Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Crónica social de València | @Fiteraworld

Fallas, entre el ruido y la nieve

En València, en Fallas, solo hay dos tipos de personas: las que se quedan y las que huyen. Entre pólvora y nieve, los valencianos se reparten pero nunca dejan de encontrarse.

Gadea Fitera

Gadea Fitera

València

En València, durante las Fallas, la humanidad se divide en dos grandes grupos. No hay término medio, no hay zona gris, no hay escapatoria: o eres de los que se quedan o eres de los que huyen.

Los primeros, o son profundamente falleros o al menos entusiastas de la causa, capaces de sobrevivir a mascletàs, verbenas, cortes de tráfico, petardos a deshora y una agenda social que ni la de un ministro en campaña electoral. Los segundos (entre los que me incluyo sin ningún tipo de pudor) hacemos la maleta, miramos el calendario con estrategia militar y desaparecemos de la ciudad antes de que el primer petardo anuncie el inicio de las hostilidades.

No es falta de amor por València; es, simplemente, instinto de supervivencia. Mientras unos hacen la ofrenda, otros hacemos el check-in. Y, sin embargo, aunque una se vaya, las Fallas siempre le alcanzan. Porque València en marzo no es un lugar, es un estado emocional colectivo que se lleva puesto estés donde estés.

Los que se quedan viven estos días con una intensidad que siempre me ha parecido admirable. La ciudad se convierte en un hervidero de sentimiento fallero donde conviven tradiciones familiares, orgullo y mucha, muchísima emoción.

Ahí está, por ejemplo, la familia de Juan Roig al completo, que vive estas fiestas con nada menos que dos falleras mayores este año, o Elena Ravello, este año mantenedora de su sobrina Claudia Ravello como fallera mayor, que año tras año demuestran que lo suyo con las Fallas no es afición, es devoción.

Tenemos también a Mercedes Fillol, que este año ha salido en la ofrenda con todas sus nietas, y a mí, qué quieren que les diga, me parece una de las imágenes más bonitas que se pueden ver estos días, generaciones distintas unidas por una tradición que se transmite desde el corazón.

Luego está ese fenómeno tan nuestro que me fascina especialmente, el de quienes no son falleros pero no se pierden la ofrenda ni un año, como Neus Mira, mujer del notario Luis Calabuig, que se viste todos los años para participar, aun sin pertenecer a ninguna falla. Y hace bien, porque hay cosas para las que no se necesita un carnet, solo ganas y devoción.

Mientras tanto, hay un amplio sector de la sociedad valenciana que aprovecha esta semana fallera para volar a lugares más tranquilos, como por ejemplo Macarena Gea y familia, que están en Marrackech, disfrutando del sol de esos lares.

Como he dicho, nosotros todos los años nos vamos a algún lado con los niños, el año pasado tocó Irlanda; este año, iniciación de mis hijos al esquí en Baqueira Beret. Lo que en teoría iba a ser una experiencia de desconexión absoluta, terminó siendo algo así como una sucursal valenciana en alta montaña. Porque al parecer puedo cambiar de paisaje, pero no de compañía.

Los primeros que nos encontramos a pie de pista fueron nuestros vecinos, Hazem Hayani y su guapísima y simpática mujer Rasha Al Koudsi, acompañados de Encarna Alcayde y Nacho Ventimilla. A partir de ahí, aquello fue un goteo constante de caras conocidas.

Me encontré también con Enrique Asins y su mujer, a quien hacía tiempo que no veía, lo cual siempre es una alegría. Y cómo no, a Pachi Viñoles con Amadeo Salvo y su hija Paula. Mi marido, Jorge Blanquer, tampoco tardó en hacer lo propio y reencontrarse con Javier Blesa, Luis Frías y Sonia Baselga.

En ese momento asumí que lo de escapar de València en Fallas es, en realidad, una ilusión colectiva. Nos vamos, pero nos llevamos la ciudad con nosotros. Baqueira, además, tiene sus propios códigos. Es un ecosistema social con normas no escritas, donde la ropa técnica alcanza niveles de sofisticación inesperados y donde parece que todo el mundo sabe esquiar mejor que tú.

Personalmente, confieso que prefiero mil veces Vielha. Me resulta más cómoda, con más servicios y cosas que hacer. Pero entiendo perfectamente la fascinación que Baqueira despierta en muchos, sus pistas impecables, sus hoteles, sus restaurantes «donde ver y ser visto»… y ese aire de pequeño mundo paralelo.

Aprovecho desde aquí para dar las gracias a Ramón Villuendas y Alexia Martínez de los Reyes por habernos cuidado de maravilla desde la torre de control en pistas, y a Joan Mistou, que ha sido un profesor de esquí sencillamente excepcional con mis hijos. Paciente, cariñoso, comprensivo… todo lo que una madre necesita en ese momento crítico en el que ve a sus hijos deslizarse montaña abajo con poco control. Qué afortunada soy de encontrarme con gente así.

Pero mientras yo alterno entre la nieve, el frío y una dieta basada en chuletones y raclette (de la que no pienso arrepentirme), la vida en València sigue su curso, y con bastante ritmo, por cierto. Mayrén Beneyto organizó un café en el Casino de Agricultura para que Julio Tormo, que está escribiendo un libro sobre las Falleras Mayores de València, compartiera anécdotas, historias y detalles del proceso con un grupo de socias.

Allí estuvieron Rosa Reyes, Purificación Mora, el propio Julio Tormo, Ana Puchades, Julio Aguado, Pura Barber, Mayrén Beneyto, Francisca Cebrián, Ana Navarro y Amparo Palop.

Por si fuera poco, Mayrén llevó su espectacular traje de fallera para que todas pudieran admirarlo de cerca, porque hay piezas que no se explican; se contemplan.

Por otro lado, el Club de Golf El Bosque acogió la séptima edición del Marfil Trophy, un torneo exclusivo para damas organizado junto a Paloma y Héctor Marfil, con motivo del Día de la Mujer.

La jornada arrancó con un desayuno de esos que sirven para algo más que comer, para comentar jugadas, ponerse al día y, en algunos casos, mentalizarse antes de enfrentarse a los 18 hoyos. Un total de 50 jugadoras participaron en esta cita ya consolidada en el calendario del club.

Tras el torneo, comida, entrega de premios y un broche muy nuestro, una muestra de folclore valenciano al son de la dolçaina y el tabal, perfecto en estas épocas falleras que nos han acompañado.

Entre las participantes, nombres como Antonia Ortiz, Amparo Roig, Adriana Blay, Rocío Reol, Cristina Cervera, Patricia Sanchis, Esther del Amo, Pepa Fandos o Mª José Manzaneda, que no quisieron perderse una jornada donde competir era casi lo de menos.

Al final una se da cuenta de que da igual en qué grupo estés, en el de los que se quedan o en el de los que se van, porque el entusiasmo (esa palabra de la que les hablaba la semana pasada), aparece en todos lados. En una ofrenda con nietas, en una pista de esquí llena de valencianos, en un café lleno de historias, o en un campo de golf lleno de risas. Y quizá de eso van las Fallas aunque a veces no lo parezca, de encontrar la manera de celebrar la vida, cada uno a su manera.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents