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Música

Carles Chiner vuelve a los escenarios tras la disolución de Gener: “El veneno seguía ahí”

El músico valenciano regresa este jueves en concierto con AnimalPersona, su nuevo proyecto, para presentar "Bestiari", un disco atravesado por la presencia, la memoria y el vértigo del algoritmo.

AnimalPersona, el nuevo proyecto de Carles Chiner.

AnimalPersona, el nuevo proyecto de Carles Chiner. / L-EMV

Voro Contreras

Voro Contreras

València

Cinco años después de disolver Gener, una de los grupos de referencia del pop valenciano de la última década, Carles Chiner vuelve a ponerse al frente de una banda. No es exactamente un regreso, porque nunca se fue del todo. Tras aquella ruptura, que admite que «no fue una cosa bonita», se encerró en casa, grabó tres discos y los publicó sin apenas promoción ni energía para convertirlos en un proyecto escénico. «Fue una parada de hacer escenarios, pero no paré de hacer música», explica.

Durante ese tiempo, Chiner colaboró también con su amigo Sergio Pastor y tocó la guitarra en su banda, Pastore. Aquel paso lateral acabó siendo fundamental. «Me hizo ver que me estaba faltando eso, el escenario, que el veneno seguía ahí». Y así nació AnimalPersona, el proyecto eléctrico cuyo primer disco, Bestiari, presenta este jueves en la Sala Jerusalem.

A Chiner le acompañan dos antiguos compañeros de Gener, Enric Alepuz y Vicent Todolí, junto a Carlos Soler y Samuel Reina. De Gener también provienen la querencia soulera, el pop, los aires mediterráneos y las armonías cuidadas; incluso el nombre procede de una canción de aquella banda. Pero Chiner necesitaba otro marco, un “traje» nuevo que le vista en cualquier ocasión. «Ahora voy a defender el disco con una banda, pero el siguiente puede ser a piano y voz. AnimalPersona me permite ser yo y experimentar hacia los lugares donde la vida me lleve». La metáfora del traje le sirve a Chiner para explicar con cierto humor negro que AnimalPersona ha venido para quedarse: «Me gustaría que fuera el traje con el que algún día me entierren».

Alas y cuchillos

El primer single de Bestiari, “True Crime”, contiene una imagen que resume el universo músical y lírico de Chiner: un ángel con alas de terciopelo y un cuchillo en el corazón. Su música siempre ha tenido algo de caricia y amenaza, una calidez de soul atravesada por letras que miran a la incomodidad. «No me interesa tanto argumentar como plantearme dudas», dice. Para él, componer es «asumir el misterio que es la vida», y por eso prefiere «las canciones que se parecen a sueños» antes que «las que se parecen a discursos».

AnimalPersona es, en definición propia, «un pobre mamífero tratando de inventar un lenguaje que esquive el algoritmo». Bestiari está atravesado por la tensión entre el mundo real y el mundo virtual que se asoma en canciones como “L’horror còsmic de cada dia” y “El mon feliç”. «Estoy especialmente preocupado por esa deriva en la que la velocidad de consumo de imágenes nos está mareando e impide disfrutar de estímulos reales muy pequeños pero importantes». En ese mapa musical aparecen «presencia, ausencia, virtualidad y raíz» como puntos clave.

La realidad más cruda asoma en “Cavallons”, una canción que define como “un western de l’Horta Sud” y que dibuja a un personaje reconocible en cualquier pueblo valenciano. «Ese tío que todavía está soltero con cuarenta años, que ha heredado el campo de sus padres y que se hace cuatro rayas de ‘farina’ antes de ir a labrar. Un hombre que de alguna manera vive en el filo del abismo personal». La canción incluye un verso de amenaza latente: «Afilando el filo porque cree en tiempos peores». Chiner lo relaciona con el presente político sin convertirlo en sermón: «Todos sabemos que este tipo de personajes está esperando que pase lo peor para coger una escopeta y hacer lo que en el fondo siempre ha querido hacer».

"Soy un pesimista entusiasta"

¿Es el "animalpersona" una criatura pesimista? Chiner prefiere definirse como «una especie de pesimista entusiasta». «Cuando me empeño en algo tengo mucha energía para perseguirlo obsesivamente. Pero hay también una parte de mí que me dice: tío, no te subas a las nubes, acuérdate de la toma a tierra». Tras la experiencia agridulce de Gener, su entusiasmo «ya no tiene que ver con tocar en tal o cual festival, sino con crear una buena noche para los amigos que tocan conmigo y para el público, vengan 40 o 4.000 personas». Lo esencial es «lo que esté pasando ahora» y no «la proyección de lo que ha de venir».

La edad, la paternidad y cierta tranquilidad vital también le han ayudado a cambiar la perspectiva. «Tengo tres hijos, la vida hecha, me gano la vida a veces con la música y a veces con otras cosas, pero por suerte tengo la tranquilidad de saber que mi techo musical ya lo he tocado y no me importa que esté más alto». "Tots els colors del verd” es su canción preferida del disco porque “habla de cosas bonitas» y nace de una obligación moral íntima: «Cuando tienes hijos tienes el deber de buscar las mejores cosas del mundo para ponerles palabras y dárselas». La canción contrasta la infancia más libre de su generación con la de unos niños atrapados por las pantallas, pero no cae en la nostalgia amarga. «Nuestra infancia fue más libre porque las tardes largas de aburrimiento eran el terreno más fértil para las pasiones». Pero cuando ve a sus hijos jugar en el campo o en casa de sus suegros persiguiendo a las gallinas, vuelve a sentir “ese optimismo de ver que ellos también son capaces de ser felices».

"No hemos invitado el mundo"

Chiner añora “muchísimo” esa tardes de aburrimiento “en la que escuchabas a alguien tocar la guitarra y descubrías que tú también podías hacerlo». Cree que la hiperestimulación de las redes ha sustituido el vacío productivo por un ruido permanente. «Estamos llenando el tiempo con cosas que hacer, mirar y pensar, y eso seguro que es nocivo para el cerebro». Por eso, canciones como “Presència” hablan de la dificultad para “estar” de verdad. «Cuando tienes tantos inputs, lo primero que desatiendes es lo que tienes más cerca y quedas a merced de cualquiera que quiera hurgar en tu cerebro con el algoritmo».

“Pecat original”, otra de las grandes canciones de Bestiari, habla de fango, cañas y barrancos porque nació en el tiempo de la dana. Picassent, el pueblo en el que vive Chiner, fue «una especie de atalaya, un privilegio chungo» cuyo alrededor quedó destruido. «La canción habla del zeitgeist, del viento de los tiempos, de esa incapacidad para aprender que la vida cada día se acaba y vuelve a comenzar» y de una humanidad demasiado pendiente de marcar posición. «No soy creyente, pero sí creo que hay virtudes en la mirada compasiva, empática, de ponerse en la piel de quien no piensa como tú».

«Hemos perdido humildad justo cuando más vulnerables somos», se le plantea. Y él no duda: «Absolutamente. No nos damos cuenta de que no hemos inventado el mundo ni podemos arreglarlo en un día». Por eso AnimalPersona no llega como una refundación grandilocuente, sino como una forma de volver a tocar tierra. Un traje nuevo para canciones viejas y nuevas, para los escenarios recuperados y para ese animal frágil que, pese a saber que es mortal, no puede evitar acelerar el paso.

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