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Novela

Juan Francisco Ferrándiz, escritor: "La Lonja de València fue el primer templo construido para la humanidad"

El autor vuelve a la literatura con 'La lonja de la seda' (Grijalbo, 2026), una novela histórica que recupera el valor que este edificio tuvo en la sociedad valenciana del siglo XV. Además de un reto arquitectónico llevado a cabo por Joan Ibarra, protagonista de la obra, y Pere Compte, fue una revolución social: "Representa ese cambio mental y espiritual, una transformación social donde las creencias religiosas se mantenían, pero los comerciantes podían medrar y conseguir lo imposible".

Juan Francisco Ferrandiz, autor del libro 'La Lonja de la seda'

Fernando Bustamante

Amparo Soria

Amparo Soria

València

Se han escrito ríos de tinta sobre el Santo Cáliz, sobre la Catedral y sobre tantos otros emblemas valencianos que nutren la cultura e historia local. 'La Lonja de la seda' es un homenaje a un elemento arquitectónico revolucionario que, con esta novela de Juan Fransico Ferrándiz, se le reconoce no solo el valor patrimonial, sino social: con sus sillares, columnas y arcos, este templo civil escribió una "revolución silenciosa", la de los mercaderes sacudiéndose los complejos y creciendo en la escala social, desbancando a la nobleza imperante y rompiendo el orden jerárquico donde el dinero comenzó a gobernar.

¿Por qué decidió usar la Lonja como centro de su nueva novela?

Es un edificio que necesitaba ser contado. Tenemos novelas que hablan de catedrales, de edificios espectaculares, pero un templo para la humanidad, para los hombres, es algo insólito en esa época. Lonjas había muchas, pero una como esta, con su simbología, sus gárgolas y sus puertas que parecen de una iglesia, es algo único. Hay un misterio detrás: un documento de la época ordena a Pere Compte y a Joan Ibarra que levanten la Lonja conforme a un plano muy bien dibujado. ¿Quién lo hizo? Al investigar a través de tesis doctorales, descubres que fue su maestro, uno de los mejores arquitectos, una especie de Leonardo da Vinci que teníamos en València y que nadie conoce. Hizo cosas impresionantes, como el símbolo de Salomón en la catedral, envueltas en un aire de misticismo. Te das cuenta de que, a pesar de su importancia mercantil, es mucho más que una lonja; hay algo misterioso y ahí tienes las claves de una novela: personajes, una época fascinante y un edificio asombroso.

Supongo que el trabajo de documentación fue ingente.

Sí, y además estas novelas tienen un peligro adicional: el edificio está ahí. No te inventas un castillo; este edificio tiene su historia y su documentación. Ha sido fascinante, casi como un Indiana Jones descubriendo por qué tiene tres ventanas aquí o por qué esta piedra es de este color. La mayoría de estudios sobre la Lonja son de arquitectos para arquitectos, con mucha jerga técnica. Yo soy abogado y el lector no necesita ese tipo de lenguaje. He tratado de que sea una historia creíble y fiel al monumento, pero mi objetivo no es "apedrear" al lector con datos.

¿Qué buscaba transmitir entonces al lector más allá del dato histórico?

Quería que la gente viviera cómo se construyó, las vidas de aquellas personas, sus sueños y sus anhelos, pero lógicamente con rigor. A esa información técnica se suma ahora una visión literaria de este "templo para la humanidad".

Juan Francisco Ferrándiz, autor del libro 'La Lonja de la seda'.

Juan Francisco Ferrándiz, autor del libro 'La Lonja de la seda'. / Fernando Bustamante

En la novela habla de una "revolución silenciosa". ¿En qué consistió?

Es una época en la que València se convierte en la capital económica del Mediterráneo por circunstancias como la caída de Constantinopla, que hizo decaer a Venecia, o la guerra civil de Barcelona. Valencia aprovecha esa oportunidad y se sitúa en el primer orden mercantil e incluso europeo. Detrás de lo mercantil viene el poder, las letras y la cultura. Eso supuso el ascenso de la burguesía y, lógicamente, el descenso de los nobles, que hasta entonces vivían en la València de los caballeros, la de Joanot Martorell o Ausiàs March.

La Lonja de València representó el momento del ascenso de la gente del pueblo que empezó a poder imaginar una vida mejor"

¿Cómo se manifiesta ese conflicto entre la nueva clase emergente y la nobleza en decadencia?

La Lonja representa ese cambio social. Los mercaderes asumen puestos de poder, se acercan a la corte y ya no se sienten inferiores; compran títulos y tienen riquezas. Mientras, los nobles se van empobreciendo, ahogados por préstamos, pero se resisten. Ese conflicto es el que propone la novela en clave de crímenes, persecuciones y rivalidades históricas. Fue el momento del ascenso de la gente del pueblo que empezó a poder imaginar una vida mejor.

