Crítica
Paavo Järvi, por derecho y sin tontería
Tras la decepción de la Orquesta de Cámara de Friburgo, la calidad de sus paisanos de la Deutsche Kammerphilharmonie Bremen devolvió el miércoles el listón de la excelencia al escenario del Palau de la Música.

Paavo Järvi al frente de la Deutsche Kammerphilharmonie Bremen con Jarvi Fujita al piano. / Live Music Valencia

DIE DEUTSCHE KAMMERPHILHARMONIE BREMEN. Programa: Obras de Schubert (Tercera sinfonía), Mozart (Concierto para piano y orquesta número 19, en Fa mayor) y Mendelssohn-Bartholdy (Tercera sinfonía, “Escocesa”). Solista: Mao Fujita (piano).Director: Paavo Järvi. Lugar: Palau de la Música. Entrada: Alrededor de 1.780 espectadores (lleno). Fecha: miércoles, 22 abril 2026
Concierto redondo y sin flaquezas. De Schubert a Mendelssohn-Bartholdy, con Mozart y su poco tocado Concierto para piano número 19 por medio. Después de la (relativa) decepción de la Orquesta de Cámara de Friburgo, el pasado domingo, la calidad pulida y sin fisuras de sus paisanos de la Deutsche Kammerphilharmonie Bremen devolvió el miércoles el listón de la excelencia al escenario del Palau de la Música. Mucho tuvo que ver en ello el laborioso trabajo de su titular desde 2004, el estonio Paavo Järvi (Tallin, 1962), que optimizó la disposición intrínseca de una formación que, sin vacilaciones, hay que situar entre las mejores de su naturaleza.
Schubert transparente, cristalino. Con sus modulaciones sutiles y desarrollos temáticos calibrados con agudo sentido orgánico. De definidas texturas. Cantado sin monsergas estilísticas ni elucubraciones propias de quien no tiene nada que decir. Si en su anterior visita (en abril de 2024, hace exactamente dos años, con María Dueñas), Järvi ofreció una visión de las dos primeras sinfonías demasiado escorada al corazón romántico, ahora acierta de pleno en la Tercera, que entiende e insufla con el aliento y expresión de una manera estética que, cuando Schubert concluye la sinfonía (julio 1815), este tiene ya plenamente adherido a su genio creador.
Schubert vibrante y brioso. Casi extremo. También “optimista y jovial”, como apunta José Miguel Sanz en las notas al programa. También arraigado en su inspiración popular. Todo lo matizó y puso de relieve Järvi en su versión de pronunciados contrastes y anchurosas dinámicas. Encontró en los músicos de la DKB una respuesta sobresaliente y rápida, propia de quien conoce al dedillo ideas y maneras. Schubert por derecho y sin tontería, en el que brilló la armonía entre podio y atriles. Estupendas intervenciones de todos los solistas, con particular presencia del cuarteto de maderas, en el que figura el fagotista benaguacilero Higinio Arrué.
Luego, en la segunda parte, la evocadora sinfonía que es la “Escocesa”, en cuyos cuatro movimientos Mendelssohn-Bartholdy construye, desde presupuestos de evidente raigambre clásica, un “complejo mundo de alusiones y sugerencias a la imaginación en clave romántica”. Todo lo expresaron y reinterpretaron maestro y profesores en una versión luminosa, pero al mismo tiempo tamizada por las grisuras, neblinas y evocaciones del paisaje y cultura escocés que recoge y pinta el compositor hamburgués en la que, pese a su catalogación como “Tercera”, fue la última en ser concluida.
En medio, el japonés Mao Fujita (Tokio, 1998), que ya había dejado constancia de su alcurnia pianística en el Palau de la Música en enero de 2025, cuando actuó en trío junto con el violinista Renaud Capuçon y el violonchelista Kian Soltani, fue perfecto e impecable intérprete del Concierto para piano en Fa mayor, numero 19, de Mozart.
Sin la magia expresiva de una Pires o un Perianes; sin el talante rompedor de un Gulda, o el vuelo risueño de un Serkin, el Mozart de Fujita es genuino y propio. Rezuma honestidad y lealtad, y se apoya en un impecable dominio técnico que él pone al servicio de su versión. Su sonido no es particularmente grande ni poderoso, pero rezuma seriedad, criterio y verdad.
Honestidad, fidelidad a la partitura y genio. No es poco en un tiempo en el que en la devaluada escena pianística abundan payasos, chiquilicuatres, charlatanes, embaucadores y especies similares. En este sentido, Mao Fujita está más cerca de Pires, Perianes, Gulda o Serkin, que de Lang Lang, Buniatishvili, Valentina Lisitsa y otros especímenes. Cerró su actuación exitosa y sin demagogias con el regalo precioso y fuera de programa de la españolizada Serenata de Rajmáninov, quinta de las Cinco piezas de fantasía, opus 3 que compone en 1892, con solo 19 años.
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