Literatura
Álvaro García Hernández (escritor): "Con Brines se ha sido injusto"
Al inicio de cada capítulo de su primer thriller con el que ha buscado ser "optimista" en un género que tiene "un punto pesimista", el autor valenciano utiliza citas del poeta como "un homenaje con todas las de la ley, porque nos olvidamos enseguida de nuestros grandes nombres"

El escritor Álvaro García Hernández, con su libro 'Corazón de Perro', antes de la entrevista con Levante-EMV. / Fernando Bustamante

Álvaro García Hernández (San Antonio, 1976) se estrena en el género con 'Corazón de Perro', una novela que gira en torno al secuestro de una niña que repite el patrón de 13 años antes. Sobre la trama, asegura que ha planteado "un recuerdo de mucho dolor que sucedió en Valencia", aunque "solo es una excusa para ser optimista, para empezar a respirar y mirar hacia delante". Además, afirma que quería ubicarla en la costa valenciana para que "la gente entienda que es espectacular, pero en pequeños detalles, en pequeñas calas, en pequeños paseos marítimos como el de Benicàssim. Eso somos nosotros".
‘Corazón de Perro’ es un thriller, un género que nunca había abarcado. ¿Qué ha sentido para apostar por él ahora?
Era algo que me daba muchísimo miedo, porque yo tengo una trayectoria de literatura infantil y juvenil. Cuando aparece todo este boom del thriller, que es lo que más se vende, lo que más funciona y que está aniquilando a otros géneros, me planteo que quizás pierda al público, que los adolescentes que me leen no entenderán que me haya ido hacia una novela muy cruda. Pero esas cosas han aparecido en mi cabeza y es un género literario al que me he adaptado. Y lo cierto es que hay un boom del thriller en España y en toda Europa del que en gran medida tiene culpa la generación boomer. Tienen un gran poder adquisitivo, un hábito lector y han generado una demanda de novelas, de series y de consumo cultural al que hay que engancharse o te quedas en la brecha.
¿Qué hace al género tan atractivo en un momento en el que debería quizás triunfar lo evasivo o lo divertido?
En realidad, hay dos tipos de thriller y el que más lugar está ocupando es el thriller basado en el juego. Con una estructura que se está repitiendo hasta la saciedad, tienes un crimen y dos o tres posibles candidatos. Te llevan la mitad de la novela persiguiendo al falso malo y luego te resuelven el crimen porque había unas motivaciones que pueden ser o droga o violencia sexual o trauma infantil. Con eso tienes el 80 % del thriller que está surgiendo ahora en serie. Y luego tienes otro tipo, que tiene un punto más de calidad y que el abanderado es Víctor del Árbol, en el que la variedad de temas y de argumentos se amplía. Yo me englobo en eso.
El origen de la trama
En su libro utiliza una trama como un secuestro de una niña que esconde mucho más. ¿De dónde viene la idea?
En pocas palabras, lo que me atraía era el concepto de repetir un secuestro de una niña 13 años después, que fuese el mismo coche, prácticamente el mismo aspecto de niña y en el mismo lugar. Eso me volvía loco. Tenía que crear un pasado y si rascas un poco en los valencianos, lo tenemos todos en la cabeza. Yo quería dejar ese pasado en un pozo y avanzar hacia delante. La mayoría de thriller tienen un punto pesimista, un punto de hablar mal de la sociedad, de criticar. Yo quería ser optimista, de manera que es cierto que planteo un recuerdo de mucho dolor que sucedió en Valencia, pero solo es una excusa para ser optimista, para empezar a respirar y mirar hacia delante. Quizás he utilizado la novela para quitarnos un poquito un peso de encima y mirar con más optimismo hacia el futuro.
[Con la trama del secuestro] tenía que crear un pasado y si rascas un poco en los valencianos, lo tenemos todos en la cabeza. Yo quería dejar ese pasado en un pozo y avanzar hacia delante"
Pese a haber oscuridad, también hay guiños de humor en la novela que te sacan una sonrisa. ¿Son necesarios ese tipo de contrapuntos para no agobiar al lector?
Cuando yo empiezo a escribir la novela, mi agente me dice: ‘Álvaro, tiene que ser valenciana, porque está muy de moda lo local’. Nosotros tenemos los tres puñeteros tópicos valencianos, las Fallas, la paella, todo esto. Yo no quería eso, de manera que me voy a [Francisco] Brines y me empapo de la manera que tenemos de ser los valencianos. Uno de esos tópicos es que es muy difícil mantener una conversación con un valenciano sin que intente jugar un poco, darte un pequeño chiste, pese a que sea la conversación más seria. Un poquito de broma para respirar. En la novela funciona eso. Tú tienes escenas tremendamente crudas y si están los Pardos sabes que vas a respirar. En la propia naturaleza de los personajes ves que son valencianos. Identificarnos con la novela es muy fácil. Es una de las primeras cosas que me está diciendo la gente en las primeras lecturas.
"Nos pasan cosas muy exageradas
Pero eso no quita que haya corrupción, abusos de poder, morbo periodístico… en la novela. Al final hay una crítica social, también quizás vinculada a lo valenciano, inmersa en todas esas escenas.
Es que si tú empiezas a rascar en nuestra historia reciente ves que somos muy exagerados y al mismo tiempo nos pasan cosas muy exageradas. Aquí no tenemos un pequeño caso de corrupción. Aquí tenemos el más grande que hay. Si [Rafael] Chirbes hubiera vivido 10 años más, habría sido un referente de esa literatura incómoda, que hablaba del periodista, del corrupto, etcétera. Él fallece, pero ese espíritu crítico que tenemos los valencianos está.

