Programación especial
Los Cines Babel cumplen 30 años en plena madurez física y conceptual
Las históricas salas de València celebran este jueves un encuentro como homenaje a una trayectoria que comenzó en 1996 en los márgenes del cine popular. Un documental con música en directo de Adrián Camáñez repasará los más de 3.000 títulos que se han proyectado en sus pantallas. La nueva gestión de Guillem Beltrán y Leví Navarro han reconvertido este enclave cinematográfico en un contenedor cultural donde caben todas las artes

Miguel Angel Montesinos

Los Cines Babel celebran este jueves su 30 aniversario. Serán 30 años y algunas semanas más, ya que la primera vez que sus salas -tres de cinco- abrieron sus puertas fue el sábado 23 de marzo de 1996, con tres largometrajes en la cartelera: 'Leaving Las Vegas', 'Nelly y el señor Aranaud' y 'Hola, ¿estás sola?'. Con el cumpleaños, los Babel no solo llegan a una madurez reputacional, sino que vive una reforma física y emocional con un rediseño del espacio y concepto, dejando el cine como base pero convirtiéndose en un contenedor cultural. Desde hace meses, en sus salas caben todas las artes con una programación que va más allá de los estrenos, proponiendo actividades para todos los públicos: los de siempre y los nuevos.
En esta nueva etapa vital, los Babel mantienen al socio fundador, Antonio Such, pero se han emparejado con Guillem Beltrán y Leví Navarro, dos referentes consolidados en el sector que decidieron participar en esta nueva etapa mercantil de las salas. Un año y medio después y a falta de ultimar algunos detalles, han logrado darle un nuevo aire a este espacio clave en la ciudad que nació como un espacio para el cine de autor y en versión original y que ahora adaptan esa esencia a los nuevos tiempos, mercados y espectadores.

