Los demonios (románticos) acechan a Carles Caselles tras el adiós de Smoking Souls
El músico Carles Caselles, tras la disolución de Smoking Souls, inicia una nueva etapa musical bajo el alter ego RO.DI, presentándose este viernes en La Rambleta con un concierto que marca el inicio de un nuevo proyecto artístico

Carles Caselles es Romàntic Dimoni. / Lluck Tomas

Durante más de una década, la voz de Carles Caselles estuvo ligada a la intensidad emocional y política de Smoking Souls. Ahora, el músico de Pego abre una nueva etapa con un proyecto que nace desde la necesidad de explorar nuevos territorios creativos y emocionales. Este viernes 27 de marzo, el público podrá asistir al nacimiento oficial de su alter ego, RO.DI (Romàntic Dimoni), en directo en La Rambleta, en un concierto que marcará el inicio de un nuevo universo artístico.
“Primer Moviment”, el debut en solitario de Caselles tras el cierre de la aventura de Smoking Souls, representa el primer paso de una etapa que no pretende borrar el pasado, sino ampliarlo. «Después de muchos años con Smoking Souls, sentía que necesitaba un espacio diferente para expresar cosas que no cabían dentro del grupo», explica Caselles. «No es tanto una ruptura como una evolución natural». Romàntic Dimoni nace precisamente de esa necesidad de explorar territorios más íntimos. «Es un lugar donde puedo expresar una parte más vulnerable, sin el peso de todo lo que ya representaba el proyecto anterior», añade.
Un alter ego para decir más
RO.DI no es solo un nombre artístico, sino un personaje que permite al músico crear cierta distancia respecto a la exposición pública. «Romàntic Dimoni me da una cierta distancia y me permite protegerme ante la sobreexposición que exigen hoy las redes», explica. «Es como un filtro que, paradójicamente, me hace ser más honesto y más libre».
Ese personaje se construye también como símbolo. Caselles lo define como un “terrorista tierno”, una figura que reivindica la empatía en un mundo dominado por la velocidad y el individualismo. «La ternura, para mí, es una forma de plantar cara», afirma. «En directo se practica generando espacios donde la gente pueda bajar defensas, emocionarse y sentirse acompañada».
El concepto central del disco gira, precisamente, alrededor de esa idea de la ternura como resistencia colectiva. «No es solo lo que pasa en el escenario», insiste Casselles, «sino lo que se crea entre todas las personas que están allí en ese momento».
El vértigo de empezar de nuevo
Reconoce Caselles que dar forma a “Primer Moviment” ha sido también un proceso exigente. Uno de los momentos más incómodos -y reveladores- ha sido enfrentarse a la comparación inevitable con su trayectoria anterior. «El momento más incómodo ha sido enfrentarme a mí mismo ante la constante presión comparativa con el proyecto anterior», reconoce. «Escribir desde un lugar muy sincero, sin saber si eso conectaría con alguien, ha sido difícil. Pero justo ahí es donde han aparecido las cosas más reveladoras».
A pesar de tratarse de un proyecto profundamente personal, Caselles insiste en que no es una aventura solitaria. «Aunque nace de un lugar muy íntimo, este proyecto se ha construido con mucha gente alrededor, compartiendo dudas, ideas y sensibilidades», explica.
El concierto de presentación este viernes en La Rambleta será, precisamente, el primer gran momento colectivo de esta nueva etapa. «Es un punto de inicio, una presentación con todo lo que eso implica emocionalmente», señala. «Será un concierto especial, con sorpresas en forma de colaboraciones y un espectáculo trabajado para estar a la altura».

RODI minoriaabsoluta 04 / Lluck Tomas
El aprendizaje de la tierra
A la identidad artística de Caselles no solo la define la música, sino también su relación con la tierra. Más allá del escenario, el músico mantiene una conexión profunda con la huerta, el campo, donde ha crecido y donde sigue encontrando una forma de entender el tiempo y los procesos creativos.
«Mi relación con la huerta es muy natural. He vivido entre naranjos toda la vida y es un lugar que me conecta con el ritmo real de las cosas», explica. «No sabría vivir en otro sitio que no fuera el campo».
Esa doble condición de músico de rock y “llaurador” atraviesa su manera de crear. Dice que de la tierra ha aprendido la paciencia, algo esencial a la hora de hacer música. «La huerta me ha enseñado a escuchar y a no forzar -señala-. En la música eso se nota en la manera de hacer, intento que todo tenga los tempos que marca la propia canción».
Su proceso creativo, de hecho, se asemeja al cuidado de un cultivo. «Intento hacer caso a la energía de cada momento de creación, dejando espacio para que todo respire y crezca a su tiempo», explica. Frente a la prisa constante del mundo actual, su música reivindica una temporalidad distinta, más orgánica y cercana a los ciclos naturales.
En ese sentido, su propuesta artística se sitúa en un lugar singular: un puente entre la intensidad eléctrica del rock y la serenidad del trabajo agrícola. Dos mundos que, lejos de contradecirse, se complementan.
Canciones que nacen de lo íntimo para volverse colectivas
Musicalmente, “Primer Moviment” se mueve en terrenos cercanos al post-punk anglosajón, combinando potencia instrumental con letras de alta carga poética. Canciones como “Col·lapse” o “Aurora Roja” nacen de experiencias personales que, en el proceso creativo, se transforman en emociones compartidas. «Cuando siento que las vivencias que he tenido no son solo mías, sino que también hablan de otras personas, es cuando entiendo que pueden compartirse», explica.
El paso al directo ha supuesto también un desafío importante: trasladar la riqueza sonora del estudio al escenario sin perder intensidad emocional. «El reto ha sido mantener esa intensidad con menos capas de producción», reconoce. «Al desnudar algunas cosas, todo se vuelve más vivo y más directo. Las canciones han ganado otra dimensión».
Un primer movimiento que apunta al futuro
El título del disco no es casual. "Primer Moviment" sugiere continuidad, una obra en desarrollo que crecerá con el tiempo. «Hay una idea de continuidad, pero no está todo cerrado», explica Caselles. «Me interesa que sea el proceso el que marque el camino. Forzarlo haría que perdiera verdad».
De cara al concierto del viernes, el músico tiene clara la idea que quiere dejar en el público. «Me gustaría que se rompiera algo por dentro, pero en el buen sentido», confiesa. «Que caigan capas y aparezca una emoción real». Y, sobre todo, que quede una sensación de esperanza en tiempos difíciles. «Aunque vivimos tiempos convulsos y desesperanzadores, siempre existe la oportunidad de encontrar espacios donde la belleza o la ternura puedan canalizar la rabia y la frustración», reflexiona. «Dar un poco de luz a la idea de que todo no está perdido».

RODI minoriaabsoluta 08 / Lluck Tomas
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