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Feria de Abril

Román, una faena modelo a un Miura en Sevilla

El torero de Benimaclet realiza un gran faena rebosante de decencia, rigor y torería al ejemplar de Miura que mejor y más bien embistió, de nombre 'Lamparillo'

El torero valenciano Román, ayer en Sevilla.

El torero valenciano Román, ayer en Sevilla. / Europa Press/Joaquín Corchero

Jaime Roch

Jaime Roch

València

Sobre las 12 del mediodía del sábado llegaba Román a Sevilla por la calle Reyes Católicos con la sonrisa del que estrena nuevo coche. Y así era, a la ilusión de volver a hacer el paseíllo en la Maestranza, el torero valenciano pilotaba su nuevo Land Rover, tan grande como los miuras que estoqueó al día siguiente.

Y es que qué plaza tan enigmática es la Maestranza de Sevilla, que hasta el último día de feria embistieron los toros para redondear una buena feria -la primera de José María Garzón-, con grandes animales lidiados cada día. Un legado de tauromaquia tan caudaloso como interminable que crece cada año que la visitamos para alimentarnos de ella en busca de esa revelación, una verdad surgida con fuerza imparable en su ruedo. El milagro del toreo.

Torera verdad

Ese milagro se vio este domingo, de buen toreo a cargo precisamente de Román, quien ofreció una faena llena de torera verdad por medio de un procedimiento expositivo rebosante de decencia, rigor y torería frente al ejemplar de Miura que mejor y más bien embistió, que sí se entregó y tuvo duración en la muleta.

Se llamaba ‘Lamparillo’, cárdeno oscuro, de espectacular morfología. Un tren de mercancías de 600 kilos que tuvo tanta bonanza como bravura, una manera única de humillar y repetir. Por todo eso, por su son y su nobleza, fue un toro singular, de entrega bien definida desde el inicio.

Sin concesiones a la galería, y sin una sonrisa de más, Román se dedicó a torearlo muy seriamente. La faena de la tarde (y también una de las de la feria). A base de suavidad y temple, y logrando que le enganchara muy pocas veces el engaño, el espada del barrio valenciano de Benimaclet fue limando los defectos del toro y metiéndole en la muleta. De esa manera, los pases tuvieron una buena profundidad y un temple no menos grande primero a derechas y luego a izquierdas.

Gran derechazo de Román al toro de Miura, ayer en Sevilla.

Gran derechazo de Román al toro de Miura, ayer en Sevilla. / Europa Press/Joaquín Corchero

Así que toreó también muy a gusto por el lado izquierdo, a base de esperarlo, de dejar la muleta puesta y empujar hacia delante esas largas embestidas del Miura, con ya con la lógica de experto. Fue un trasteo a más e intenso al natural, sobre todo en una última tanda de gran nivel, en un claro síntoma de que Román lo está viendo claro, sobre todo, después de iniciar su nueva andadura al lado del también matador de toros Luis Bolívar.

Buena faena de Román por su excelente contenido técnico y artístico con un toro que no entraba en cálculos.

Pero la espada -¡maldita espada!- se volvió a llevar el triunfo… como tantas otras veces. Pero esta vez en Sevilla, con un toro bien toreado, con los sones de ‘Juncal’ de la banda del maestro Tejera… El hecho es evidente y resulta poco menos que desconsolador que, a estas alturas, el espada valenciano tenga como asignatura pendiente la estocada. Esos triunfos no se pueden ni se deben de ir.

La dimensión

Porque todo lo hizo bien y mejor con ese toro. Todo, salvo matar. Tres vaporosos pinchazos al paso… dejaron sin orejas una faena de soberana autoridad.

Aunque lo más importante es la dimensión de Román, quien tuvo al animal en la cabeza desde que le paró los pies con las bambas del capote, para realizar una faena modelo: gobernado a ley en todo momento, traído y sacado a tiempo del embroque. El terreno, las querencias, la siempre distancia al toro, los pasos que hubo que perderle para desengañarlo, los toques a punto para encelarlo, la forma de librarlo en línea sin soltarlo.

Tampoco deberíamos de que olvidar su faena al sexto, llena de valor frente al toro más peligroso del encierro de la legendaria ganadería. A este sí le enjaretó un gran volapié. Cosas del destino.

Ver toros en Sevilla es un regalo de Dios, de la vida o del mismo universo. Una plaza prendida de apasionamiento y conmovedora hermosura para sentir y vivir el toreo que ha completado una Feria de Abril con la plaza llena con el ‘No hay billetes’ en su mayoría de tardes, la mayor y más tranquilizadora esperanza para el futuro del toreo.

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