Un correfoc en el desierto de Nevada: el fuego valenciano vuelve al Burning Man con Miguel Arraiz y Dani Nebot
La dupla del arquitecto y el Premio Nacional de Diseño configura una escultura de madera que reproduce los tradicionales 'dimonis' envueltos por el fuego

Dani Nebot y Miguel Arraiz junto a los prototipos de correfoc que llevarán al festival The Burning Man / Tono Errando

El fuego que inundará el desierto de Black Rock, en el estado de Nevada (EEUU) volverá a tener firma valenciana. Estará de nuevo a cargo del arquitecto Miguel Arraiz, quien cuenta en esta ocasión con el Premio Nacional de Diseño Dani Nebot para dar forma a su nuevo proyecto: un correfoc que ilumine el vasto terreno americano donde se instala, cada año, el festival Burning Man.
Será la cuarta vez que Arraiz participe en este festival internacional de creatividad, uno de los más cotizados por su ubicación excepcional y la aventura que supone no solo llegar hasta allí, sino pasar una semana entre tormentas de arena, encuentros, talleres y música. Todo ello revestido de una espiritualidad (marcada por lo efímero) que caracteriza el encuentro, que monta y desmonta una ciudad entera en cuestión de días, y que lo hace ser uno de los más demandados -e inaccesibles- del mundo.
El proyecto de Arraiz y Nebot mezcla tradición y arte contemporáneo al reinterpretar una de las figuras clave del folclore valenciano. La estructura se basa en una de las esculturas del laureado diseñador que el arquitecto vio un día en su taller. Según explica a este diario, Arraiz pasó por el taller de Nebot y vio uno de los 'dimonis' característicos que se cargan de fuego para espantar al público: "Pensé que era perfecto para llevarlo al desierto, le pregunté y me dijo que sí, que lo presentáramos al festival. Nos escogieron y nos concedieron la beca para construirlo y transportarlo hasta Nevada".
El proyecto está todavía en fase de desarrollo pero será cuestión de semanas que se embarque hacia Estados Unidos. Consiste en una gran pieza escultórica, basada en las de Nebot, construida en madera en València, para más tarde llevarla en un container hasta California, lo que tomará semanas. La previsión es enviarla antes de que termine mayo para que llegue a la bahía de San Francisco a medidados de julio, donde permanecerá almacenada hasta su traslado definitivo, antes de septiembre, a Black Rock.
A diferencia del proyecto de 2025, cuando Arraiz fue el encargado de idear, diseñar y construir el templo central del festival -el Temple of the Deep-, que fue construido en San Francisco por la complejidad que suponía, aquí el proceso se realizará íntegramente en València a falta de instalarlo allí. El propio Arraiz viajará a los Estados Unidos a finales de abril para quedarse allí y supervisar todos los trabajos
Danza de fuego en torno al correfoc
A colación del intercambio cultural entre València y Burning Man, basado y unido por el fuego, el correfoc estará rodeado de llamas, aunque no saldrán de él mismo al estar construido de madera. Según explica Arraiz, están en conversaciones con el colectivo Fire Conclave, cuya presencia es ineludible en este festival, para que sean ellos quienes envuelvan de fuego la mítica figura valenciana. La idea es convertir la escultura en el epicentro de las danzas, porque "nosotros llevamos la parte mediterránea con el correfoc y ellos ponen el baile", dice Arraiz.
Durante la semana del festival, que se celebrará entre el 30 de agosto y el 6 de septiembre, la pieza funcionará como punto de encuentro artístico y performativo. Como manda la tradición en Burning Man, la obra será finalmente pasto de las llamas. Primero se quemará la escultura y, en la jornada final, se prenderá fuego al conjunto, antes de limpiar completamente las cenizas en línea con la filosofía del “leave no trace” (en castellano, "no dejar rastro") del evento.
Esta será la cuarta participación de Arraiz en el festival, tras sus experiencias en 2015, 2016 y 2025, consolidando una trayectoria que conecta la cultura festiva valenciana con uno de los encuentros artísticos más singulares del mundo.
El templo central con sello valenciano
En su última participación, en 2025, Miguel Arraiz lideró el equipo internacional encargado de levantar el espacio más simbólico del festival: el templo en torno al cual se erige la ciudad efímera. A diferencia de otras estructuras e instalaciones, el templo no es solo una iniciativa artística, sino un lugar de recogimiento popular donde miles de participantes dejan mensajes, objetos y recuerdos vinculados a la memoria, el duelo o la celebración de la vida. De hecho, el año pasado tuvo especial relevancia porque Arraiz llevó con él un centenar de cartas de afectados por la dana que dejaban para sus seres queridos.
Aquel proyecto supuso un salto cualitativo en su trayectoria dentro del festival, tanto por la escala como por la carga emocional de la obra. Arraiz trabajó en un proceso colaborativo con artistas de distintos países para construir una arquitectura efímera pensada para ser habitada durante toda la semana y, finalmente, quemada en silencio en uno de los rituales más sobrecogedores del evento. Una experiencia que ahora sirve de precedente para este nuevo reto en el que se vuelve a reivindicar la simbología del fuego a través de la cultura valenciana.
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