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El fuego purificador de las 'otras' Fallas

Desde las festividad valenciana hasta el Burning Man estadounidense, pasando por las islas Shetland o el norte de Chile, las llamas unen a diversas culturas en rituales de renovación, marcando el fin de ciclos y la llegada de nuevas etapas

Una carroza del Sagicho Matsuri de Omihachiman, ardiendo.

Una carroza del Sagicho Matsuri de Omihachiman, ardiendo. / Japan Travel

Juanma Vázquez

Juanma Vázquez

València

Desde tiempos inmemoriales, el fuego ha sido considerado un elemento de purificación. De la India a la tradición cristiana, pasando por la cultura maya -entre muchas otras- han tenido en las llamas una forma de dejar atrás lo malo, de renovarse o como un elemento vital a través de su luz. Dentro de ese simbolismo, este elemento de la naturaleza vuelve este 19 de marzo a ser parte irrenunciable de la festividad fallera, consumiendo centenares de monumentos fuera y dentro de València hasta dejarlos hechos ceniza, como una especie de adiós hasta 2027. Sin embargo, ese final a través del fuego no es patrimonio único de la fiesta valenciana. A lo largo y ancho del mundo, otras tradiciones -con similitudes y, sobre todo, diferencias- encuentran en la llama un pilar esencial, ceremonioso, imborrable. De Japón a Estados Unidos, de Chile a Rusia.

Sagicho Matsuri

Ese viaje al calor de la lumbre encuentra una parada ineludible en el país del sol naciente. En la ciudad de Omihachiman, ubicada a solo una hora de la antigua capital imperial - Kioto- y en las inmediaciones del lago Biwa, se celebra a mediados de marzo -este año, el pasado fin de semana del 14 y 15 de marzo- una festividad como el Sagicho Matsuri. Vinculada en su origen a Oda Nobunaga -una de las figuras más reconocidas de la historia japonesa- en el siglo XVI, esta conmemoración queda marcada por las carrozas, las 'sagichos'. En concreto, cada uno de los vecindarios que rodeaban el antiguo castillo de Oda en la zona preparan uno de estos 'carruajes' artísticos -decorados usualmente con el animal del calendario lunar de ese año- que se arrastran por la ciudad. Posteriormente, concursan para elegir el mejor antes de ser pasto de las llamas con el final del festival.

Up Helly Aa

Más cercano -aunque sea geográficamente- a las Fallas son los 'Up Helly Aa' que cada año desde finales del siglo XIX se celebran en las islas Shetland, en el norte de Escocia. Siendo el de Lerwick el más famoso y siguiendo el pasado vikingo de este territorio, hombres y mujeres -estas últimas solo desde 2023- desfilan disfrazados con trajes temáticos, portando antorchas por las calles y bailando al son de la música tradicional. Este movimiento concluye frente a un 'drakkar', la reconocida embarcación vikinga, que recibe las llamas de las antorchas para acabar ardiendo como una gran pira.

El 'drakkar' ardiendo durante el Up Helly Aa.

El 'drakkar' ardiendo durante el Up Helly Aa. / Shetland.org/Dave Donaldson

Maslenitsa

Sin componente naval, pero igualmente significativo -actualmente como una forma de cerrar el invierno y dar paso a la primavera- es la quema de Maslenitsa en enclaves de Rusia o Ucrania. Enraizado en su origen con el pasado pagano de estos territorios aunque evolucionada tras su cristianización, esta tradición -envuelta en ese simbolismo que marca el paso de lo que se despide y lo que está llegando- culmina la noche del 'Domingo de Perdón', momento en el que se decora y más tarde se quema una figura de paja ante la atenta mirada de los habitantes del lugar.

Quema de Maslenitsa.

Quema de Maslenitsa. / Levante-EMV

Quema de 'monos'

A más de 13.000 kilómetros de esas frías estepas rusas, concretamente en el norte de Chile y también en otros países latinoamericanos, otros 'muñecos' también acaban siendo convertidos en hoguera. No sucede en los primeros meses de cada ejercicio como en otras latitudes, sino en las fiestas con las que se cierra cada año, momento en el que se elaboran unos monigotes -más conocidos como 'monos' y que caricaturizan o representan usualmente personas o personajes famosos- vestidos con ropa vieja. Estos se acompañan de todos esos materiales cuyo único futuro es acabar devorados por el fuego, también como metáfora de reducir a cenizas aquello que se quiere dejar atrás.

Algunos de los 'monos' que se queman en el norte de Chile.

Algunos de los 'monos' que se queman en el norte de Chile. / Levante-EMV

Burning Man

Mucho más reciente, en concreto desde finales de los 80, es la celebración del Burning Man. Enclavada desde 1993 en el desierto del norte de Nevada (EE UU), este festival de expresión creativa -que reúne a 70.000 personas cada año- tiene como elemento principal una estructura de madera, arpillera y cera. Además de esta efigie, que recibe el nombre también de 'Burning Man', esta ceremonia incluye la construcción de otros 'monumentos' como templos, edificación que el año pasado diseñó el arquitecto valenciano Miguel Arraiz. Todos ellos, la penúltima noche de este certamen, acaban ardiendo como una forma de liberación. Porque el fuego, en las Fallas y en muchas otras celebraciones, también acaba siendo purificador.

Montaje de la estructura del 'Temple of the Deep' de Miguel Arraiz en el desierto del Black Rock en Nevada, el año pasado.

Montaje de la estructura del 'Temple of the Deep' de Miguel Arraiz en el desierto del Black Rock en Nevada, el año pasado. / MA

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