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Los nuevos desafíos alimentarios según Jesús M Paniagua: “En el siglo XXI el problema ya no es el hambre, sino la obesidad”

El autor de "Comida" destaca que la creciente población mundial y las malas decisiones políticas pueden poner en riesgo la seguridad alimentaria, incluso en países desarrollados con sistemas robustos

Jesús M. Paniagua, ingeniero y autor de "Comida".

Jesús M. Paniagua, ingeniero y autor de "Comida". / L-EMV

Voro Contreras

Voro Contreras

València

Producimos más comida que nunca en la historia. En torno a 3,7 kilos de alimentos por persona y día, un 20 % más que hace apenas dos décadas. Sin embargo, la comida sigue apareciendo en el debate público como un asunto doméstico, casi trivial, y no como lo que realmente es: una infraestructura crítica sin la cual la civilización colapsa. Esa es una de las ideas centrales de Comida. Tecnología y futuro de la producción de alimentos (Guadalmazán), el nuevo libro de Jesús M. Paniagua, ingeniero agrónomo y autor de Basura y Agua, con los que este antiguo profesor de la Universitat Politècnica de València completa una trilogía dedicada a la “trastienda” de la civilización.

“El mayor logro de la humanidad es haber reducido el hambre de forma drástica en el último siglo”, recuerda Paniagua a Levante-EMV. En torno a 1960, cuando arrancó la "revolución verde", el hambre afectaba a cerca del 40 % de la población mundial. Hoy se sitúa en torno al 8 %, pese a que el planeta alberga muchos más habitantes. El problema alimentario dominante ya no es la escasez, sino el exceso: la obesidad alcanza al 15 % de la población mundial. “Desde principios de este siglo, el mayor problema relacionado con la alimentación no es ya el hambre, sino lo contrario”, señala.

El por qué de un "asunto menor"

Entonces, ¿por qué seguimos hablando de la comida como si fuera un asunto menor? Para Paniagua, la respuesta está precisamente en el éxito. La revolución verde permitió producir mucho más alimento con mucha menos mano de obra. El campo se vació, las ciudades crecieron y hoy más del 80 % de la población española es urbana. “Esa población ya no tiene una visión próxima y realista de los lugares donde se produce la comida. Además, desde esos tiempos nunca nos ha faltado”, explica. El resultado es una peligrosa ilusión de garantía permanente.

El libro insiste en que esa garantía no es automática. La historia demuestra que muchas hambrunas no se produjeron por falta física de alimentos, sino por decisiones políticas desastrosas. “En los países desarrollados es muy difícil que pase algo así, porque hay sistemas muy robustos”, matiza Paniagua. “Pero en países en desarrollo el riesgo persiste. Una mala decisión política, una guerra o un bloqueo de rutas marítimas pueden producir una hambruna en una región concreta”. El ejemplo reciente de Sri Lanka, donde en 2021 se prohibió de golpe la importación de fertilizantes, aparece en Comida como advertencia: caída de la producción, hambre y revueltas sociales. “El error técnico se corrige; la arrogancia política puede ser terrible”, resume.

Jesús M. Paniagua, ingeniero y autor de "Comida".

Jesús M. Paniagua, ingeniero y autor de "Comida". / L-EMV

Un sistema robusto, pero con tensiones

Lejos de una visión apocalíptica, Comida dibuja un sistema alimentario global que ha ganado en robustez, pero que sigue sometido a tensiones. Solo el 12 % de la tierra habitable es suelo agrícola y apenas el 20 % es de regadío, aunque ese regadío produce el 40 % de los alimentos. “No podemos prescindir de él”, afirma el autor. “La clave es adaptar su uso a la realidad de los recursos hídricos y hacer más con menos”. Riegos más eficientes, digitalización y variedades resistentes a la sequía forman parte de esa adaptación ya en marcha.

La tecnología ocupa un lugar central en el libro, aunque Paniagua huye del lenguaje de la “revolución” permanente. “No estamos ante una nueva revolución como la de los años 60, pero las tecnologías avanzan de forma incremental”, explica. Biotecnología, robótica, drones, sensores, visión artificial o bioplaguicidas permiten producir más, con mayor calidad y menor impacto ambiental. Para el autor, no se trata de ganar tiempo, sino de una solución estructural: “La población mundial tiende a estabilizarse en treinta o cuarenta años; el problema no será producir mucho más, sino sostener lo que tenemos”.

Engatusar con imágenes bucólicas

Otro de los ejes del libro es la dependencia de pocas especies. El 86 % de lo que comemos es de origen vegetal y la producción animal se concentra en muy pocos animales domésticos. ¿Es un riesgo para la resiliencia del sistema? “Es un sistema robusto, aunque no libre de riesgos”, admite Paniagua, señalando amenazas como las epidemias. Al mismo tiempo, apunta a nuevas vías: insectos, acuicultura, algas y especies que hoy apenas cuentan, pero que pueden ganar peso en el futuro.

El debate sobre fertilizantes, plaguicidas o agricultura ecológica ocupa también un espacio destacado. Para Paniagua, el conflicto no es técnico, sino cultural. “No somos conscientes del enorme esfuerzo que supone producir toda nuestra comida. Es fácil engatusar al consumidor con imágenes bucólicas”, señala. La agricultura, recuerda, avanza hacia un uso cada vez menor de insumos, pero no puede prescindir de ellos sin consecuencias.

Los desafíos valencianos

Paniagua aterriza estas cuestiones globales en territorios concretos, como la Comunitat Valenciana, una región intensamente agrícola y dependiente del regadío en el que confluyen muchos de los desafíos descritos: minifundio, falta de relevo generacional, abandono de tierras y presión competitiva exterior. “La clave está en buscar la producción de calidad, no la producción barata”, defiende, subrayando que el reto principal ya no es tecnológico, sino de modelo económico.

En última instancia, Comida propone un cambio de mirada. “La seguridad alimentaria es algo que socialmente se da por descontado, y quizá no deberíamos”, advierte Paniagua. Mirar el plato como un mapa -como sugiere el propio libro- implica entender que detrás de cada bocado hay historia, ingeniería, política y poder.

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