño que empezó a tener un chelo en sus manos?
La ilusión de tocar y el amor por la música. Me levanto cada mañana intentando tocar cada vez mejor y hacer todo lo que pueda para que la música salga y que le llegue a la gente. Es lo que me motiva y lo que yo más quiero. Y cuando no lo consigo, es lo que lo que más me deprime.

Pablo Ferrández, con su chelo. / Mario Wurzburger
¿Es la ilusión ese pilar necesario para que un intérprete no deje nunca de brillar?
Sí. Yo toco unos 93 o 94 conciertos al año por todo el mundo y no todos los días te apetece tocar el concierto como si fuese lo que más te apetece del mundo. Hay veces que estás destrozado, que te acabas de despertar en Tokio, que tienes un jet-lag que te mueres y lo que más te apetece es quedarte tranquilo en la cama. Pero encontrar esa ilusión y escuchar esas primeras notas de la orquesta antes de que empieces tú, que te transporta a otro sitio, es hiperimportante mantenerlo toda la vida. Y al final es casi imposible cansarse de los grandes conciertos. Llegas, escuchas los primeros acordes de esas grandes obras y se te olvida todo.
Ha estado a las ordenes de Gustavo Dudamel o Valery Guerguiev. ¿Cómo se adapta uno a cada director?
No hace falta ser hipercamaleólico, solo hay que saber adaptar tu interpretación a diferentes maneras de tocar. Y en realidad lo que más hay que adaptarse es a las diferentes salas, porque cada una suena de una manera.
Me levanto cada mañana intentando que la música salga y que le llegue a la gente. Es lo que me motiva y lo que más quiero
Le llaman “el nuevo genio del violonchelo” y lo comparan con otros como Yo-Yo Ma. ¿Cómo se gestiona esa presión?
A mí eso no me presiona en absoluto. Me halaga que la gente puede pensar cosas positivas de mí, pero el que más me presiona soy yo mismo. Que alguien piense positivo o incluso negativo no me afecta tanto. Nadie me podría decir algo que me hundiese tanto como lo que me hunde a mí cuando yo siento que no he tocado al nivel al que yo estoy. Yo soy mi principal juez y soy muy exigente conmigo mismo. Y uno tiene que aprender a saber también cuando estás siendo desproporcionado al juzgarse a sí mismo. Es algo que he tenido que ir aprendiendo con los años.
Compartir en redes sociales
Gestiona sus redes sociales en las que acumula decenas de miles de seguidores, un número bastante alto para un músico clásico. ¿Es a día de hoy el mejor escaparate?
Sí que ayudan a mantener el contacto con tu público. He notado que en mis conciertos va muchísima gente joven. No sé si porque ya me hago mayor y son más jóvenes que yo o porque viene por las redes sociales, pero sí. Hay interés y, al fin y al cabo, yo solo puedo tocar en una ciudad cada noche. Y al subir un vídeo está viéndolo gente de todo el mundo y también puedes entrar en el radar de alguien que a lo mejor nunca había conectado con el chelo y de repente se engancha.
Ser ese referente también.
Sí. A veces lo que intento es ayudar a gente que a lo mejor no ha tenido el acceso a la información que yo he tenido, que he sido muy privilegiado con mis profesores y he tenido grandes maestros. Me gusta mucho pasar esa información por las redes, cosas que pienso que me han ayudado a mí. Y no solo para Europa, porque mucha gente a lo mejor en Sudamérica o en África no han tenido acceso a información sobre cómo tocar mejor. Después de cada concierto, en cualquier país al que voy, siempre me viene gente y me dice, ‘estoy enganchado a tus vídeos de YouTube porque me ayudan mucho a estudiar mejor’ y siempre digo que tengo que seguir haciéndolos. Lo que pasa es que no tengo tanto tiempo.
Después de cada concierto, en cualquier país al que voy, siempre me viene gente y me dice, ‘estoy enganchado a tus vídeos de YouTube porque me ayudan mucho a estudiar mejor'
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