El escritor Álvaro García Hernández, antes de la entrevista con Levante-EMV. / Fernando Bustamante
Parece escrito para la sociedad valenciana, ¿no?
Sí, como que en muchas ocasiones solo nos vamos a entender nosotros. Tuve la reunión con el equipo de internacional de la agencia y mi agente me decía: ‘Álvaro, muchas de esas cosas yo las entiendo porque soy Barcelona, pero el internacional ese carácter no lo entienden’.
Además, es una novela con ubicaciones valencianas muy reconocibles que transportan. ¿Era el objetivo?
Si tú piensas en novelas internacionales, te vas a las mismas ubicaciones de siempre, Nueva York, Abu Dabi, Londres o París. Si te quieres venir a Valencia, tenemos referencias muy claras. No quería centrarme en la ciudad, no me apetecía. Pero sí quería la costa, que la gente entienda que es espectacular, pero en pequeños detalles, en pequeñas calas, en pequeños paseos marítimos como el de Benicàssim y que eso somos nosotros. Esas son nuestras referencias, fuera de tópicos y fuera de una literatura fácil. Era el intento de hacerlo real, que te identifiques mucho con las escenas.
La memoria y la culpa se entrelazan en sus páginas mostrando como el pasado acaba volviendo. También la redención. Un retrato de la vida misma.
Cuando empiezas a escribir hay una técnica que crear injusticias en los personajes. En el thriller es muy fácil, siempre te ponen a un inspector que ha sufrido. Yo creo a Verdugo, que ha sufrido 13 años ese error que cometió. Balma ha sufrido ese error. Alonso ha sufrido ese error. Todos los personajes están esperando 13 años a que tú abras la novela y les des la satisfacción de redención. Si tú no lees, ellos se van a quedar jodidos, en su injusticia y si tú lees, ten la confianza de que les va a ir bien.
Ha mencionado antes a Brines. Utiliza citas suyas en todos los capítulos. ¿Por qué?
Brines ha sufrido una injusticia. Es un escritor muy valenciano, pero que escribe en castellano, de manera que el sector cultural valenciano no considera que deba defender a Brines, sino a Fuster o a Estellés. Brines se queda un poco huérfano. No hay un sector o una política que defienda a Brines, aunque es nuestro último Premio Cervantes. Si esto sucediese en cualquier otro lugar, tendría avenidas, calles, de todo. Brines representa ese concepto de injusticia que tenemos los valencianos que aguantamos un montón. Y daba la casualidad de que su antología está publicada en Tusquets. Pedimos permiso y plantearon que podía ser complicado, pero se lo preguntaron a las herederas y la Fundación aceptó. Mi libro tiene 60 citas de nuestro Premio Cervantes. Cada vez que lo repito, se me pone la piel de gallina.
"Mi libro tiene 60 citas de nuestro Premio Cervantes. Cada vez que lo repito, se me pone la piel de gallina"
Guiños en forma de homenaje.
Sí, es un homenaje con todas las de la ley porque nos olvidamos enseguida, y eso es otro carácter valenciano, de nuestros grandes nombres.
Además de escritor, es profesor de Lengua Castellana y Literatura. No sé si sus alumnos se interesan por sus libros.
Normalmente, voy con León Kamikaze [literatura juvenil] por los institutos, presentándolo, y muy bien. Pero claro, mis alumnos me siguen en redes y han visto la novela. Yo iba a clase y me dicen ‘pero léenos algo’. Y yo no puedo leer esto. ‘Os he intentado proteger de este concepto tan duro de la literatura para llevaros a un concepto amable, un concepto positivo y me está dando mucho apuro que leáis mi novela’. Es una novela muy dura y, pese a que tenga sus puntos de humor, hubo que trabajar con mucha delicadeza temas como el abuso sexual. Entonces, enfrentarme a mis alumnos con esta novela o plantearme una lectura colectiva. Ni loco.
Pero al menos sí que había interés.
Sí, los mayores sí que vinieron, están en Instagram y sí que les ha gustado mucho el presenciar la novela y se la compraron. Ese es el límite. Primero de Bachillerato, pero más para abajo, no.
Una segunda parte de Verdugo
¿Seguiremos viendo thrillers o ahora toca volver a novelas más juveniles o de otros géneros?
Hablé con mi agente y le planteé ‘¿y ahora qué hago?’, porque vas caminando y se te ocurren historias para niños o adolescentes y mi agente me dijo: ‘Álvaro, por esta línea. Si has empezado con Verdugo y está funcionando, sigue hasta que lo acabes’. Entonces, pienso en Verdugo, en algunos flecos que quedan en la novela y en la segunda parte de la historia.
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