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Muere Rafael Boluda, el poeta del pincel

El pintor valenciano, conocido por su acuarela figurativa, deja un legado de obras que capturan la esencia de la vida y la historia. Será enterrado en Llanera de Ranes

Rafael Boluda

Rafael Boluda / Levante-EMV

Gustavo Clemente

València

Pintó la vida con la delicadeza de quien no quiere herirla, como si cada escena fuese un secreto que quería contarnos. Y así se ha marchado Rafael Boluda, sin hacer ruido. Con la elegancia de los genios que no se consideran excepcionales y la bondad de los hombres que miran sin juzgar para, luego, con su leve temblor de pincel, devolvernos la vida convertida en algo eterno.

La historia del arte universal debería abrir una página de honor para inscribir el nombre de Rafael Boluda Vidal, autor de la acuarela figurativa más grande jamás vista. Una obra de 164’5 metros de largo pintada durante cinco años en la soledad de su pequeño estudio de la calle Torres. Una recreación descomunal de la historia de la mitología, salida de su deslumbrante imaginación. Para los valencianos. Para la humanidad.

Rafael no fue solo un pintor, sino, también, un contador de historias, un poeta del pincel. Siempre se sintió niño y nunca olvidó sus orígenes. Rafael era hijo de Emilia y Vicente, gran dibujante y dorador imaginero y hermano de Vicente, quien estudió dibujo y modelado. De apariencia frágil y determinación sobrenatural, Rafael se propuso desde pequeño ser notario de la vida diaria a orillas del Turia previo a la Riada, en l’Olivereta, con el deseo de que el recuerdo de esos oficios y costumbres no se perdieran. Le impresionaba la imagen de los areneros con sus carros y caballos extrayendo arena para la construcción. Suponían para él una escena espectacular de fuerza e intensidad, que plasmaría años más tarde en sus emblemáticos cuadros de tiro y arrastre. Entre los escenarios sentimentales de Rafael está también Llanera de Ranes, donde su madre y su hermano se trasladaron durante la Guerra Civil, antes de regresar a la ciudad.

Eran los años de los tebeos. El pequeño Rafael se presentó ante Soriano, director de Editorial Valenciana, con una carpeta repleta de trabajos bajo el brazo. Superó las expectativas y se fue ganando un sitio en el mundo del cómic, con su gran capacidad de retentiva como dibujante. De ahí pasó a Editorial Maga. Pronto le encargaron una nueva serie: Johny Fogata. Durante tres años, Boluda se levantaba a las siete de la mañana y se acostaba a las tres de la madrugada dibujándola. Comenzó a tener agentes que llevaron sus dibujos por todo el mundo. Pasó a ser, a su corta edad, un profesional reconocido internacionalmente. Los lectores seguían sus series. A través de un agente inglés, llegó a dibujar para las grandes editoriales del cómic, como Wary Cooker, Thompson o Fleetway, con personajes como Kung-Fu. Boluda era uno de los mejores dibujantes europeos. Empezó a trabajar para la editorial Universo, la más importante de Italia, donde publicó las historias de uno de los personajes más famosos, Misty Eloise.

Sin embargo, Rafael nunca dejó de pintar y nunca olvidó su esencia valenciana. Nuestros paisajes, nuestras escenas. La vida en movimiento, la luz, la dignidad de los gestos sencillos, la belleza de la vida cotidiana. Probó la técnica al óleo pero tuvo que dejarla por problemas de alergia y se dedicó en cuerpo y alma a la acuarela. Para ello, le favoreció haber pintado tantos cómics, porque le permitía situar las figuras con mucha destreza y rapidez. Dominando el agua como el que domina el tiempo. Creando escenas que respiran. Que contienen la vida entera en un gesto. Empezaba su carrera como pintor. Pasaba de tratar con editores y agentes literarios a mostrar su trabajo al público. Debutó en la sala Benlliure con una exposición sobre paisajes y personajes valencianos donde vendió toda la obra. Gabernia, San Vicente y la galería de Mayka Sánchez fueron sus salas más habituales. Su mujer, Amelia, y su hija, Rosario, sus grandes apoyos personales.

Las fallas han sido, al mismo tiempo, una pasión transversal en la trayectoria de Boluda. Dominador de las técnicas de la escultura, inicialmente, llegó a plantar sus propios proyectos. Fundó la comisión de Goya, donde plantó la primera falla infantil con la colaboración de Amelia. De ahí pasó a Especial con la infantil de Convento Jerusalén, donde obtuvo el tercer premio y el primero de Ingenio y Gracia. Así, en esa histórica comisión, le llegó la oportunidad de hacer los bocetos a José Pascual ‘Pepet’, para quien dibujó los proyectos de los años 1978 a 1980, en Convento, y de 1981 a 1983, en Ferroviaria. Entre medias, hizo también algunos diseños para Manolo Martín en Na Jordana hasta que vivió la etapa triunfal con sus colaboraciones junto a Agustín Villanueva en la comisión de El Carme en 1989 y en 1990, año en el que Na Jordana logró la gloria en Sección Especial con la emblemática ‘Ya semos europeos’, que arrasó en todos los premios y está considerada como la primera falla espectáculo en la historia. Una idea y diseño originales de Rafael Boluda, con excelente trabajo de Villanueva, donde las figuras alegóricas de España y Europa se abrazaron sobre que un puente que se transitaba por la parte inferior y supone el inicio de las fallas contemporáneas.

La relación de Boluda con Villanueva prosiguió en Convento con el descomunal ‘El Templo del hombre’ de 1992 y un ‘Mar de futur’ de 1996. Además, Boluda realizó diversas portadas para El turista fallero, así como carteles para el Gremio de Artistas Falleros. El uso generalizado de diseños de ordenador empezó a disuadir a Boluda de seguir dibujando fallas. Como siempre sostuvo, “no habrá ordenador que supere el dibujo que sale del corazón y la mano de una persona”. Frase de hace dos décadas, donde Boluda ya imaginaba nuestra cotidianidad marcada por la inteligencia artificial.

Los últimos años artísticos de Rafael Boluda todavía tuvieron un punto álgido de grandeza. Al cumplir los 70 años decidió demostrar a las personas mayores que todavía era posible hacer retos extraordinarios y decidió representar la historia de la mitología universal en un rollo de acuarela de 164’5 metros de largo. Tiempo. Paciencia. Amor. Lo logró. Y aún tuvo tiempo de seguir imaginando y decidió plasmar cómo será el futuro de la humanidad, en un rollo de papel, con la técnica de tinta china, del que llegó a completar otros 70 metros. Rafael Boluda ya imaginó cómo evolucionaría este mundo caótico nuestro. Avanzamos que, entre algunas distopías, aún encontraba Rafael motivos para la esperanza, con personas tendiendo la mano a otras. Como él siempre hizo, con su humor y generosidad. Tenía una sensibilidad extraordinaria para enseñar a mirar, para convertir a cada niño en artista y cada trazo en un pequeño acto de magia.

Hoy, ese niño que observaba las calles de l’Olivereta para dejar constancia de la memoria del pueblo valenciano deja de pintar para siempre. Se va con la luz de abril, esa que tanto le gustaba, el mes de su cumpleaños. Su gatita le llora. Y todos los demás, también. Puede estar en paz. Su obra es perfecta. Refleja lo que pretendía. Pequeño Rafael, lo lograste.

El entierro tendrá lugar esta tarde en el tanatorio municipal de València, a las 15:45, y entierro en Llanera de Ranes, a las 17.30.

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