Primera programación de los Cines Babel el 23 de marzo de 1996. / Hemeroteca Levante-EMV
Este jueves será un cumpleaños pero también un encuentro para agradecer el apoyo de la red de profesionales y público que ha sostenido a la entidad a lo largo de su vida. Como no podía ser de otra forma, se celebrará con la proyección de una pieza documental producida por VELA y CinesBabel, de 27 minutos, que repasará los casi 3.000 títulos que han pasado por estas salas.
Sin embargo, no será convencional, sino que adquiere un nuevo formato: mientras en pantalla se reproducirá el film, el músico valenciano Adrián Camáñez pondrá la música en directo al teclado y al bajo. Camáñez, conocido artísticamente como Revendless, es compositor musical especializado en crear atmósferas y texturas sonoras para todo tipo de proyectos, además de ser miembro de la banda Gazella.
Cambio de imagen con artistas valencianos
Como él, los Babel ha echado mano de otros referentes para esta nueva identidad y rumbo. En el plano físico, la remodelación de los espacios ha estado a cargo de Horma Estudio, un equipo de arquitectos con sede en Russafa, además de Pau Orts en la parte gráfica y su hermano Vicente en el mobiliario junto al artista y diseñador Lebrel. El bar es ahora un espacio gastronómico honesto, donde más allá de las tradicionales palomitas uno puede cenar con tapas y bocadillos valencianos sin pretensiones, pero bien cuidados y supervisados, además de poder comprar libros que suministra a las estanterías la Librería Bangarang.
En este lugar radica también la reforma conceptual del cine. La cafetería está pensada para cumplir con la otra premisa del cine: la social. Más allá de la reflexión, el acto revolucionario de ir a una sala de cine lleva implícita la necesidad de compartir un espacio con más personas, bien sean conocidas y desconocidas, lo que promueve siempre una conversación previa o posterior de lo que se va a ver en pantalla.
Palomitas, Almussafes o Colacao
“Vienes al cine con tus abuelos o con tus padres y después de ver una película te quedas a cenar un bocadillo Almussafes, o te tomas un colacao antes de la sesión matutina que vas a ver. Queremos que sea un lugar de socialización, que se comente la película, porque el cine es un acto social”, defiende Beltrán.
Los Cines Babel celebran su 30 aniversario entre su esencia original y una reforma conceptual / Miguel Angel Montesinos
En esta nueva fase, efectivamente se recuperan las sesiones matutinas del cine, pensando en un público familiar que no quiera ir al cine a un centro comercial, sino que busque otro tipo de experiencia más sencilla y local. A eso se suman actividades como la de este lunes, cuando la poeta Elsa Moreno ha impartido un taller de escritura, pero también con los coloquios programados con Víctor García, director de ‘Altas Capacidades’ o Julia de Paz, directora de ‘La buena hija’.
Para Beltrán, “el público está buscando eventos culturales más allá de la película, que les dé contexto, que les amplíe la información, porque ya no se conforman con ver la película, sino que quieren algo más”, dice. De ahí que la oferta no deje de crecer: para el estreno de ‘La Grazia’, de Paolo Sorrentino, se organizó un coloquio con la profesora de Comunicación Audiovisual de la Universitat de València, Silvia Guillamón, pero también con las prescriptoras de cine Alexia Guillot y Adriana Cabeza (Las entendidas) para comentar ‘La hija pequeña’.
Una cartelera paralela a la cartelera. Una programación que sobrepasa el cine y que propone también las ya consolidadas Powerpoint Party de Álvaro Góngora, una nueva modalidad de encuentros sociales en torno a las presentaciones humorísticas a través del famoso formato de Microsoft.
Nuevos formatos y debates
“También vamos a traer las ‘Listening party’, que consisten en emitir álbumes de música que llevan visuales, como por ejemplo ‘Lux’ de Rosalía. Te sientas en la sala de cine a escuchar tranquilamente un disco y ver en pantalla gigante las imágenes que el artista ha preparado para acompañar su música”, explica Beltrán.
Además, el socio explica que también se ha programado para mayo el festival de posporno, que irá unido a las artes escénicas con espectáculos en las salas por donde la gente podrá entrar y salir. Este festival abordará este género que se basa en un porno respetuoso, donde se prioriza la estética y la intimidad por encima del acto sexual, promoviendo una nueva forma de concebir este tipo de filmes que buscan cambiar la industria desde dentro.
Luis Tosar, Juan Diego y Gutiérrez Aragón en los Cines Babel en 1997. / J. Aleixandre/D. García-Sala/M.Molines
¿El cine está en crisis?
Para embarcarse en esta nueva aventura, fue Leví Navarro quien insistió a Beltrán en llevarla a cabo, pese a las dudas que generaba llevar un cine. Ambos trabajan en la industria e incluso Beltrán es el responsable de la sala más antigua de España, el de La Unió de Llíria, pero asumir el reto de conducir los Babel era diferente. "Soy de la opinión que cree que el cine no va a desaparecer; de la misma manera que Glovo no ha terminado con los restaurantes, las plataformas no acabarán con los cines", defiende, aunque reconoce que cada diez años hay una crisis.
"Primero fue la televisión, después el VHS, el DVD, Internet y luego las plataformas. Hay bajones tremendos, pero se mantiene", explica Beltrán, quien recuerda que en el caso de los Babel es más complejo al dirigirse a un target de público más concreto: se busca calidad y se confía en la marca Babel, por lo que siempre hay espectadores fijos que vieron nacer estas salas y las han visitado a lo largo de estos 30 años.
Programación especial por los 30 años de los Babel
A ese público y al más joven que haya conocido a estos cines más recientemente, los socios han realizado una programación especial con las 30 películas más significativas de la vida de estos cines. No necesariamente las mejores, pero sí las más especiales o las vinculadas de una u otra manera a su trayectoria. Aunque esto forma parte de un juego instalado en las salas para ir adivinándolas, Beltrán elige tres según su percepción: "Creo que me quedo con 'No' de Pablo Larraín, 'También la lluvia' de Iciar Bollaín, que depende de cuándo la veas tiene un significado u otro, y por último 'Kirikú y la bruja', de Michel Ocelot, que la vi de pequeño".
Treinta años después de su apertura, los Babel celebran su resistencia pero también su capacidad de adaptación. Aunque el mercado dicta que el consumo audiovisual tiende a lo individual, las salas clásicas se reivindican como espacios compartidos y de reflexión, donde ver una película sigue siendo una experiencia social y popular.
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