El futuro de los festivales de Les Arts queda en manos de otro juez tras una comisión de servicios del que dictó la sentencia
Los residentes se enfrentan a la Generalitat y solicitan al juzgado que impida la celebración de los eventos incluso si cumplen la normativa acústica

Todas las fotos de la primera jornada del Bigsound / M.A. Montesinos

La batalla judicial en torno a los festivales y actividades musicales en la Ciutat de les Arts i les Ciències se adentra en una nueva fase marcada por la incertidumbre y el choque frontal de posiciones. Los vecinos afectados por el ruido han solicitado al juzgado que no permita a la Generalitat ni a la empresa pública CACSA mantener estos eventos, ni siquiera en el caso de que cumplan con la normativa acústica vigente.
En un extenso escrito de alegaciones presentado ante el tribunal, los residentes, representados por el abogado Andrés Morey, se oponen de forma contundente al intento de CACSA de “salvar” el Festival de les Arts, el BigSound o la terraza de l'Umbracle mediante un plan de control de ruido planteado tras la sentencia. En términos jurídicos, solicitan la inadmisión o desestimación del incidente de ejecución promovido por la empresa pública, con imposición de costas, al considerar que esta vía no es procedente.
Mientras tanto, la Generalitat y CACSA han mantenido reuniones entre el martes y el miércoles con los promotores del Festival de les Arts y del BigSoundpara trasladarles que su postura sigue siendo que los eventos se celebren, pero siempre respetando el límite de 85 decibelios fijado por la normativa. Sin embargo, esta posición sitúa a los organizadores en una situación compleja, ya que el sector considera que ese umbral dificulta seriamente la viabilidad de festivales de gran formato en la Ciutat de les Arts, pero también le complica a los promotores a nivel contractual con artistas y con el público que ya tiene sus abonos comprados justificar el traslado de los eventos a otros espacios.
Cambio en el juzgado
En este contexto, y tal como ha publicado Levante-EMV, el BigSound tiene muy avanzadas las negociaciones para trasladarse al Parc Central de Torrent, aunque oficialmente mantiene como sede el entorno del Palau de les Arts. En cambio, el Festival de les Arts insiste en que, por el momento, no contempla alternativas fuera de la Ciutat de les Arts i les Ciències. Sí parece más probable que los festivales de día más pequeños -el Love the 90's y el I Love Reggaeton- se acaben realizando en otros espacios como el estadio Ciutat de València o La Marina.
Para añadir más incertidumbre, el magistrado que firmó la sentencia se ha retirado en comisión de servicios recientemente, lo que ha provocado un relevo en la Sección de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal de Instancia de Valencia (plaza 8), cuya nueva titular será ahora la encargado de resolver los próximos movimientos en la ejecución del fallo.

Fernando Bustamante
Será el nuevo juez o jueza quien tenga que adoptar una decisión que será determinante. Si da la razón a los vecinos, podría inadmitir o rechazar el incidente de CACSA, reforzando la tesis de que los festivales no pueden celebrarse en ese emplazamiento si existe riesgo de nueva vulneración de derechos. En caso contrario, podría abrir la puerta a un marco de condiciones técnicas, aunque siempre bajo el límite de no contradecir el fallo judicial.
Cabe recordar que tras la sentencia que concluyó que el Ayuntamiento de València había vulnerado los derechos fundamentales a la intimidad y a la integridad moral de los vecinos por el ruido derivado de festivales y actividades de ocio en el complejo cultural y le obligaba a adoptar medidas para “imposibilitar definitivamente” la vulneración de esos derechos, CACSA planteó un incidente de ejecución para que el juzgado aclarase o permitiese mantener la actividad musical siempre que se respetasen los límites acústicos y se acrediten medidas técnicas de control. Sin embargo, los vecinos sostienen que esta iniciativa no busca ejecutar la sentencia, sino alterarla en la práctica.
Los argumentos vecinales
Así, uno de los ejes centrales del escrito es la improcedencia de esta vía procesal. Los demandantes argumentan que la sentencia aún no es firme, ya que cabe recurso de apelación, por lo que -según su interpretación- no puede tramitarse un incidente de ejecución ordinario que solo puede ser solicitada por las partes favorecidas por la sentencia, condición que, a su juicio, ostentan exclusivamente los vecinos y no la Generalitat ni CACSA.
Además, subrayan que el artículo 109 permite resolver cuestiones prácticas de ejecución -como plazos, medios o el órgano responsable- pero en ningún caso “contrariar el contenido del fallo”. Desde esta perspectiva, consideran que CACSA no está pidiendo una aclaración técnica, sino una reinterpretación sustancial que permitiría continuar con actividades que la sentencia, en la práctica, obliga a impedir.
Otro de los argumentos fundamentales del escrito es que la resolución judicial exige un resultado concreto, no meras medidas de control. Los vecinos insisten en que la obligación impuesta al ayuntamiento es garantizar que no vuelva a producirse la vulneración de derechos fundamentales, lo que, en su opinión, no se logra simplemente con sonómetros, limitadores o planes acústicos. “No se trata de prometer cumplimiento, sino de asegurar que la vulneración no se repite”, sostienen en esencia.
En esta línea, rechazan también que el juzgado deba evaluar o validar los planes técnicos que puedan presentar promotores de festivales o responsables de espacios como l'Umbracle. Consideran que esa función corresponde a las administraciones competentes -ayuntamientos y Generalitat- en virtud de la normativa autonómica sobre contaminación acústica, y que trasladarla al juez supondría desnaturalizar su papel y convertirlo en una suerte de autoridad administrativa o técnica.

LOVE OF LESBIAN INCENDIAN EL LES ARTS / Fernando Soriano
No reabrir el debate
El escrito invoca además principios básicos del ordenamiento jurídico para reforzar su posición. Entre ellos, el de que las sentencias deben ejecutarse en sus propios términos y la imposibilidad de modificar el contenido de las resoluciones una vez firmadas. En consecuencia, advierten de que la ejecución no puede servir para reabrir el debate ni introducir soluciones nuevas que no fueron objeto del proceso judicial.
Otro punto clave es que, según los vecinos, el Ayuntamiento de València ya habría dado cumplimiento a la sentencia mediante resoluciones dictadas el 31 de marzo y el 23 de abril de 2026, en las que ordena el cese o prohibición de las actividades que vulneren los derechos reconocidos. Este hecho, sostienen, refuerza la improcedencia del incidente de CACSA, ya que no tendría sentido abrir una vía paralela para mantener los eventos cuando la administración municipal ya ha optado por su prohibición o restricción.
Los vecinos recuerdan que durante años se han aplicado medidas de control que no han evitado la superación de los niveles de ruido, por lo que dudan de la eficacia de nuevos compromisos basados en el autocontrol de promotores o gestores. Además, introducen un matiz relevante: el problema no es únicamente el ruido emitido en el recinto, sino el nivel de inmisión en el interior de las viviendas, que es el que determina la vulneración de derechos fundamentales.
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