Fuera de compás
La irrelevancia de Cisco Fran
La Gran Esperanza Blanca ha publicado un magnífico artefacto con el que despedirse de su afición. Esa que va a reventar Loco Club el próximo 18 de abril.

La Gran Esperanza Blanca en directo. / Alfredo Beltrán

Francisco García Cubero dice que es irrelevante. Y por eso se baja del tren del rock and roll después de 40 años al frente de La Gran Esperanza Blanca. Utiliza esa palabra, “irrelevantes”, durante nuestra conversación telefónica y a mí se me revuelven las tripas. Irrelevantes son los Stones desde el 81 o Viva Suecia, que va a serlo toda su vida. Ellos podrían ser tan irrelevantes como tantas magníficas películas, como tantas excelentes novelas, como tantas nobilísimas expresiones culturales en este mundo traidor. ¿Cómo se mide eso? ¿En magnitudes de cantidad, de calidad, alfanuméricas, ventas, clicks, descargas?
Me explica que, asumido ese pensamiento, comprobado que nadie espera ya nada de ellos, dar el paso ha sido más fácil. “Estoy cansado, no quiero seguir adelante, se me hace cuesta arriba. No ha habido una crisis, no hay enfados, todos los miembros hemos llegado a la misma conclusión por separado. Ya hemos aportado bastante, ahí quedan nuestros discos y nuestra música en Bandcamp para el que se quiera interesar”.
Y por eso Cisco Fran, Spagnolo Ferocce, Chiti Chítez y Chuso Al han publicado un magnífico artefacto con el que despedirse de su afición. Esa que va a reventar Loco Club el próximo 18 de abril. El disco se titula “Gasolina para quemar” y lleva 12 canciones grabadas en los estudios Little Canyon por las bravas, en directo. “Estamos sonando muy bien, la banda está muy centrada, cohesionada, madura. Hay una energía muy positiva y seguro que el concierto del Loco va a ser muy chulo”. Ya han tocado en Utiel y Jaén y las crónicas son inmejorables.
Canciones sobre la existencia y el crecimiento, sobre vidas llenas de añoranzas y errores, pero también sobre aciertos y valores. Coplas pobladas por actores, alcaldes, artistas de circo, músicos, huelguistas, forajidos, marineros, jueces, obreros, jefes indios y prisioneros que respiran y se retuercen a base de mucha y muy buena poesía, lírica, explícita, cinemática y narrativa. Canciones evocadoras llenas de amor. De “besos”, una palabra que se repite a menudo en sus composiciones. “Parece un poco ñoña, pero un beso es mucho. Llegar a ese nivel de intimidad con otro ser humano es realmente bonito y abre las puertas a mucho más. Es importante, en la vida hay que besar y ser besado todo lo que se pueda”.
No, su música no es irrelevante. No puede serlo. Fue el blues y el country los que nos hicieron llegar aquí, ese rock de raíces norteamericanas de obvia pero elegante escuela dylanita, tan exótico pero tan interiorizado a la vez, sobre todo para él. Viajero pertinaz, Cisco recorre los Estados Unidos cada vez que puede y los describe y analiza con inteligencia y calidez. Brooklyn, Nueva Orleans, Nashville, Paterson o Columbia pasan por su mirada pop, adquirida a través de la literatura de Auster o Ford, el cine, la música o los deportes. Todo lo que escribe, canciones, relatos, cuadernos de viaje, es espectacular. Es un observador brillante con facilidad para elevar espiritualmente cuestiones cotidianas y populares: una peluquería, una colección de cromos, un puente, un cementerio, una carretera, una conversación, un partido de fútbol.
El libro que acompaña al disco, exquisitamente publicado por Osadía Ediciones, lleva más de 125 textos. Canciones que se grabaron o no, algunas rescatadas de los cajones del olvido y registradas para este trabajo. “Me ha sorprendido leer cosas que escribí hace años, sobre todo canciones del principio. Ahora me parece que había una luz que me iluminaba y yo no era consciente, como por ejemplo en “Somos materia porosa” y “Sombrero de caracolas de mar”. La propia “No olvides la llave” es de 1991 y me parece profética por la situación actual con respecto a nuestra relación con las pantallas y los medios de comunicación”.
La Gran Esperanza Blanca se marcha sin quejas, sin reproches. Pone el punto final a 40 años de carrera, desde aquella mili en Palma de Mallorca hasta su último concierto, con una versión del penúltimo geniecillo del folk norteamericano M. Ward, estupendamente adaptada al castellano, como no podría ser de otra manera. La música, las lecturas, la cultura en general es gasolina para quemar, combustible para que siga funcionando el motor de nuestras vidas. Por haber alimentado esa hoguera con sus canciones, con sus conciertos, con su existencia, La Gran Esperanza Blanca, todos los que pasaron por ella, y en especial Cisco Fran, siempre estarán a salvo de la irrelevancia.
- El Nou Mestalla, diseñado para atletismo: así es la técnica para convertir el estadio en recinto para albergar grandes competiciones internacionales
- “El boom de las caravanas ya pasó, ahora son una alternativa turística consolidada”
- El pueblo valenciano con mayor tasa migratoria: «En el colegio hay muchos niños y ya no quedan casas para alquilar»
- Nuevas entradas a la venta para el concierto de Aitana
- El gran partido a tres bandas en el Nou Mestalla: un estadio de fútbol, dos torres en suelo terciario y un polideportivo
- Más de 20.000 personas reivindican el futuro del valenciano en la 'Trobada' de la Ribera
- La candidata valenciana se queda a las puertas de Miss Mundo
- Dani Fernández suspende 25 minutos el concierto en el Roig Arena tras sufrir una caída durante la actuación