Ese cuestionamiento del orden establecido se ha producido en diferentes épocas de la historia, pero ¿qué supuso este cambio a nivel espiritual?

Las sociedades evolucionan mediante fracturas que se notan en pocas décadas. Estamos ante el final de la Edad Media, un orden sagrado en el cual nacías y morías en tu estrato social. Lo que produce realmente la fractura es la sensación de los mercaderes de que tienen un espacio reservado en el cielo aunque sean comerciantes, algo que en la Edad Media estaba en cuestión. Mercadear o hacer préstamos casi suponía la condena eterna porque el mundo debía mirar solo a Dios.

De ahí su definición de la Lonja como un templo dedicado al hombre.

Exacto. Es el momento en que la humanidad se emancipa. La gente mantiene sus creencias religiosas, pero eso no les coarta para abrir una empresa o tener sueños de medrar y conseguir lo imposible. Ese cambio mental y espiritual tiene en València su máximo exponente, y la Lonja es, sin duda, el mejor símbolo que existe en el mundo de esa transformación.

¿Fue la construcción del edificio también una herramienta de prestigio para estos mercaderes?

En parte sí. La Lonja tiene una parte propagandística. Había una lonja vieja, la del Aceite, que era apenas un techo y unos pilares. Pero València era tan potente que esos mercaderes necesitaban algo que les representara y deslumbrara a los de fuera. En los documentos del Consell se ordena construir una lonja "muy bella y esplendorosa". Querían mostrar al mundo que eran una parte clave e imprescindible de la sociedad.

Juan Francisco Ferrandiz, autor del libro 'La Lonja de la seda'

Juan Francisco Ferrandiz, autor del libro 'La Lonja de la seda' / Fernando Bustamante

De toda esta investigación, ¿qué detalle histórico le ha impactado más?

Muchos, pero destacaría uno: el suelo de la capilla. Tiene tres colores: blanco, negro y rojo. El original está 20 centímetros más abajo y era tal cual. La piedra "encarnada" era excesivamente cara, tanto que hace 500 años alguien investigó y saltó un caso de corrupción cuyo modus operandi parece de un noticiero actual; te das cuenta de que no hemos cambiado tanto. Me encanta ver esa València de luz, de Ausiàs March, pero también sus sombras, como ser el prostíbulo más grande de Europa. Hay luz y sombra, como en la vida.

Hablemos de los personajes. ¿Qué le interesaba explorar a través de Joan Ibarra y Francesca?

Son personajes contrastados. Joan Ibarra es real, fue uno de los constructores. Es curioso porque el Consell ordena a Pere Compte y a él que construyan la Lonja especificando que "ninguno esté por encima del otro". Eso sorprende porque Pere Compte era un gran maestro y de Ibarra se sabe muy poco. He rellenado esos huecos históricos imaginando a un joven con un don especial que lucha por construir un edificio que quede para el mundo.

En València teníamos la magia morisca: rituales de la tradición árabe que aún hoy perduran en remedios populares u oraciones de protección

¿Y qué papel juega Francesca en esta historia?

Es una mujer fuerte, hija de una curandera. En ella he concentrado la sabiduría ancestral de la época. En València teníamos la magia morisca: rituales de la tradición árabe que aún hoy perduran en remedios populares u oraciones de protección. Francesca llega a realizar un conjuro para el mismo rey Fernando el Católico. Ellos son el inicio de una dinastía, una familia que crece mientras por detrás se está levantando ese edificio impresionante que asombrará al mundo.

Comentaba que toda esa parte de "sabiduría ancestral" está muy documentada.

Absolutamente. Todo lo que hace Francesca es histórico; no me he inventado ni una palabra. Las fórmulas están registradas en documentos y tesis doctorales; incluso los propios sacadores de la Inquisición copiaban las invocaciones en sus informes. Ese mundo ancestral formaba parte de la vida cotidiana y no pude resistirme a incluirlo.

Para terminar, ¿cree que la novela cambiará la forma en que los valencianos ven la Lonja?

Ese es el espíritu de la novela. Me gustaría que fuera uno de esos libros que se convierten en referente de una ciudad, que alguien de Burgos o Madrid lo lea y diga: "Quiero ir a València a ver esa lonja". He trabajado mucho para que la historia sea atractiva y fácil de leer. Tenemos un edificio que es Patrimonio de la Humanidad y podemos mostrárselo al mundo con mucho orgullo

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