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Fuera de Compás

Volver al instituto

Allí nos vamos a ver este viernes, de tiros largos, en un salón de eventos, a menú cerrado. En plan boda. Ellas guapísimas y nosotros feos, gordos y más calvos que el culo de un mandril. Creo que también vendrán algunos profesores, a los que pediré disculpas por algunos de mis comportamientos de entonces

Una escena de 'Buffy, cazavampiros' de camino al baile de graduación.

Una escena de 'Buffy, cazavampiros' de camino al baile de graduación. / L-EMV

Fernando Soriano

Fernando Soriano

Yo no tuve fiesta de graduación. Tampoco hubo un baile. Hablo de una de esas fiestas con el gimnasio adornado con papel higiénico de colores, grandes peceras llenas de ponche, algo de picar y claveles en las solapas. Una banda tocando versiones que, cuando la luz se queda en una mínima y azulada penumbra, interpreta una lenta para que me arrime a mi chica, esa a la que me ha costado pedirle que venga de mi brazo casi todo el curso. Suenan los acordes arpegiados de “Everybody Hurts” y yo la beso apasionadamente en la boca. Y, entonces, ella me enchufa un guantazo morrocotudo delante de toda la basca y me tira las gafas al suelo. Qué quieren que les diga, estas cosas no me salen bien ni en sueños. Y la culpa de que lleve una temporada agitado por estas visiones la tienen cuatro locas de mi instituto que han organizado uno de esos reencuentros con la excusa de que este año cumplimos 50 tacos.

Chavalas estupendas que llevan meses con los grupos de wasap, las fechas, los dineros, buscando un local que nos acoja a todos para la cena, las copas y el cachondeo. Tomándose la molestia de montar el sarao que no tuvimos a mitad de los 90 del siglo pasado, cuando acabamos nuestra formación de BUP y COU en Nuestra Señora del Socorro, en Benetússer. No les aburro con mis desventuras en aquel pequeño y familiar centro concertado pero sepan que la elección de la canción de R.E.M. no ha sido casual. Su guitarrista, Peter Buck, vio clara la metáfora de que en la serie “Buffy, cazavampiros” el instituto fuera una puerta al infierno.

Así que en esas ando últimamente, en buscar algo que ponerme sin parecer una estantigua y revisando pelis relativas al asunto. Obviamente “Reencuentro” y “Los amigos de Peter” son fundamentales. Ambas cuentan con un montón de intérpretes legendarios y, además, sus guiones llegan mucho mejor ahora que tenemos una edad que cuando las vimos con veinte años. La experiencia es un grado. “Diez años después” se mueve en la comedia romántica en lugar del melodrama y también es interesante. “Romy y Michelle” es para mearse de risa, con los rollos que se montan las dos pavas para hacer frente a las inseguridades generadas por la reunión. “Un asesino algo especial”, con John Cusak, también me gustó. Y sobre “Peggy Sue se casó”, poco que decir: una obra maestra con viaje en el tiempo y la búsqueda de segundas oportunidades, dos temáticas que me fascinan. Y para postre todas ellas tienen unas bandas sonoras excelentes, repletas de éxitos atemporales.

Total, que allí nos vamos a ver este viernes, de tiros largos, en un salón de eventos, a menú cerrado. En plan boda. Ellas guapísimas y nosotros feos, gordos y más calvos que el culo de un mandril. Creo que también vendrán algunos profesores, a los que pediré disculpas por algunos de mis comportamientos de entonces. Yo voy un poco como Clark Kent en “Superman III”, con la carrera de periodismo acabada y con gafas, pero sin superpoderes. Mejor, porque espero acabar con los calzoncillos por dentro del pantalón en lugar de por fuera. Nos pondremos al día y bailaremos un rato en un acto netamente nostálgico al ritmo, espero, de la banda sonora de nuestra generación. Canciones de nuestra época, sin importar lo horteras que sean. La música que sonaba en las radios y las discotecas y en aquellas cintas que nos pasábamos.

Íbamos a Tabú y Amadeus, discotecas de la contornada que alternaban el tecno con la pachanga, pero también nos metíamos en locales más punks como Bar o Conflicto. Te podías tomar algo de tranqui en La Fontana, Velvet y Oh! Valencia. Los viernes jugábamos al duro en bares como La Tauleta. Vivimos el auge del bakalao, pero también el pelotazo del rock alternativo e independiente con la explosión de bandas como Nirvana o Smashing Pumpkins. Las camisetas de Metallica o Guns and Roses convivían con las de Depeche Mode, Sonic Youth, Barraca o Chocolate. En castellano triunfaban Héroes del Silencio, El Último y Los Rodríguez. En aquel rincón de las escaleritas donde fumábamos entre clases nos pasábamos casetes con Lagartija Nick, 091, Los Planetas, Lemonheads, Cracker y Radiohead. La franela, los vaqueros rotos y las botas Martens cotizaban al alza.

Y volvemos al ‘qué me pongo’. Martens tengo, pero no me viene nada de lo que hay en el armario. En estos casos siempre bromeo con ir enrollado en una cortina de ducha, pero esta vez va en serio: en Temu he visto algunas muy vestidoras.

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