Fuera de compás
El blues del autobús
Hablar de autobuses en la iconografía rock es acudir inmediatamente a la gira, la excitación de tocar cada noche en una ciudad, haciendo más kilómetros que el baúl de la Piquer.

Paul y Linda McCartney con el autobús de la gira de The Wings. / L-EMV

De un año a esta parte no estoy demasiado contento con la EMT. Mucha maniobra pirulera, y no me refiero a las propias de la conducción. Autobuses semi vacíos que pasan de largo con la parada atiborrada de viajeros para ajustar no sé qué horarios, frecuencias insuficientes en tramos horarios comprometidos, vehículos fuera de servicio en horas punta y vehículos articulados que se convierten en sencillos cuando debería ser al contrario. O cuando pasan dos seguidos y el tercero tarda una eternidad en aparecer. Algunas de las decisiones de la empresa son tan absurdas que algunos conductores, que casi siempre hacen más de lo que deben, se rebelan contra ellas (a costa de un buen puro) en beneficio del usuario. Conozco a media docena.
Hablar de autobuses en la iconografía rock es acudir inmediatamente a la gira, la excitación de tocar cada noche en una ciudad, haciendo más kilómetros que el baúl de la Piquer. El asunto se convierte en algo tedioso, agotador y decepcionante en muchos casos, sobre todo cuando no acabas de dar esa campanada que te permite alojarte en hoteles fetén o alquilar un avión con camas, barra de bar, biblioteca, órgano y chimenea como el Starship de Led Zeppelin.
Los Wings de Paul McCartney se movían por Europa en uno de dos pisos, pintado y amueblado convenientemente. Johnny Cash tenía el ‘JC Unit One’, muy confortable, pero el que se llevaba la palma en esto de vivir en la carretera como un señor era Willy Nelson, que llegó a tener cuatro de estos espectaculares vehículos bautizados con nombres bien pintorescos. Bob Marley and The Wailers le hicieron un pequeño homenaje al suyo en la portada de su álbum en directo “Babylon By Bus” con un diseño muy molón, troquelado y con fotos intercambiables. Miguel Ríos convirtió ese tipo de vida, llena de cansancio, tensiones y añoranza de una vida con cama de verdad, en “El blues del autobús” para la histórica gira Rock and Ríos.
Los ciudadanos de a pie que dependemos del transporte público para menearnos de manera sostenible y más o menos fiable por la ciudad no gozamos de estas experiencias. Como mucho aspiramos a llegar a nuestro destino con una puntualidad medianamente aceptable y de una pieza. Cada vez está más complicado, no se crean, con la explosión demográfica, las nuevas dinámicas de circulación y la masificación del turismo. Somos más que nunca y parece que siempre faltan autobuses. Lo mismo que educación. Aquello de la urbanidad y las buenas costumbres. Hordas de forasteros asaltan los convoyes camino de la playa o del Bioparc, intentando subir por las puertas de salida para saltarse la cola. Los aborígenes van copiando las maneras, no se crean. Nadie cede el asiento, nadie pasa al fondo del autobús, unos no pagan, otros vapean. Los hay que ocupan dos butacas con sus pinreles, que videollaman a gritos o que regalan al resto del pasaje emotivos fragmentos de telenovelas a todo volumen o música folclórica de muy variadas geografías.
En todas partes cuecen habas. Lo que narra ‘Weird Al’ Yankovic en “Another Rides The Bus” no nos extraña en absoluto. En una tremenda parodia de la canción de Queen el gachó, armado con un acordeón, da cuenta de un trayecto modelo en una ciudad cualquiera del mundo. Sobacos putrefactos, cuescos hediondos, eructos sonoros, codazos dolorosos, inquietantes invasiones del espacio personal, ventanas que no se abren, aires acondicionados que no funcionan… y el chofer parando en todas las marquesinas cuando en el bus no cabe ni una queja más. Lo de Violent Femmes en “Waiting For The Bus” también nos suena: retraso, impaciencia, lentitud, la peña berreando fuera de sí para que abran la puerta y dificultades para pagar el trayecto con el abono pese a llevarlo cargado de viajes. En este sentido, la visión que ofrece Divine Comedy sobre el particular en la gloriosa “National Express” posee una ironía tan fina que es para enmarcar.
El amor, que todo lo vence, también se manifiesta bajo estas circunstancias. No se pierdan “Bus Stop” de los Hollies porque es caramelo puro. La historia de un enamoramiento bajo la lluvia con un paraguas de muleta y un final feliz, compuesta por Graham Gouldman, nada menos. En “Kiss Me On The Bus” los Replacements inciden sobre la dulzura de los besos de autobús, solo superada por los de ascensor, según tengo entendido. Por el contrario, a Paco Clavel le producía taquicardia encontrarse con su amor platónico e inconfesable en el autocar. Tanto que se tenía que fumar un piti al bajar para apagar la frustración de no pillar cacho. Ay, frustración y autobuses. Lo raro es que no volquemos uno de vez en cuando.
- Los pisos se venden con un descuento de 50.000 euros en València por la caída a plomo de las ventas
- La Conselleria de Educación deja fuera de la propuesta a los sindicatos el aumento salarial y los convoca de nuevo el lunes
- Más de 1.200 miembros de direcciones de centros se plantean dimitir en bloque en apoyo a la huelga
- Cientos de profesores se plantean poner un 10 general en 2º de Bachillerato frente a las críticas del Consell
- La consellera de Educación dice que llevará a la mesa el lunes una propuesta salarial 'en función de las posibilidades que hay
- El Gobierno pedirá licencia próximamente para levantar 280 viviendas en el viejo Cuartel de Ingenieros de València
- La protesta del sector del taxi y la huelga educativa auguran un colapso de tráfico en València
- La Policía Nacional detiene a cinco miembros de un clan por tráfico de drogas en Xirivella entre vítores de los vecinos