Obra
Chema Madoz, fotógrafo: "Las imágenes creadas con IA son sorprendentes, pero les falta el alma"
El artista, que siempre busca con sus imágenes "trabajar con unos códigos que sean accesibles tanto para mí como para el espectador", reconoce como la fotografía "me ha servido para establecer vínculos y relaciones con la gente más dispar de cualquier país"

El fotógrafo Chema Madoz que expone sus imágenes en el Centre del Carme en la exposición 'Letra y Compás'. / María Antonia García

Toda una 'poesía visual'. Esas podrían ser las palabras que mejor definen la obra de Chema Madoz (Madrid, 1958), fotógrafo y artista. Desde febrero y hasta mayo, esa identidad queda plasmada en el Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC) de València a través de su exposición 'Letra y Compás', compuesta por 50 fotografías en las que une la literatura y la música, dos ámbitos que "me han interesado especialmente". Con una extensa trayectoria que le valió el Premio Nacional de Fotografía en el año 2000, ve en "dejarse sorprender" el secreto para mantener la inspiración alrededor de una fotografía que está viviendo un momento "con muchos cambios dentro de todo lo que tiene que ver con la técnica".
‘Letra y compás’, su exposición en el Centre del Carme, combina esos objetos cotidianos con la música. ¿Ha sido una forma de unir pasiones en una sola muestra?
La idea era un poco reunir imágenes que tuvieran un nexo común entre ellas, que en este caso ha sido la literatura y la música. Hay objetos cotidianos, animales, partituras, libros, etc. Elementos que tienen una relación directa con lo que estamos hablando y otros que se relacionan de una manera más como un circunloquio. La música y los libros siempre han sido géneros, si se pueden llamar así, que me han interesado especialmente. Un poco por el interés que suscita, porque me gusta mucho la literatura y con la música también viene a ocurrir algo parecido.
Como fotógrafo, ¿qué es lo más difícil de convertir esos elementos cotidianos en un arte bello con un nuevo significado?
Tal vez es el concepto, la idea, el ver cómo establecer esa relación. Una vez que tienes el vínculo, la realización es sencilla en la medida en que estás utilizando los códigos más ortodoxos de la fotografía. Son objetos con los que yo trabajo, manipulo, hasta que tienen algo que está cercano a la instalación, a la escultura. Y luego simplemente la fotografía lo que hace es registrarlo. Si no tengo una idea de por dónde voy a trabajar o por dónde voy a abordar el objeto, no voy al estudio. Voy cuando la imagen de alguna forma está ya en mi cabeza.
¿Un artista sin esa idea clara es imposible que transmita?
Puede transmitir, pero otra cosa es que se entienda. Algo que intento con mis imágenes es trabajar con unos códigos que sean accesibles tanto para mí como para el espectador y que de alguna manera sepan o intuyan de qué se está hablando. De ahí el que sean también objetos cotidianos, porque todos tenemos una relación con la gran mayoría de los que aparecen en las fotografías. Y esa familiaridad ya nos hace acercarnos con otros ojos y descubrir en ellos aspectos inéditos o que habíamos intuido, pero no habíamos llegado a materializar en nuestra cabeza. Siempre tiene una parte de asombro, de sorpresa, que los hace atractivos.
Y además, siempre en blanco y negro. ¿Qué es lo que le ha atraído para que sea ese elemento identitario de su obra?
Que es un territorio que se distancia de la realidad, como los mismos objetos. En color tienes una relación muy estrecha con el día a día y todo aquello que tienes en tu entorno, mientras que con el blanco y negro lo llevas a un territorio que tiene que ver más con la representación. Es más ambiguo. Y creo que todos somos conscientes al ver una imagen en blanco y negro de que se está haciendo una alusión, que no es una realidad pura y dura.

Una de las fotografías de la exposición de Chema Madoz en el Centre del Carme. / Juan Peiró/Consorcio de Museos
Su obra evoca a veces a corrientes artísticas, pero a la vez es minimalista y única. ¿Qué etiqueta le pondría?
Las fotografías, una vez que has visto una exposición, creo que es fácil que cuando veas imágenes nuevas o diferentes puedas asociarlas. Hay una serie de constantes que se repiten, como la manera de trabajar este minimalismo al que hay esa alusión, pero que tiene influencias de campos y de géneros muy diferentes y distintos. Es el propio lenguaje el que hace reconocibles las imágenes, con fondos la mayoría de las ocasiones claros, con contrastes, con cierto grafismo.
"Pararte a mirar las cosas"
Tiene una trayectoria vital amplia y varias décadas de carrera, ¿cómo encuentra aún hoy su inspiración?
Dejándome sorprender y ayudado también por la propia idea de contemplación, de pararte a mirar las cosas. Hay algo de tener que desaprender lo aprendido e intentar mostrarte abierto para captar todas esas intuiciones que están en todos y cada uno de esos objetos y que muchas veces, por el hecho de saber para qué sirven, pues dejamos de prestarles atención. Creo que la única diferencia es que me fijo y presto atención a cosas que generalmente pasan desapercibidas.
Es reconocido en varios continentes, con exposiciones de sus obras que han ido de Japón a Rusia o Houston. ¿El arte entiende de barreras geográficas?
Por mi experiencia, soy un absoluto desastre con las lenguas y curiosamente el arte de la fotografía me ha servido perfectamente para establecer vínculos y relaciones con la gente más dispar de cualquier país. Da lo mismo al lugar que vayas, que todo el mundo se hace cómplice. En estas imágenes se entiende el sentido del humor, la ironía. Es muy reconfortante en ese sentido.
Y yendo más a España, ¿cómo ve el horizonte de la fotografía aquí?
No tengo una visión genérica porque muchas veces tu propio trabajo te aisla un poco de lo que es el propio entorno artístico. Pero estamos viviendo un momento, no diría revolucionario, pero sí con muchos cambios dentro de todo lo que tiene que ver con la técnica. La fotografía digital, la inteligencia artificial… está el ambiente tan removido que es difícil dar una opción certera de por dónde va a ir todo esto. No nos queda otra que vivirlo y seguir tirando adelante y manejándote con las herramientas nuevas que van saliendo.
IA, un lenguaje todavía por "madurar"
Ha hablado de la IA. Cada vez más se ven más fotos ‘fake’ creadas por ella. Como fotógrafo, ¿le preocupa que esa mentira opaque la realidad?
No me preocupa especialmente, al menos por las cosas que he podido ver hasta el momento. Creo que está es un momento todavía muy temprano y su lenguaje tiene que madurar. Está explorando un poco sus propias posibilidades y la mayoría de las veces son imágenes sorprendentes, pero a la que les falta el concepto, la idea, el alma. Es como un juego. Aunque supongo que con el paso del tiempo también irá cambiando.

La exposición de Chema Madoz en el Centre del Carme. / Centre del Carme
En un momento de guerra, de extremismos o de movimientos reaccionarios. ¿Considera que la fotografía debe cobrar aún más importancia como herramienta de defensa ante las injusticias?
No sé. Desde luego lo que sí se ha roto es la relación entre fotografía y realidad y testimonio. De contar lo que está ocurriendo. Hasta hace pocos años, aquello que aparecía en una fotografía era como algo indiscutible, mientras que ahora pues evidentemente las cosas se han dado la vuelta. Supongo que siempre nos quedarán maneras de dilucidar si la imagen es real o está realizada con técnicas más novedosas. Y nos toca convivir con ello. Pero curiosamente, lo que es llamativo es que con todo este totum revolutum que tenemos, de alguna manera la fotografía todavía siga conservando cierto prestigio.
Fue Premio Nacional de Fotografía en el año 2000. Un cuarto de siglo después, ¿hacia dónde mira el futuro de de Chema Madoz?
En un par de semanas inauguro una exposición en Madrid, en mi galería y con Elvira González, que recoge fotografía realizada en estos últimos meses. Y luego para septiembre u octubre inauguraré también aquí, en la Sala Canal de Isabel II, una revisión del trabajo de los diez últimos años. Ahora mismo estoy trabajando un poco en todo eso.
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